Teatro

El mundo de la cultura arropa a Paco Bezerra en la lectura de su obra censurada por la Comunidad de Madrid

Pedro Almodóvar, Luis García Montero, Marisa Paredes y Alfredo Sanzol ovacionan al autor en la lectura dramatizada de 'Muero porque no muero'

El mundo de la cultura arropa a Paco Bezerra en la lectura de su obra censurada por la Comunidad de Madrid
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Marta García Miranda

Seis meses después de ser suprimida de la programación de los Teatros del Canal, seis meses en los que su autor ha acusado de forma ininterrumpida a la Comunidad de Madrid de injerencia política y de ejercer la censura sobre su obra, seis meses en los que la Consejería de Cultura de Marta Rivera de la Cruz apenas ha balbuceado torpes explicaciones sobre su decisión, y los mismos seis meses en los que ha permanecido en silencio la directora de los teatros, Blanca Li, mientras aumentaban las voces de protesta y las muestras de apoyo a Bezerra desde el mundo de la cultura. Seis meses después, la obra Muero porque no muero (La vida doble de Teresa) del dramaturgo Paco Bezerra ha subido por primera vez a escena en una lectura dramatizada en la Sala Berlanga de Madrid, organizada por la Fundación SGAE, que concedió a la obra el XXX Premio Jardiel Poncela de teatro.

“Esta obra, cuya fecha de estreno estaba prevista para enero de 2023, tendría que estar ensayándose en estos momentos”. Con estas líneas en pantalla comenzaba esta lectura protagonizada por una Teresa de Jesús polifónica interpretada por cinco actrices de trayectoria y talento imponentes -Julieta Serrano, Nathalie Poza, Aitana Sánchez-Gijón, Ana Belén y Gloria Muñoz-, vestidas de negro y sentadas frente a un atril en una puesta en escena sobria y minimalista, dirigida por Matías Umpierrez y con música de Luis Miguel Cobo.

La cinco, dando voz a una santa, poeta y escritora que, en su regreso al presente, será indigente, heroinómana, prostituta, monologuista, okupa y DJ en una lectura que inauguraba Julieta Serrano relatando el momento en que Teresa pierde la vida y su cuerpo es desmembrado “en la noche más larga de la historia”. Cuarenta y dos monólogos después y con un patio de butacas atravesado por la emoción, las cinco actrices cerraban la lectura de pie, inmóviles sobre el escenario, mientras sonaba música electrónica y observaban en pantalla la frase de Teresa: “El que quiere conseguirlo todo, debe renunciar a todo”. Y el público, en pie durante minutos.

Muy emocionado antes y después de la lectura, Paco Bezerra declaraba a este diario que esta lectura de su obra tenía la vocación de ser “un tiro al aire, una forma de decir que estamos aquí, como una especie de bengala para que nos vean todos aquellos que intentan derribar nuestro trabajo, atropellar la libertad de expresión y promover que vengan esas nubes oscuras que ya están sobre Madrid. Hay, claramente una amenaza y esto es un tiro al aire para despejarla".

"También es”, explicaba el dramaturgo, “una respuesta a Marta Rivera de la Cruz, que dijo que no le había llamado por teléfono ningún profesional de las artes escénicas para quejarse, y no la han llamado ni la van a llamar porque ella no es una señora feudal. No hay que llamarla porque si la ciudad está ardiendo, es ella la que tiene que estar atenta y mirar por la ventana para saber qué hacer. Esta lectura de hoy de la obra es esa llamada que pedía Marta Rivera de la Cruz al mundo del teatro”.

Matías Umpierrez, director de esta lectura y de la puesta en escena original suprimida de la programación de los Teatros del Canal, admitía también la enorme carga simbólica de este acto en “un contexto que nos tomó por sorpresa porque hablar de censura a estas alturas de la democracia parece anacrónico. Creo que este lamentable gesto de silenciamiento institucional y político ha despertado a la comunidad teatral y al público creando una enorme corriente de empatía, valentía y efervescencia en nuestro sistema cultural”.

Una efervescencia que también ha recorrido el patio de butacas de la Sala Berlanga, en un acto al que han asistido personalidades del mundo de la cultura como Pedro Almodóvar, que declaraba: “Estoy aquí porque estoy en contra de cualquier tipo de censura y esto nos retrotrae a los peores tiempos: nunca imaginé que iba a intervenir en un acto contra la censura hoy porque hace 40 años que nos manifestábamos por esto y es muy triste y descorazonador este deja vu”. O la actriz Marisa Paredes, que señalaba que “es fundamental que la obra se vea y hay que decir que la Comunidad (de Madrid) se equivoca todo el tiempo y demasiado, esto es un asalto a la cultura que hay que contestar”.

Además, entre los invitados, el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, que apuntaba que Muero porque no muero “es una obra excelente, de un autor de mucho interés y no comprendo nunca la censura, pero mucho menos una obra que no ofende a nada y crea mucho”. Además, Javier de Dios, en representación del INAEM; el presidente de los empresarios teatrales, Jesús Cimarro; el presidente de las Asociación de Autores y Autoras de España, Ignacio del Moral; el comisario de arte Rafael Doctor, artistas como Elena Anaya, Macarena García, Asier Etxeandía, Goya Toledo, Félix Sabroso y las portavoces de cultura de Más Madrid, Jazmín Beirak y del PSOE, Manuela Villa, y las candidatas de Mas Madrid a la alcaldía, Rita Maestre y a la Comunidad, Mónica García.

Y, entre todas las declaraciones, dos de especial relevancia al ser de dos directores de teatros públicos en Madrid. Alfredo Sanzol, director del Centro Dramático Nacional, explicaba a este diario que su asistencia era “un gesto de apoyo a Paco Bezerra, al que me une una relación profesional y de amistad, y de apoyo a la libertad en la gestión dentro de la cultura”.

Para el director del principal teatro público del país, “el caso de Paco ha puesto sobre la mesa el problema de la injerencia política en la programación de un teatro y eso es algo en lo que estamos todos de acuerdo que no puede se. Lo que deberían hacer los representantes políticos es tomar nota del problema y pensar en las normas legales que se tendrían que diseñar para que esto no volviera a suceder. Yo siempre reivindico el esfuerzo democrático para la creación de leyes que protejan los valores esenciales de la Constitución, y uno de ellos es la libertad de expresión”.

También Luis Luque, director adjunto del Teatro Español, explicitaba su “total apoyo al dramaturgo Paco Bezerra y mi máximo respeto a un texto con un inmenso capital de reflexión y transcendencia poética”. Luque, que ha trabajado en varias ocasiones con Bezerra, añadía que “no podemos tolerar los insultos de las mentes reaccionarias a un talento español reconocido por su trayectoria y dedicación a las artes escénicas de este país y mi deseo, desde mi experiencia de trabajo y creación en libertad, es que se den las explicaciones necesarias y que las partes implicadas se sienten a hablar y a solucionar algo que nunca debió ocurrir”.

Cuatro meses de silencio, argumentos falsos... y unas elecciones

La lectura dramatizada de Muero porque no muero (La vida doble de Teresa) se ha estrenado justo una semana después de que su autor compareciera en la Comisión de Cultura de la Asamblea de Madrid, a petición del grupo parlamentario de Más Madrid, para explicar al detalle lo sucedido desde que, a finales de mayo, Blanca Li le comunicara que la obra, cuyo estreno estaba fijado para enero de 2023, se suprimía de la programación.

Bezerra, Premio Nacional de Literatura Dramática, denunció en el parlamento regional lo que lleva denunciando desde el pasado mes de julio, cuando empezó a relatar lo sucedido en medios y redes sociales: la censura sufrida por parte de la Consejería de Cultura de Marta Rivera de la Cruz y la falta de explicaciones de Blanca Li, directora artística de los Teatros del Canal.

El pasado mes de septiembre, ambas estuvieron citadas también por la Comisión de Cultura de la Asamblea y ambas alegaron distintas razones para no comparecer. Además, Blanca Li lleva desde julio negándose a conceder entrevistas sobre este asunto a ningún medio, solicitudes que han de hacerse a través del equipo de prensa de Rivera de la Cruz, no de la agencia de comunicación que trabaja para el teatro. Esta periodista realizó la última solicitud de entrevista el pasado 21 de noviembre y aún está esperando respuesta de la Consejería.

En su intervención del pasado 22 de noviembre, el dramaturgo recordó cómo Blanca Li le anunció a finales de mayo, tres días antes que se presentara oficialmente la programación 22/23 de los Teatros del Canal, que su obra había sido suprimida y que “la decisión la habían tomado sus jefes”. En esa primera conversación, Li le aseguró que Muero porque no muero se estrenaría la temporada siguiente pero, al cabo de varias semanas, cuando Bezerra se puso en contacto con ella para preguntar por las nuevas fechas, Li le anunció que el montaje tampoco estaría en la temporada 23/24, “ni en la siguiente, ni nunca”, y que la decisión seguía siendo de “los de arriba”, es decir, de los miembros del consejo de administración de Madrid, Cultura y Turismo: la consejera de Cultura, Marta Rivera de la Cruz; su viceconsejero, Daniel Martínez; el director general de promoción cultural, Gonzalo Cabrera, y el director general de Turismo, Luis Martín Izquierdo.

Los cuatro examinaron la programación presentada por Blanca Li, que no estuvo presente en esa reunión, y adoptaron la decisión de eliminar la obra de Bezerra esgrimiendo razones “de oportunidad artística” y de “desequilibrio presupuestario”. Nunca devolvieron la programación a la directora del teatro para que hiciera los ajustes necesarios o adoptara las decisiones oportunas para que salieran los números.

En un claro ejercicio de injerencia, fueron cuatro cargos políticos los que asumieron una decisión artística, alegando que Li solo “proponía” la programación y unas razones económicas que después se comprobó que no eran ciertas. Ningún otro director artístico de un teatro público, al menos en Madrid, es considerado un “proponedor” por la administración pública que lo ha nombrado, ni siquiera Natalia Menéndez y Luis Luque, al frente del Teatro Español, dependiente del Ayuntamiento de Madrid, una administración del mismo signo político que el gobierno de la Comunidad.

Los argumentos económicos esgrimidos por la Comunidad nunca fueron ciertos porque la obra, cuyo presupuesto ascendía a 90.000 euros, estaba producida por los catalanes Bitó Producciones, que asumían 40.000 euros, y por Prospero Extended Theatre, una red formada por nueve de los teatros más importantes de Europa, que aportaba 45.000 euros a la producción. Prospero había seleccionado el monólogo de Bezerra, dirigido por Matías Umpiérrez e interpretado por Belén Cuesta, en una reunión en Madrid celebrada a instancias de la directora de Canal, miembro también de la red, en la que Li propuso cuatro montajes, entre ellos Muero porque no muero, que resultó finalmente elegido.

Su elección se traducía en la cofinanciación de la obra, una gira europea y su grabación para el canal Arte. Tras conocer la cancelación del espectáculo y las razones de la Consejería de Cultura, el director de Prospero, Serge Rangoni, manifestó su desconcierto en varios correos electrónicos y ofreció ayuda a la Comunidad de Madrid para hacer frente a su parte de la financiación del montaje -unos irrisorios 5.000 euros- y la respuesta de la consejería, vía mail, fue “negativa”.

“Me han dejado sin trabajo y sin una mísera disculpa”, dijo Paco Bezerra hace una semana en la Asamblea de Madrid tras preguntarse “¿quién dirige los Teatros del Canal? Si los que tienen la última palabra son los políticos, ¿es esto o no censura? Estamos ante un gravísimo atentado contra los pilares de la democracia. ¿Dónde están las instituciones para defender la libertad de creación?”. El dramaturgo volvió a pedir la dimisión de Blanca Li -“debe poner su cargo encima de la mesa y defender a los artistas por encima de los políticos”- y protagonizó un bronco rifirrafe con el diputado de Vox, Gonzalo Babé, que había manifestado su “alegría por la no programación de una obra tan dañina y esperpéntica”.

El dramaturgo le replicó, en una intervención que se hizo viral en redes, que “a Santa Teresa no se la denigra en la obra, que usted no se ha leído (…) Usted está juzgando con su moral, y su moral es la suya y no la de todos los madrileños. Así que sáquese de la boca a los madrileños porque los madrileños no quieren estar en su boca. Dice que ser yonqui y prostituta es ser denigrante y la mitad de mis amigos han sido yonquis y son buenísimas personas o mejores personas que usted”.

A la supresión de la obra por parte de la Comunidad de Madrid se sumó, además, la decisión del Festival literario Eñe de sacar a Bezerra y a Carlos Rod, su editor de La Uña Rota (la editorial ha publicado toda su obra en el volumen Velocidad mínima) del Escenario Sinóptico, un acto que reunía a autores y editoriales independientes en la Biblioteca Regional de la Comunidad de Madrid Joaquín Leguina.

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El festival propuso a Bezerra y Rod que intervinieran en solitario en la librería Alberti y ambos se negaron, reclamando al festival que les mantuviera en el mismo escenario que a los demás. Ante las sospechas de un nuevo caso de censura, cuatro de las editoriales convocadas a ese mismo evento -Capitán Swing, Sexto Piso, Nórdica e Impedimenta-, declinaron asistir al encuentro.

A estas alturas (y a corto plazo), está por ver si Blanca Li podrá seguir manteniendo su política de silencio o si por fin comparecerá en rueda de prensa y atenderá las preguntas de los periodistas en la presentación de su versión hip hop del ballet El cascanueces de Tchaïkovski, cuyo estreno está previsto en los Teatros del Canal el próximo 21 de diciembre. Y a medio plazo, está por ver si la consejera de Cultura de Marta Rivera de la Cruz podrá seguir haciendo como si no pasara nada hasta las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de mayo.