Entrevista

Dj Amable (Razzmatazz): "Estas primeras semanas van a ser como un Fin de Año"

  • Amable Sierra Pérez, ‘disc jockey’ residente de Razzmatazz desde hace dos décadas, calienta motores para regresar a la cabina y "volver a pinchar como si no hubiera un mañana"

Dj Amable, en su casa, esta semana.

Dj Amable, en su casa, esta semana. / Ferran Sendra

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Estamos ante un ‘dj’ icónico de la noche barcelonesa.

Si icónico es que llevo mucho tiempo pinchando, pues sí, supongo que lo seré. Profesionalmente estoy en esto desde 1985.

No han cambiado ni nada, las tendencias musicales desde entonces.

Empecé poniendo mucho rollo alternativo y siniestro británico: The Smiths, The Cure… Y la movida nacional de la época. También REM y los grupos del Nuevo Rock Americano. Eso cuando pinchaba en Depósito Legal, en L’Hospitalet. Luego pasé al Bikini antiguo, el del minigolf, y ahí era distinto: funk, soul… Luego me fui a un bar llamado El Final, y al Compliche, hasta que monté mi club, A Saco, con el que en 1994 pasé a Zeleste.

Y a partir del año 2000, cuando Zeleste se convirtió en Razzmatazz, se estableció allí como ‘dj’ residente. ¿Lo suyo es una vocación?

¡Por supuesto! Yo era el que se llevaba el tocadiscos portátil a las fiestas de los amigos con todos los ‘singles’ de Depeche Mode, Siouxsie, The Cure… Mucho rollo siniestro. Era la época en que íbamos al 666.

Lo principal es ver a la gente a gusto, bailando y divirtiéndose

¿Qué le mueve a poner música para la gente?

Que se lo pasen bien. Lo principal es ver a la gente a gusto, bailando y divirtiéndose. Esa es la función del ‘disc jockey’. Y si es con la música que a ti te gusta, y con novedades, mejor.

El ‘dj’ ha pasado de ser una figura discreta a un gurú. ¿Quizá no es su caso?

Dar espectáculo no va mucho con mi perfil. Eso es lícito y a la gente le gusta, pero yo soy más un ‘disc jockey’ de cabina que de escenario. Me centro en que la gente baile y en conectar con ella. No quiero ser la atracción visual de la fiesta.

¿Hay canciones que forman parte de su marca, que no deja nunca de pinchar?

En todas las sesiones recupero ciertos temas de The Strokes o The Postal Service que salieron en las recopilaciones de Razzmatazz que estuve editando en la década de los 2000. Pero las canciones se renuevan constantemente: tengo un ‘top’ mensual que cuelgo en mi web.

He podido aguantar con las pocas ayudas a los autónomos que ha habido, ahorros y una economía austera

En este tiempo de pandemia, ¿ha llegado a plantearse si debía seguir en esta profesión?

Ha sido una pesadilla bastante larga, pero tanto como replantearme la vida, eso no. Afortunadamente he podido ir aguantando con las pocas ayudas a los autónomos que ha habido, y tirando de ahorros, con una economía bastante austera. He tenido que dejar de hacer muchas cosas. Pero, bueno, espero que esto ahora se reactive y que en 2022 haya mucho trabajo. Veo a la gente con muchas ganas.

¿Conoce compañeros que hayan abandonado este trabajo por considerarlo poco estable?

Alguno hay. Gente que no disponía de muchos ahorros y que tenía que buscarse la vida sí o sí. Yo he preferido esperar y he podido hacerlo. Algunos han aprovechado para estudiar y para prepararse para lo que pudiera venir. Sí, hemos sufrido bastante inquietud. No era para menos.

Este verano ha pinchado en algunos festivales.

En el Cruïlla, que estuvo bien, porque la gente no estaba sentada y el panorama se parecía al de antes. También he pinchado en Sonorama y en Estaciones Sonoras. Ahí era más frío, con la gente bailando, pero sin moverse de su sitio y de su grupo. Fue bastante raro. No hubo la misma conexión.

Muchos jóvenes necesitan ahora ver a la gente y abrazarla, no solo verse las caras por ordenador

Los problemas de salud mental acechan a los jóvenes.

Claro, tú también has tenido 20 años, ¿no? Imagínate que nos encierran en casa a esa edad. Ya es jodido con 50, pero con 20, que quieres salir, relacionarte… Lo entiendo. En este tiempo la gente se ha relacionado de otra manera, en línea, por ordenador, y se ha creado un mundo un poco virtual. Muchos necesitan ahora ver a la gente y abrazarla, no solo verse las caras por ordenador, pero también habrá quien se haya acostumbrado a eso y que cuando sale a la calle lo hace hasta con miedo.

¿Qué música sospecha que hay que pinchar ahora en una sesión? ¿De un tono distinto a antes de la pandemia?

Pues el sábado me pasaré por el Razz para ver eso: qué tipo de público hay, cómo reacciona ante los diferentes estilos… Pero yo creo que va a ser fácil, que la gente estará entregada y eufórica, pongas lo que pongas. Estas primeras semanas van a ser como un Fin de Año, cuando todo el mundo está por pasarlo bien y no por aguar la fiesta. Sí que me preocupa un poco la mascarilla: no sé si la gente se hartará de llevarla más de dos o tres horas.

¿Cuándo se le podrá volver a ver en su puesto en Razzmatazz?

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Ahora estamos arrancando y definiendo qué vamos a hacer, pero un sábado al mes ahí estaré, a partir de noviembre, y habrá más sorpresas. Lo que más ganas tengo de hacer es pinchar, pinchar como si no hubiera un mañana, y recuperar todo lo perdido. Poco a poco.