Nuevo libro

Paul McCartney, el abecé del pop en 23 canciones

La publicación de 'Letras', una antología comentada de 154 composiciones del 'exbeatle', aporta un nueva y contundente prueba de su condición de pilar maestro de la música popular de los últimos 60 años

Paul McCartney, en 2020.

Paul McCartney, en 2020. / Mary McCartney

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

Especialista en música, cine, libros, fútbol, críquet y subculturas

Escribe desde Barcelona

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Durante más de 50 años, Paul McCartney (Liverpool, 1942) ha sido víctima de esa especie de dogma rockero que apunta a John Lennon como el único genio verdadero en el seno de los Beatles mientras que a él le asigna el papel de eficiente relaciones públicas, bajista competente y autor de un puñado de bonitas melodías. El dictamen fue fijado en los meses que siguieron a la traumática ruptura del cuarteto por un grupo de críticos musicales (varones y blancos) que entendían que la actitud contestataria y la brutal franqueza de John servían mejor a su relato sobre el poder transformador del rock que el deslumbrante talento de Paul para componer e interpretar canciones pop. El asesinato de Lennon en 1980 y su consiguiente beatificación laica acabaron de blindar el juicio popular. No había pasado ni un año cuando Philip Norman, autor de ‘Shout’, que por esos días se consideraba la biografía definitiva de los Fab Four, sentenció: “John Lennon era los Beatles”.

Desde entonces, cualquier intento de 'Macca' de recordarle al mundo que él también tuvo un papel protagonista en la sobrenatural evolución del grupo pop más influyente de la historia ha sido recibido con recelo y condenado como una suerte de 'egotrip' revisionista. Su última tentativa en este sentido es la publicación de ‘Letras’ (Libros Cúpula), una lujosa obra en dos volúmenes, generosa en material gráfico inédito, que reúne las letras de 154 de las más de 400 canciones que McCartney ha escrito, solo o en colaboración, para los Beatles, los Wings o sus propios discos en solitario, a lo largo de más de 60 años.

La lujosa edición de 'Letras', de Paul McCartney.

/ Libros Cúpula

Las canciones, acompañadas de suculentos comentarios extraídos de una larga conversación entre McCartney y el laureado poeta irlandés Paul Muldoon, no aparecen dispuestas en orden cronológico sino alfabético. Ello impide que el libro tenga un verdadero arco narrativo (tampoco se revelan aquí hechos que los aficionados no conocieran ya) pero, con su forma de voluminoso diccionario, contribuye a presentar a 'Macca' como lo que es: la máxima autoridad académica de la lengua del pop. De la A a la Y (no hay canciones que empiecen por la letra Z; tampoco por la Q o la X). Esta selección personal de algunos de los títulos incluidos en 'Letras' es solo una pequeñísima muestra de su maestría inigualable.

'Another day'

'Single'. 1971. “Desde que te fuiste solo eres ‘Another day’”, le cantó Lennon a su exsocio en la despiadada ‘How do you sleep’. Con los años, toda aquella hostilidad de los primeros meses post-Beatles se fue diluyendo, pero quedó el cumplido hacia esta viñeta de inmarcesible encanto pop (y espléndida línea de bajo) que retrata la triste cotidianidad de una mujer solitaria. Los críticos la tacharon en su día de irrelevante; el tiempo demostró, no por primera ni última vez en lo que atañe a la obra de McCartney, que estaban equivocados.

'Band on the run'

'Band on the run'. 1973. Con una letra creada a partir de un comentario que George Harrison hizo durante una de las tediosas e interminables reuniones de negocios que marcaron la última etapa de los Beatles (“si pudiera largarme de aquí…”), la pieza central del tercer elepé de los Wings es una incontestable prueba del talento de Macca para ensamblar fragmentos musicales aparentemente dispares en una sola canción de exultante sentido melódico.

'Coming up'

'McCartney II'. 1980. Mientras grupos como Queen se jactaban en las portadas de sus álbumes de no emplear sintetizadores, McCartney abrazaba con alborozo los nuevos instrumentos electrónicos en una irresistible pieza bailable que miraba de reojo a Stevie Wonder y los Talking Heads y que, según dice la leyenda, empujó a Lennon a salir de su retiro doméstico para volver al estudio de grabación.

'Drive my car'

'Rubber Soul'. 1965. Los Beatles sí sabían cómo abrir un elepé. Este inusual retrato de empoderamiento femenino plagado de alusiones sexuales que cabalga sobre un 'riff' inspirado en el ‘Respect’ de Otis Redding es una inmejorable puerta de entrada a las maravillas que encierra el fastuoso ‘Rubber Soul’. 

'Eleanor Rigby'

'Revolver'. 1966. En plena explosión del Swinging London, el grupo de pop más popular del planeta se descuelga con una tétrica estampa de muerte y soledad sustentada en un doble cuarteto de cuerda y unos versos sin esperanza. Un logro mayúsculo.

'For no one'

'Revolver'. 1966. Escrita durante una de las periódicas crisis que jalonaron la relación entre McCartney y la actriz Jane Asher, esta obra maestra de la economía narrativa es una candidata muy seria al título de mejor balada jamás compuesta por su autor. Nada sobra. Nada falta. Todo emociona.

'Got to get you into my life'

'Revolver'. 1966. Que esta arrebatada declaración de amor a la marihuana a ritmo de soul sureño fuera escogida para acompañar los títulos de crédito finales de la película infantil ‘Los Minions’ habla de forma elocuente sobre la habilidad de Macca a la hora de camuflar el verdadero significado de sus canciones bajo ropajes de aparente ligereza. Superlativa interpretación vocal.

'Hey Jude'

'Single'. 1968. Concebida como un regalo para Julian, el hijo de John y Cynthia Lennon, a quien McCartney trataba de consolar tras la separación de sus padres, esta composición de construcción simple y melodía sublime no tardó en alcanzar rango de himno universal. El “better, better, better, aaaaaah” que en el minuto 3 da paso a los inefables “na na na nananana” finales es quizá el momento más orgásmico de toda la carrera de los Fab Four.

'I'm carrying'

'London Town'. 1978. Es muy difícil hacer más con menos. Dos estrofas de apenas dos versos cada una y un estribillo de una sola frase bastan a Macca para pintar, sin esfuerzo aparente, una delicada escena de romanticismo exacerbado atravesada por sentimientos de duda y arrepentimiento.

'Junk'

'McCartney'. 1970. Compuesta durante la estancia de los Beatles en India, esta elegía por las cosas que el afán consumista nos empuja a desechar adquirió un nuevo sentido cuando apareció en el primer elepé de McCartney en pleno naufragio de los Fab Four, como un diamante de conmovedora melancolía enterrado entre la basura de las acusaciones y los resentimientos.

'Kiss of Venus, The'

'Mccartney III'. 2020. Entre las sorprendentes audacias que el 'exbeatle' incluye en su última colección de canciones en solitario figura este bonito retazo de folk pastoral inspirado en un libro sobre el movimiento de los planetas en el que Macca se atreve a poner su casi octogenaria voz en modo falsete. Una vez más, sale triunfante.

'Let 'em in'

'Wings at the speed of sound'. 1976. Solo a alguien con un don musical tan desarrollado como Mccartney se le podría ocurrir armonizar con una segunda voz el fugaz momento en el que los nombres de Phil y Don (es decir, los Everly Brothers) aparecen citados en esta irresistible invitación a mantener las puertas de casa abiertas ante la llegada de nuevos invitados.

'Maybe I'm amazed'

‘McCartney’. 1970. Nunca ha sonado Macca más vulnerable que en esta carta de amor y gratitud dirigida a su esposa Linda en un momento de intensa zozobra personal. La guitarra evoca con solvencia el estilo de George Harrison pero la voz es inequívocamente McCartney en una de sus más asombrosas interpretaciones.

'Nineteen hundred and eighty five'

'Band on the run'. 1973. Una excelente razón para escuchar el elepé ‘Band on the run’ hasta el final. La letra, vagamente orwelliana, peca tal vez de funcional pero la combinación de piano, sintetizadores y guitarra resulta arrolladora y el arreglo orquestal del último acto es directamente matador.

'Ob-la di, Ob-la-da'

'The Beatles'. 1968. Trivial, empalagosa, alegremente idiota… ‘Ob-la-di, Ob-la-da’ lleva más de medio siglo soportando insultos y ahí sigue, indestructible, una gozosa celebración de la Inglaterra multicultural que resultaba pertinente en los días del racista Enoch Powell y su discurso sobre los “ríos de sangre” y que hoy sigue resultando igual de necesaria.

'Penny Lane'

'Single'. 1967. La vida cotidiana en la Inglaterra suburbana de los años de posguerra encapsulada en tres minutos y tres segundos de perfección pop. Un clásico absoluto.

'Rocky Raccoon'

'The Beatles. 1968. McCartney escribió este pequeño wéstern musical con la lengua en la mejilla, como dicen los ingleses. Pero la innegable vocación paródica de la pieza, un chascarrillo que atestigua la admiración de su autor por artistas de music-hall como George Formby y Stanley Holloway, no disminuye un ápice su retorcido encanto.

'Single pigeon'

'Red Rose Speedway'. 1973. La elección más obvia para la letra S es la imbatible ‘She’s leaving home’, pero aquí optamos por darle una oportunidad a esta pequeña gema escondida en la cara B de uno de los álbumes menos distinguidos de los Wings de la que ni siquiera McCartney parece hoy acordarse demasiado. Así de sobrado va el hombre.

'Too much rain'

'Chaos and creation in the backyard'. 2005. Tiene algo de milagroso que después de componer canciones durante 45 años Macca fuera capaz de seguir encontrando en sus bolsillos melodías tan memorables. La letra, con su derroche de empatía hacia todos aquellos que tienen demasiada lluvia en sus vidas, está en esta ocasión a la altura de la emoción que brinda la música.

'Uncle Albert / Admiral Halsey'

'Ram'. 1971. La primera parte de este 'single' 'bizarrísimo' que alcanzó insólitamente el número uno en EEUU ha sido definida como “una celebración de la indolencia fumeta”, pero en realidad la arquitectura de la canción resulta tan compleja que ni el propio McCartney ha sido capaz de interpretarla nunca en directo.

'Venus and Mars'

‘Venus and Mars’. 1975. Se hace difícil ponderar esta evocadora balada acústica al margen de ‘Rock Show’, canción con la que forma el eficaz díptico que abre el cuarto elepé de los Wings. Por fortuna, la existencia de la versión ‘Reprise’ (más larga y con letra diferente) nos brinda una nueva oportunidad de apreciar su magia etérea y su cósmica belleza.

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'We can work it out'

'Single'. 1965. Ejemplo supremo de la compenetración alcanzada por Lennon y McCartney a la hora de escribir canciones en los primeros años de los Beatles, este honesto (y melódicamente glorioso) retrato de las inseguridades que presidían la relación de Paul con Jane Asher marcó un punto de inflexión en el equilibrio interno del grupo, cuestionando el hasta entonces indiscutido liderazgo musical de John.

'You never give me your money'

‘Abbey Road’. 1969. Un año antes de que Lennon anunciara al mundo que el sueño había terminado, McCartney se despidió del idealismo y la inocencia de los años 60 en una conmovedora suite que recrea con amargura la batalla financiera y personal que dejó a los Beatles (y, por extensión, a toda su generación) sin “ningún sitio adonde ir”. Y, sí, también empieza con la Y una bonita balada llamada ‘Yesterday’ de la que tal vez habrán oído hablar.

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