Hasta el año 2000

Bombas, guerras e inundaciones en el Eurovisión latino: "La OTI era una película de Almodóvar"

  • El certamen, creado en 1972 y cuya última edición fue en el año 2000, llegó a ser visto por más de 300 millones de personas

  • El opaco sistema de votaciones fue una de las causas del descenso de su popularidad

  • RTVE va a recuperar la esencia del festival el próximo año en Cartagena de Indias, bajo el nombre de Hispavisión

El Festival de la OTI de 1978 se celebró en Chile y eso motivó la renuncia de Portugal y Bolivia

El Festival de la OTI de 1978 se celebró en Chile y eso motivó la renuncia de Portugal y Bolivia

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David López Frías
David López Frías

Periodista

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A todos los eurofans de nuestro país: ¿Qué les parecería que en la edición de Eurovisión de esta noche se cantase casi todo en castellano y España fuese la favorita indiscutible? Pero que, a cambio, se votase por teléfono en secreto. O que un misterioso jurado que nadie conoce decidiese el ganador de forma unilateral.

Esa era la realidad cotidiana del Festival de la OTI (Organización Iberoamericana de Televisión). Un certamen musical entre países de habla hispana que llegó a tener más espectadores que Eurovisión y en el que defendieron a España artistas del renombre de Marisol, Cecilia, Camilo Sesto o Christina Rosenvinge.

Si ganar Eurovisión nos parece imposible, en la OTI nos paseábamos. España tiene el récord de victorias, con 6 entorchados. Empatamos con México, pero acreditamos más segundas plazas que los aztecas: 5 contra 2. El valenciano Francisco, en dos ocasiones, fue el artista español que más veces se impuso.

En la OTI hubo sanciones franquistas a un mexicano por cantar contra la guerra, plantes de la España socialista contra el régimen de Pinochet, bombas terroristas y hasta desastres naturales que impidieron su celebración. A Shakira no la dejaron participar en 1992 por ser menor. Y un antillano de nombre Efren Benita, que no pasó del 9º puesto en 1981, ganó Eurovision en 2001 representando a Estonia.

Los inicios

El festival nació al final del tardofranquismo (1972) como respuesta hispana a Eurovisión. Fue uno de los iconos del aperturismo en los últimos estertores del régimen y también fue abrazado por otras dictaduras como la brasileña, la portuguesa o la chilena. Se mantuvo 28 años en antena con picos de popularidad enormes, pero plagado de altibajos y con críticas constantes al opaco sistema de puntuaciones.

En la OTI se cantaba en español y en portugués, pero el evento se despidió a la francesa en el año 2000; sin previo aviso y en un clima de absoluta indiferencia. Nadie dijo “esto se ha acabado” y nadie lo echó de menos el año siguiente, porque a nadie le interesaba ya la OTI.

El auge de la música latina en los últimos años ha hecho que desde RTVE hayan retomado el proyecto. Con otro nombre y otras normas. A rebufo del resurgir de Eurovisión, el ente público español ha anunciado que el año que viene, en Cartagena de Indias (Colombia), se volverá a intentar reeditar este extinto festival, ahora con el nombre de Hispavisión.

Un evento récord

“Bolivia. Canción, “No volveré a pasar por allí”. Autor y compositor, Manuel de la Calva y Ramón Arcusa (El Dúo Dinámico). Dirige la orquesta, Arturo Guerín. Canta, Arturo Quesada”.

Una jovencísima Rosa María Mateo, que unos segundos antes se había dirigido a las cámaras en portugués, daba paso con esas palabras a un momento histórico de la televisión: la primera canción del Festival de la OTI. Ella presentó, junto al periodista chileno Raúl Matas, la primera edición celebrada en el Palacio de Congresos de Madrid.

Era 25 de noviembre de 1972 y Matas daba un dato que impresionaba: el festival iba a ser visto por 100 millones de personas en todo el mundo. Es decir, el evento televisivo hispano más visto de la historia hasta la fecha. El primer experimento de unificar en una misma retransmisión a un total de 11 países de habla española y dos portuguesa (Portugal y Brasil, ambos inmersos también en sendas dictaduras).

Como no podía ser de otra forma, España fue con toda la artillería. En TVE, dirigida por Adolfo Suárez, había urgencias porque hacía la friolera de 3 años que no ganábamos Eurovision (si alguien le hubiera explicado a esa gente la travesía por el desierto que iba a venir después…). Por eso no se escatimó a la hora de elegir como representante española a una estrella fulgurante: Marisol, aquella niña del régimen que acabó renegando del franquismo y militando en el Partido Comunista.

Franco y el mexicano

Estaba previsto que participasen 14 países en aquella primera edición. Bolivia, Argentina, Chile, Portugal, Puerto Rico, Venezuela, España, Brasil, Colombia, Panamá, Perú, República Dominicana, Uruguay (en este orden cantaron) y México. Estos últimos se cayeron del cartel antes de empezar. El problema vino porque su representante, Alberto Ángel ‘El Cuervo’, llevaba una canción antibelicista llamada “Yo no voy a la guerra”, algo que no debió gustar a los censores franquistas de la época. Descalificación fulminante.

En aquel primer festival de la canción en español ganaron unos brasileños cantando en portugués. La pareja formada por Claudia Regina y Tobías, con la canción ‘Diálogo’. La segunda clasificada fue Panamá, con la canción de Basilio ‘Oh, señor’ y Marisol quedó tercera con el tema ‘Niña’. La victoria brasileña hizo que la siguiente edición se celebrase en Belo Horizonte, porque la norma original, a imagen y semejanza de Eurovisión, era que el campeón organizase el certamen venidero.

Las votaciones, en aquella primera época, se hacían por conferencia telefónica entre los países y la organización. Pero no se retransmitían como en Eurovision, privando al espectador del momento más emocionante. Un sistema que se mantuvo hasta la edición de 1978, que fue la última edición en la que hubo conteo de votos.

El título más largo

Para esa edición de 1978 ya se habían sumado a la fiesta todos los países iberoamericanos (más Estados Unidos y las Antillas Holandesas), pero la guerra y las tensiones políticas marcaron el evento. Se tenía que haber celebrado en Nicaragua, pero como había guerra civil, el certamen fue trasladado a la Chile de Pinochet. Esto motivó la renuncia a participar de Bolivia y Portugal. Ese mismo boicot lo repitió España en 1986 bajo el gobierno de Felipe González. Fue la única vez que no participamos.

En aquella edición de 1978 todos cantaron en castellano. Hasta Brasil, que fue la que ganó con una actuación de la cantautora Denisse De Kalafe. Los anfitriones no rascaron ni podio, pero se hicieron con el récord de la canción con el título más largo de la historia del concurso: “Pobrecito mortal, si quieres ver menos televisión, descubrirás qué aburrido estarás por la tarde”, interpretada por un cantante llamado Florcita Morcuda que ahora se dedica a la política.

Ese año se acabaron las votaciones. A partir de entonces, se otorgó a un jurado la potestad de decidir los tres primero clasificados, algo que nunca convenció a la audiencia y que provocó algunas polémicas sonadas. Como la de 1985 en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, con Paloma San Basilio y Emilio Aragón como presentadores.

El veredicto del jurado fue un triple empate entre Ecuador, Argentina y México. El ganador se dilucidó entre bambalinas y los miembros se tomaron más tiempo del esperado para decidir. La tardanza hizo desesperar al público y Rocío Jurado, la artista invitada, se pusiese a improvisar una canción con la orquesta para hacer tiempo. Por eso era ‘la más grande’. El ganador final fue México y la sensación que quedó en la audiencia era que les dieron la victoria como consolación al terremoto que sufrió el país el año anterior.

Al año siguiente, el certamen se volvió a celebrar en Chile. Fue la única edición en la que España no participó. El gobierno socialista de Felipe González quiso protestar así por la dictadura chilena. Como anécdota, apuntar que el Teatro Municipal (así como toda la ciudad de Santiago y tres cvuartas partes de Chile) se quedaron sin luz a la hora del festival, por una bomba que puso el grupo terrorista Frente Patriótico Manuel Rodríguez, opositores a la dictadura militar de Pinochet. La gala estuvo detenida por ese motivo cerca de una hora.

"Una peli de Almodóvar"

Tampoco convenció el sistema de jurado a los artistas que participaron, a pesar de que alguno sacase buen resultado. El cantante sevillano José Manuel Soto recuerda a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA que representó a España en la edición de 1989 celebrada en Miami: “Yo participé con una canción que se titulaba ‘Como una luz’. Quedé segundo pero porque me lo dijeron. 'Ha ganado México y tú has quedado segundo'. Pero no se hizo ninguna votación”.

Soto tiene buen recuerdo de aquella experiencia y la califica de “divertida”, pero reconoce que “aquello era una cosa bastante kitsch, nada que ver con la escena europea. Aquello parecía una película de Almodóvar y en España nos lo tomábamos a cachondeo. Aquí éramos los más modernos, estábamos a otro nivel con la movida madrileña, Mecano, Gabinete Caligari… y veíamos aquel festival y nos lo tomábamos un poco a pitorreo”.

Cuenta Soto que “yo me fui con unos amigos de Sevilla y nos lo pasamos muy bien. Quedé segundo y desde España me empezaron a llamar para hacer entrevistas. Pero el cambio horario lo complicó todo. Recuerdo que entré en directo con Iñaki Gabilondo en su programa de radio de por la mañana. Pero en Miami eran como las 5 de la madrugada y yo me quedé frito en mitad de la entrevista y empecé a roncar”.

La decadencia

El festival llegó a sobrepasar los 300 millones de personas de audiencia. Pero aquellas votaciones secretas, junto a las propuestas musicales anticuadas, la negativa a retirar la orquesta en vivo o los cada vez más escasos recursos económicos (que provocaban numerosos problemas técnicos en las galas) hizo que el interés por el festival fuese disminuyendo. Los intereses de las discográficas entraron por la puerta y la credibilidad saltó por la ventana.

En 1999 no se celebró el certamen porque en la ciudad sede, Veracruz (México), se habían producido unas graves inundaciones que hicieron imposible organizar el evento. Ningún otro país se ofreció a albergarlo. Al año siguiente, el festival regresó a México (Acapulco), pero ya estaba herido de muerte.

La última representante española fue Sylvia Pantoja, con la canción ‘Volver al sur’. La cantante sevillana quedó en sexta posición, pero conserva buenos recuerdos de aquella edición. “Era la televisión la que elegía a la canción, no se hacía todo ese proceso de fases previas que se hace ahora. Y me parecía bien aquel sistema. Me lo pasé muy bien en México, que es un país que adoro y que ahora tengo residencia”. Pero ahí se acabó la OTI, sin ningún anuncio de la organización. Sin una despedida.

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Tanto Soto como Pantoja consideran que “ahora sí que tendría sentido un festival así. Antes no pegaba la música en español. Ahora pega lo más grande y por todo el mundo. Si se hiciese bien, sería mejor que Eurovisión, porque ahí sí que se ha ‘horterizado’ todo. Antes veías el sello de las canciones italianas, de los compositores portugueses… Ahora ha cambiado todo mucho y con esa mezcolanza habrá ganado en espectáculo, pero ha perdido en calidad”, opina el cantante.

Con ese espíritu quiere recuperar RTVE el festival de la canción iberoamericana. Será en 2023 en Colombia y de ese evento se espera que sea la nueva cantera de Rosalías y Badbunnys, que son un valor al alza en el mercado discográfico. Ahora lo latino mola. La OTI fue una adelantada a su tiempo. Ahora, con Hispavisión, tendrán la oportunidad de corregir todos aquellos fallos que se la llevaron por delante.