Temporada Alta

L’oncle Vània: todas las caras de Chéjov

El director lituano Oskaras Koršunovas inaugura la 30ª edición del festival Temporada Alta de Girona con un reparto de lujo encabezado por Julio Manrique y Júlia Truyol

El elenco de L’Oncle Vània

El elenco de L’Oncle Vània / Temporada Alta

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Manuel Pérez i Muñoz

Es célebre el desencuentro entre Chéjov y Stanislavski por el tono de las obras del autor, quien las consideraba comedias mientras que el director las dirigió como dramas y marcó el canon. Oskaras Koršunovas no se moja, al contrario, su versión de 'L’oncle Vània' coquetea traviesa con las diferentes lecturas que esconde el texto, las combina e incluso las enfrenta, dando lugar a un friso poliédrico que revela toda la potencia del clásico.

Temporada Alta inauguró el viernes su edición del treinta aniversario repitiendo una operación fructífera: invitar a un director de comprobado prestigio internacional a trabajar con un reparto local. Como ya pasó con los trabajos de Krystian Lupa y Gabriel Calderón, se vuelve a cumplir el objetivo de sacar a los actores de sus casillas, en el buen sentido. Koršunovas, un habitual del festival de Girona y Salt, se gasta un atrevimiento casi desvergonzado con la obra e incluso con el público, aunque permanece bastante fiel al texto.

Ahí vemos el salón de la casa rural, ambientado en una época indeterminada en la cual tan pronto se manda ensillar un caballo como se contesta al móvil. Al fondo, en una posición central, un reloj mudo que simboliza el fantasma chejoviano del paso del tiempo. Y nuevamente esa danza de enamoramientos cruzados, personajes derrotados por la vida, abandonados en la ociosidad alcohólica que se opone al trabajo. Esta vez, quien busque el original lo encontrará casi sin alteraciones, con sus largas tres horas de diálogos como puñaladas.

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En todo ese tiempo el ritmo cae en algunos momentos. Se busca la originalidad en las formas, pero algunos recursos acusan reiteración. Es el caso de la insistencia de los motivos musicales, o los frecuentes traspasos de la cuarta pared, con los personajes lanzando texto al público, acusaciones en presente que reafirman la vigencia del texto.

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Pero es en la parte actoral donde la obra saca las uñas. Ayudado en los ensayos por una traductora, el director lituano ha logrado que la compañía respire conjunta. Julio Manrique como Vània se sumerge sin complejos en el patetismo del personaje, salta resuelto del drama al tono grotesco, casi de vodevil, con el que se rematan algunas escenas clave. Júlia Truyol y Raquel Ferri se reivindican como dos grandes intérpretes capacitadas para los repertorios del más alto nivel. También da gusto ver a Ivan Benet y Lluís Marco explorándolos registros más curiosos que plantea el montaje, un hito de la temporada que llegará al Lliure a mediados de noviembre.