Fonoteca impactante

Así es la oceánica e hiperordenada colección de discos del dj Ángel Molina

El disc-jockey Ángel Molina, con una parte de su colección de discos.

El disc-jockey Ángel Molina, con una parte de su colección de discos. / Manu Mitru

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Ramón Vendrell
Ramón Vendrell

Periodista

Especialista en pop antiguo, tebeos, libros, rarezas y juventud

Escribe desde Barcelona

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El 'disc-jockey' barcelonés Ángel Molina permite a los invitados a su casa extraer ejemplares de su formidable colección de discos de vinilo y ponerlos en uno de los dos platos Technics que hay en la mesa central de la estancia con el 'hardware', pero siempre da una instrucción: "Deja la carpeta sobre la tapa de un giradiscos, ya me ocuparé yo de enfundarlo y devolverlo a su sitio".

Con una fonoteca de casi 30.000 ejemplares de plásticos hay que ser estricto con el orden si no quieres volverte tarumba un día buscando un disco traspapelado, y Molina lo es. Incluso bromea con que cierto grado de trastorno obsesivo compulsivo (TOC) debe de tener.

Los álbumes están clasificados por estilos (gótico, industrial, pop de la década de 1980, electrónica, baile... ), y dentro de cada estilo, por orden alfabético del nombre del grupo o el intérprete. No acaba ahí la cosa. Los discos de cada grupo o artista están ordenados de manera cronológica. Esto último puede parecer excesivo, pero deja de parecerlo cuando ves que de Depeche Mode atesora unos 1.500 ejemplares entre elepés, maxi-singles y singles. ¿El segundo grupo del que más discos tiene? Estaría, a mucha distancia, entre The Cure y Tears For Fears. Molina se reconoce, no podía ser de otro modo, un completista de sus artistas de cabecera.

No por trabajo

El lector envidioso puede pensar que hay truco en la discoteca de Molina, al fin y al cabo es un disc-jockey de tecno con gran proyección internacional desde principios de la década de 1990 y como tal debe de haberse hinchado a recibir copias de promoción. El lector envidioso se equivocará si piensa así. El apartado profesional de la colección de Molina es muy respetable, pero aun así residual en el colosal conjunto. Además hace eones que no pincha en vinilo y que el material promocional que recibe y al que dedica horas de escucha cada día es en formato digital. En esta sección el dj sigue otro criterio de ordenación: por sello discográfico (con más peso que el artista) y por referencia del disco.

Hay que hablar de Depeche Mode. "Descubrí el grupo en 1984 y me cambió la vida. Además, me convirtió en coleccionista", dice Molina. El grupo, prosigue, no fue tomado en serio por crítica y público enterado hasta 'Violator' (1990), pero él detectó mucho antes a una gran banda de pop electrónico que por si fuera poco operaba de un modo innovador: de cada sencillo editaba dos, tres o cuatro versiones, expandiendo así la idea de canción. "Me volví loco. Era como completar un puzzle".

Burbuja capitalista

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Aunque no al viejo ritmo de 30, 40 o 50 discos por semana, en casa de Molina siguen entrando discos regularmente. La mayoría, desde hace 15 años, comprados por internet. Con todo, no duda en calificar el mercado digital de vinilos como "burbuja capitalista, con engaños, trampas y especulación". Por ejemplo: tienes un disco raro del que no hay copias a la venta. Lo pones en el mercado y lo compras tú mismo por, digamos, 500 euros. Como todo deja rastro en internet, queda establecido que vale 500 euros. Lo vuelves a poner a la venta por 300 euros y quien lo compra piensa que ha adquirido una ganga, y si hay puja y alguien paga más dinero, aún mejor.

En medio de su océano de discos, Molina dice: "De todos ellos creo que te podría decir como mínimo en qué ciudad y en qué tienda los compré, o cómo llegaron a mis manos". Una colección de estas características es una vida.

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