Liceu del siglo XXI

Àlex Ollé penetra en la psique de 'Pelléas et Mélisande'

  • El director de La Fura crea un mundo onírico perturbador con tintes lynchtianos que conecta con las emociones de la ópera de Debussy

  • Un fantástico reparto con Julie Fuchs, Stanislas de Barbeyrac y Simon Keenlyside, entre otros, protagonizan las siete funciones previstas a partir del lunes

Ensayo de una escena de ’Pelléas et Mélisande’, en el Liceu.

Ensayo de una escena de ’Pelléas et Mélisande’, en el Liceu. / Quique Garcia/Efe

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Marta Cervera
Marta Cervera

Periodista

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Sin tener grandes áreas ni recitativos superlativos, 'Pelléas et Mélisande' es una de las grandes óperas del siglo XX. La obra de Claude Debussy (1862-1918), estrenada en 1902 en la Ópera Cómica de París, no se asemeja a ninguna otra: recrea un mundo de emociones, simbólico, sutil y sugerente. Este drama lírico en cinco actos basado en una obra homónima de Maurice Maeterlinck, sin embargo, no es uno de los títulos favoritos del público liceista. Solo se han hecho 13 representaciones en el Gran Teatre desde su estreno en Barcelona en 1919 en el Tívoli.

Víctor Garcia de Gomar, director artístico del Liceu, tiene ganas de cambiar la dinámica. Por eso, a partir del lunes, un fantástico reparto con algunas de las voces más destacadas del momento ofrecerá siete funciones de una moderna producción en clave psicoanalítica firmada por el furero Àlex Ollé, artista residente del Liceu. "Tiene algo del estilo de David Lynch y de Lars von Trier, tiene cosas que a veces parece que no cuadran pero dan sentido", explica.

Julie Fuchs (Mélisande), Stanislas de Barbeyrac (Pelléas), Simon Keenlyside (Golaud), Franz-Josef Selig (Arkel), Sarah Connolly (Geneviève), Stephano Palatchi (un médico) y Ruth González (Yniold) presentan una versión de tintes lynchtianos dirigidos desde el foso por Josep Pons frente a la Orquestra Simfònica del Liceu. "Debussy hace poesía. Hace obras poliédricas porque tienen muchas caras pero, pese a ser complejo, nunca es complicado. Sabe excitar la emoción, pero no es sentimental," comenta Pons. Julie Fuchs, que debuta en el rol y en una ópera escenificada en Liceu tras brillar con 'Mitridate, re di Ponto' en concierto, destaca: "De todas las óperas que he hecho en ninguna hay una escena de amor tan bella como la del segundo acto, donde digo "je t'aime" (te quiero) murmurando, casi como si no me atreviera a decirlo. Debussy busca la emoción" . Describe a su personaje como "extremadamente ingenua, pero directa y franca".

De Barbeyrac, que también debuta en el Liceu, opina que lo mejor es la libertad, pues Peleas puede ser tenor o barítono, Mélisande, soprano o mezzo. "Cantas sin sentirte encasillado pendiente de la técnica sino de crear ese universo sonoro orquestal donde el texto completa una música que lo dice todo".

Un momento de 'Pelléas et Mélisande'.

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'Pelléas y Mélisande' narra la historia de un amor prohibido de dos hermanastros por una enigmática mujer, esposa de uno de ellos. Para Ollé Mélisande "representa la luz que ilumina el triste y decadente reino de Allemonde. Pelléas y Goulod se verán embrujados por su misterio."

"Nuestro trabajo es hacer descubrir cosas más allá del 'mainstream'. Y ese es un título fascinante, de una belleza embriagadora"

Escenografía simbólica

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No se había vuelto a ver desde su estreno en Dresde (Alemania) en 2015. Solo la simbólica escenografía de Alfons Flores, una de las claves del montaje, ha costado 240.000 euros. Ha sido necesario hacerla de nuevo. Además de contar con agua, su principal elemento es una gigantesca caja negra, representativa del universo de la mente situado junto al lago de aguas muertas, paisaje pantanoso por el que discurre la obra, más onírica que real. El contenedor encierra los símbolos de los enigmas de la ópera, y su estructura giratoria está recubierta de un material pétreo que se convierte en transparente con la luz. Allí en alargados y superpuestos compartimentos, las escenas se desarrollan a dos niveles que permiten apreciar la decadente existencia burguesa en el castillo del rey Arkel. Solo fuera de esa estructura, fuera de ese mundo pestilente y corrompido de la familia, los personajes se muestran sin filtro.

La producción ahora pertenece al Liceu, y hay intención de moverla más allá. Según García de Gomar, "es un título fascinante y este montaje es muy bello". Pero, pese a ello, hasta ahora ha suscitado poco interés entre el público en Barcelona a tenor de la "discreta" venta de entradas. "Nuestro trabajo es hacer descubrir cosas más allá del 'mainstream'. Y ese es un título fascinante, de una belleza embriagadora". Ollé sabe que la empresa no es fácil: "Hay que ampliar los gustos de quienes vienen al Liceu. Han de arriesgar". Montajes suyos que han triunfado en Europa como 'Le grand macabre', de Ligeti y 'Quartett', de Luca Francesconi "en el Liceu tuvieron éxito pero nunca llenaron", lamenta Ollé.