Cine visionario

Calor extremo, policías con bulldozers y canibalismo: así imaginó Hollywood el año 2022

  • La acción de 'Cuando el destino nos alcance', una pesadillesca ficción distópica dirigida por Richard Fleischer en 1973, transcurre en el año que acabamos de estrenar

Charlton Heston y Edward G. Robinson, en ’Cuando el destino nos alcance’.

Charlton Heston y Edward G. Robinson, en ’Cuando el destino nos alcance’. / EPC

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

Especialista en música, cine, libros, fútbol, críquet y subculturas

Escribe desde Barcelona

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A finales de los años 60 y principios de los 70, Charlton Heston se abonó a protagonizar una serie de ficciones posapocalípticas que, además de darle al actor la oportunidad de aparecer en pantalla con el torso desnudo, compartían un profundo pesimismo sobre el destino de la raza humana. De esa particular obsesión de Heston por el fin del mundo tal como lo conocemos salieron títulos como ‘El planeta de los simios’ (Franklin J. Shaffner, 1968), ‘El último hombre… vivo’ (Boris Sagal, 1971) y ‘Cuando el destino nos alcance’ (Richard Fleischer, 1973), tres películas que anticipaban un futuro de calamidades sin cuento propiciado por la codicia y la estupidez del ser humano.

‘El planeta de los simios’ ubicaba ese futuro ominoso en el año 3978, una fecha que aún nos queda algo lejos. ‘El último hombre… vivo’, una muy libre adaptación del popular relato de Richard Matheson ‘Soy leyenda’, transcurría en 1977, después de que una terrible guerra bacteriológica entre la Unión Soviética y China hubiera exterminado a buena parte de la población mundial (algo que, por las noticias que tenemos, no ha llegado a suceder). ‘Cuando el destino nos alcance’ imaginaba cómo sería la vida en 2022. Y aquí estamos.

Dirigida por el siempre solvente Richard Fleischer, ‘Cuando el destino nos alcance’ (‘Soylent Green’, de título original) adaptaba la novela de Harry Harrison ‘¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio!’, publicada en 1966, que describía en clave de ficción los peligros que se derivaban de un crecimiento demográfico incontrolado en un planeta con recursos limitados. El relato de Harrison situaba la trama en Nueva York en agosto de 1999, pero Fleischer y el guionista Stanley R. Greenberg decidieron dar un salto temporal de 23 años para hacer más creíbles los elementos de especulación futurista de la historia. 

El lujo de las verduras

En el 2022 que retrata la película, Nueva York es una ciudad azotada por la contaminación y el calor extremo en la que se hacinan 40 millones de personas, buena parte de las cuales viven en la calle. El control político y económico está en manos de una élite muy reducida que puede permitirse lujos como el agua caliente, la carne, la fruta o las verduras, mientras la mayoría de la población se ve obligada a subsistir consumiendo los alimentos procesados que elabora la empresa Soylent. La endémica escasez de productos provoca motines ocasionales que son reprimidos por unas expeditivas brigadas antidisturbios que no dudan en cargar contra el gentío utilizando bulldozers.

El impactante cartel de 'Cuando el destino nos alcance'.

/ EPC

En ese marco de quiebra social y catástrofe climática, Charlton Heston interpreta a un policía poco escrupuloso que comparte vivienda con un anciano exprofesor (interpretado por Edward G. Robinson, que falleció muy poco después de terminar el rodaje) que aún conserva recuerdos de cuando el mundo era un lugar más habitable y la comida tenía aspecto de comida. El detective se ve envuelto en la investigación de un asesinato y, un poco por azar (en ningún momento da muestras de ser un tipo especialmente despierto), acaba descubriendo qué horrible secreto se esconde detrás del Soylent Verde, el último producto estrella de la compañía alimentaria, supuestamente elaborado a partir de plancton oceánico. Supuestamente. En realidad, tal como el propio Heston anuncia a gritos en la memorable última escena de la película, el Soylent Verde está hecho de gente.

Una metáfora certera

Casi medio siglo después de su estreno, resulta tentadoramente fácil ridiculizar algunos aspectos de ‘Cuando el destino nos alcance’, en especial en su presentación de unos presuntos avances tecnológicos que al cabo de pocos años ya habían quedado del todo desfasados (un mal común a casi todas las producciones de ciencia ficción de la época, incapaces de predecir, por ejemplo, la revolución que iba a tener lugar en el campo de la telefonía y las comunicaciones). Pero es incuestionable que, en tanto que representación metafórica de la sociedad caníbal que estaba por venir, la película de Fleischer puede presumir de algunos aciertos muy destacables.

Charlton Heston, a punto de descubir el secreto del Soylent Verde.

/ EPC

El más importante es el que apunta a una crisis climática de efectos devastadores. En 1973, no era muy frecuente oír hablar del “efecto invernadero”, del calentamiento global o de la progresiva muerte de los océanos, asuntos todos ellos que aparecen citados en el filme y que hoy son objeto de cumbres internacionales al más alto nivel. También nos resultan tristemente familiares esas imágenes de brutalidad policial a la hora de reprimir las protestas (con o sin bulldozers), nos interpela la denuncia de la utilización de la mujer como objeto sexual (como “pieza de mobiliario”, se dice en la película) y nos conmueve la liberalidad con la que las autoridades promueven la eutanasia activa de los ciudadanos de edad avanzada, una práctica no tan alejada de lo que sucedió en algunos lugares en las fases más crudas de la pandemia de coronavirus.   

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Un último apunte: en 2013, el ingeniero de ‘software’ Rob Rhinehart diseñó un sustituto alimenticio concebido para cubrir las necesidades nutricionales del ser humano y lo comercializó en forma de barritas y en polvo con el nombre de… Soylent. No, no estaba hecho de gente, pero como estrategia de ‘branding’ resultó, cuanto menos, audaz.

‘Cuando el destino nos alcance’ está disponible en Movistar + y, en alquiler, en Amazon Prime Video.