Crítica de ópera

Un Purcell transgresor en Peralada

El festival ampurdanés ofrece una particular versión de ‘The Fairy Queen’ en la que brilló el apartado musical

Una escena de la ópera presentada en el festival de Peralada.

Una escena de la ópera presentada en el festival de Peralada. / Miquel González / Shooting (Zeta_intramedia)

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Pablo Meléndez-Haddad

El Festival Castell de Peralada (Girona) podría haber tenido un triunfo asegurado al programar la ópera de Purcell, ideal para el entorno, pero al levantarse el telón de esta particular versión de ‘The Fairy Queen’ (¿o ‘The Fairy Queer’?), el inmortal sueño de una noche de verano que narra la semiópera inglesa inspirada en Shakespeare se transformó en un galimatías con momentos muy aburridos. El certamen ampurdanés estrenó esta nueva producción encargada a un Joan Anton Rechi que metió tantos ingredientes en su coctelera que la obra se transformó en una seguidilla de escenas entre 'drags' y La Cubana, pero sin gracia.

Por suerte, el festival sí que contó en este nuevo montaje con unos intérpretes de lujo (heréticamente amplificados por orden de una 'regia' tan movida) encabezados por Ana Quintals y Dani Espasa y su orquesta Vespres d’Arnadí, en su triunfal regreso al festival, junto al acreditado contratenor-actor Xavier Sabata, quien asumió el papel de una 'reinona' que aglutinaba todo este carnaval. Los artesanos, las hadas, Titania, Puck y Oberon, se transformaron aquí en decadentes estereotipos de personajes líricos con la pretensión de ofrecer un homenaje a la tradición lírica de Peralada... Pero faltaron auténticos guiños locales y sobraron tópicos. Por otra parte, si ya es complicado montar la obra de Purcell siendo fiel al original, cargarla de elementos que le son externos sin una dramaturgia medianamente clara no hace más que complicar las cosas. Ni homenaje ni fiesta, aunque los ensayos debieron ser muy divertidos. El mejor momento llegó con la poética “See, even Night herself is here” y la antítesis con la cita al festival de Eurovisión en el cuarto acto.

Una escena de 'The Fairy Queen', según la versión dirigida por Joan Anton Rechi.

/ Miquel Gonzalez / Shooting

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Sabata, en su salsa, cantó dos arias del mismo compositor ajenas a la obra, detalle que ya le va bien al estilo, incorporando con autoridad y talento 'Music for a while', de ‘Edipo’ y la canción ‘Sweeter than roses’. Como reina Isabel I, Victoria e Isabel II, fiel seguidora de los acontecimientos, Sabata fue el único que arrancó algunas carcajadas, mientras que Ana Quintans deslumbraba con su virtuosismo en todas sus intervenciones, maravillosa en la escena ‘The Plaint’ con su gran aria “O, let me weep”. Mark Milhofer estuvo siempre espectacular junto a una impecable Judit Van Wanroij y a los entregados Thomas Walker y Nicolas Brooymans. Impresionantes todos y cada uno de los miembros del Ensemble O Vos Omnes (que dirige Xavier Pastrana), además de los bailarines Xavi Martínez y Mar Gómez, con espléndidos movimientos.

El diseño de vestuario y el espacio escénico encajaron con las ideas del ‘genio’ creador, quien, eso sí, supo motivar a los intérpretes para darlo todo. Y eso lo premió el público con calurosos aplausos.