La fonoteca del cantautor

Así es la colección de discos ‘galáctica’ de Sisa, antes de que “acabe pudriéndose en un vertedero"

Jaume Sisa, con una parte de su colección de discos de vinilo.

Jaume Sisa, con una parte de su colección de discos de vinilo. / Manu Mitru

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Sisa adquirió su primer disco (de vinilo, naturalmente) hace 60 años: fue el epé de The Shadows con el tema 'Apache', cuya melodía le había llegado a través del 'jukebox' del bar de su calle, en Poble Sec. «Dos chavales del barrio, Antonio y Artur, y yo, estábamos flipados con el sonido de aquellas guitarras eléctricas», recuerda. «Y a la que empecé a trabajar, con 14 años, me compré el primer tocadiscos, un Cosmos portátil azul, y de la misma tienda me llevé mi primer disco, ese epé de The Shadows».

Seis décadas después, Jaume Sisa acumula en casa unos 4.000 vinilos, que no está nada mal. El CD no es su negociado: apenas posee «un centenar o dos». Hablar de acumular quizá suene un poco rudo, pero él nunca se propuso convertirse en un coleccionista, sino que «la vida», dice, ha configurado ese acopio de material «de una manera espontánea, como la naturaleza». Dispone de un «buen equipo de alta fidelidad de los años 70», un venerable Vieta, «retocado y actualizado», ya que sin un giradiscos de calidad «es mejor oír los discos en streaming». Ahí está, colocado en el salón de su casa en Barcelona. «En lugar de televisor, tengo el tocadiscos». 

Obras completas de Battiato

La de Sisa es «una colección galáctica», por supuesto, que le ha ido acompañando a lo largo de la vida, allá donde se ha instalado, en Barcelona o en Madrid, y «en la que hay un poco de todo», como corresponde a su secular mirada esférica a la realidad. «Tengo desde barroco a música experimental, y jazz, folclore, rock, canción, flamenco, copla, tango…», enumera. «Y toda la obra de Battiato, desde sus primeros discos con aquellas óperas electrónicas expresionistas». 

Elepés de otros favoritos, como la Incredible String Band o Van Dyke Parks, algunos de ellos adquiridos en tiendas de segunda mano en las que se encuentran reliquias. «Y bandas sonoras, y álbumes de tribus africanas y cantos bereberes». Ahora que lo piensa, solo un estilo queda extramuros: el heavy metal. «Nunca me ha interesado. Bueno, Led Zeppelin, sí, pero eso no es heavy». Últimamente no compra apenas, dice. «Y escucho muy poca música». Aunque un grupo le ha llamado la atención: La Ludwig Band, «porque tocan con arrugas y manchas». 

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Sisa cree que el auge del vinilo como objeto 'cool' responde a «un fetichismo romántico». Pero lo observa con comprensión. «Entiendo que los jóvenes quieran recuperarlo, porque es como tratar de recuperar una época que ellos no vivieron y que creen que fue paradisíaca», observa. «Porque todos los jóvenes con sensibilidad y criterio piensan que antes el mundo era mejor, y de ese modo, sienten que, si tocan el objeto, están tocando esa realidad». El álbum, como ventana mágica. «Pero es una moda. Cuando haya pasado esa generación, en 20 años, los vinilos serán reliquias para cuatro zumbados».

Exceso de donaciones

Semejante escepticismo dispensa cuando le preguntamos por el futuro de sus queridos vinilos. «Todas esas colecciones de discos, como las de libros, acabarán pudriéndose en un almacén o en un vertedero», vaticina, implacable. «¡Porque hay muchas! Ha habido una producción industrial tremenda, millones y millones de discos, y no hay canales para absorberlos. Todo el mundo quiere dejar su huella y donar sus colecciones a archivos, bibliotecas, museos… ¡Pero si ahí no saben qué hacer con ellas! ¡Ya no admiten nada!». Pero, de ahí a poner la suya a la venta en la web discogs.com hay un trecho. «No tengo necesidad. Los discos son como la foto de la primera comunión, que no te la miras, pero ahí está».