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'Moonage daydream', la cima del 'rockumental' más arriesgado y creativo

Fotograma de ’Moonage daydream’, de Brett Morgen

Fotograma de ’Moonage daydream’, de Brett Morgen / EPC

  • El filme sobre David Bowie que se estrena este viernes en cines suma a la tendencia de las películas alejadas de la ortodoxia y convenciones del documental sobre músicos.

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Quim Casas

Wim Wenders, máximo representante del nuevo cine alemán de finales de los 60 y autor muy influenciado por la cultura rock estadounidense, fue el primero en considerar los documentales de conciertos como un género en sí mismo. Lo hizo en un texto publicado en 1969 y desde entonces, en su obra, abundan los trabajos de raíz documental sobre músicos de distintos géneros, caso de ‘Buena Vista Social Club’ (1999), en torno a los llamados super-abuelos de la música cubana, y ‘The soul of a man’ (2003), su contribución a la serie ‘The blues’ producida por Martin Scorsese.

Si algo caracteriza estos trabajos es que no son documentales de música al uso. No son meros reportajes destinados a la televisión o las ediciones en DVD, sino filmes con cierta mirada ‘autoral’ pensados para ser exhibidos en salas de cine. Lo mismo podríamos decir de los dos títulos que renovaron ese género de las películas-concierto: ‘El último vals’ (1978) de Scorsese, en el que la actuación de despedida de The Band está filmada con una puesta en escena precisa y estudiada para la banda y para cada uno de sus ilustres invitados (Neil Young, Bob Dylan, Joni Mitchell, Van Morrison), y ‘Stop making sense’ (1984) de Jonathan Demme, trabajada en función del escenario urdido por el líder de los Talking Heads, David Byrne, en un concierto pensado directamente para el cine.

Esta tendencia del documental rock –o ‘rockumental’– ha ido extendiéndose con el paso de los años tanto en los filmes de conciertos como en los que trazan el retrato de grupos, solistas o estilos. Se ha impuesto una mirada más personal, acorde con las tendencias del documental de creación que afloró hace un par de décadas, y de la que ‘Moonage daydream’ (2022), el fantasioso trabajo de Brett Morgen en torno a David Bowie, sería la última y elogiosa entrega. Durante cerca de cinco años, el director ha concebido una especie de odisea cinematográfica en torno a la personalidad y la música del autor de ‘Diamond dogs’, un filme que se aleja radicalmente de la ortodoxia del documental biográfico con imágenes de archivo y entrevistas. Las fantasías musicales, estéticas y sexuales del Duque Blanco merecían sin duda una aproximación de estas características.

Morgen es un ejemplo del documental de creación. El autor de ‘El chico que conquistó Hollywood’ (2002), acercamiento demoledor al productor de Hollywood Robert Evans, ya comenzó a mostrar sus rasgos personales en ‘Crossfire hurricane’ (2012) –aunque se tratara de un encargo para conmemorar el 50 aniversario de los Rolling Stones–, y ‘Cobain: Montage of heck’ (2015), que sigue el rastro de Kurt Cobain desde su infancia hasta el éxito de Nirvana.

Otro cineasta importante de esta tendencia es Andrew Dominik, autor de dos documentales con o sobre Nick Cave, ‘One more time with feeling’ (2016) y ‘This much I know to be true’ (2022). Particularmente interesante es el primero. Debía ser un documento de las sesiones de grabación de un disco de Cave, Warren Ellis y los Bad Seeds, pero la trágica muerte de uno de los hijos de Cave, Arthur, modificó por completo el trabajo tanto del músico como del director, concibiendo un relato melancólico sobre la pérdida y el dolor a través de la creación musical.

En todo caso, la paternidad de estos filmes es compartida entre Dominik y Cave. El músico ya había marcado las directrices de otra película hecha sin el director de la reciente ‘Blonde’. Se trata de ’20.000 días en la Tierra’ (2014), de Jane Pollard e Ian Forsyth, una especie de autorretrato de Cave fabricado durante 24 horas ficticias que pone sobre la picota cualquier idea preconcebida sobre el documental, sea musical o de otro género.

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Cuando un músico es muy particular, por su obra o su vida, conviene un acercamiento igual de peculiar. Es el caso de ‘The devil and Daniel Johnston’ (2005), quizá la obra maestra de este tipo de retratos-documentos de rock, en el que su director, Jeff Feuerzeig, indaga en la historia de Daniel Johnston, maestro del pop minimalista y bipolar, a partir de cintas de audio y películas de super 8 registradas por el cantante.

Claro que estos filmes quizá no existirían si en 1967 D. A. Pennebaker no hubiera realizado ‘Don’t look back’, un acercamiento a Bob Dylan que mezclaba al mismo tiempo el entonces balbuciente ‘rockumental’, realidad y ficción y las nociones básicas del videoclip con la famosa secuencia en la que Dylan deja caer al suelo hojas con palabras escritas mientras se escucha ‘Subterranean homesick blues’. Ahí empezó todo.