Festival de Venecia

Giannoli poco tiene que decir ante el genio de Balzac

  • Considerado el estatus de 'Las ilusiones perdidas', que la película se muestre tan reverencial hacia ella como lo hace no solo resulta comprensible sino, directamente, la opción más sensata

Illusions Perdues Photocall - 78th Venice Film Festival

Illusions Perdues Photocall - 78th Venice Film Festival / CLAUDIO ONORATI (EFE)

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Nando Salvà

Honoré de Balzac ocupa un lugar de privilegio entre los escritores que mejor han sabido capturar la realidad de su tiempo. Y en ‘Las Ilusiones perdidas’ el francés construyó, entre otras cosas en esa monumental novela, una ácida crítica de la vida cultural en el París de después de la Restauración, y en concreto de un mundo editorial poblado de usureros y estafadores y una industria periodística recién nacida pero tan consciente de su inmenso poder como dispuesta a usar los métodos más inmorales para aumentarlo.

Considerado el estatus de la novela, que la adaptación a la pantalla dirigida por Xavier Giannoli -y presentada este domingo a concurso en la Mostra- se muestre tan reverencial hacia ella como lo hace no solo resulta comprensible sino, directamente, la opción más sensata. Es una lástima que, mientras acompaña a un joven de provincias que llega a la capital y trata de abrirse camino en esa sociedad podrida, la mejor herramienta dramática que la película usa para expresar su respeto al texto original sea una narración ‘en off’ tan presente que no solo acartona el metraje sino que por momentos convierte las imágenes que la ilustran en redundantes. Y sin embargo, probablemente menos por los méritos de Giannoli que por los del propio Balzac, eso no le impide ser un retrato del todo absorbente de un mundo que se presumía moderno y progresista pero vivía anclado en un clasismo casi estamental y una corrupción sistémica.

Aspirantes al León de Oro

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Muy al contrario que ‘Ilusiones perdidas’, la nueva película de Ana Lily Amirpour -británica de origen iraní instalada profesionalmente en Estados Unidos- funciona mejor mientras permanece alejada del comentario social y centrada en el homenaje a otras películas. También estrenada hoy a competición en el certamen italiano, acompaña a una joven dotada de poderes mentales únicos que escapa de un hospital psiquiático e intenta sobrevivir en los bajos fondos de Nueva Orleans, y mientras lo hace encadena simpáticas alusiones a cierto tipo de comedia ochentera -aventuras urbanas trufadas de elementos sobrenaturales como ‘La mujer explosiva’ y a la estética videoclipera de los 90; tan simpáticas, de hecho, que habrían reusltado más efectivas si Amirpour no las hubiera adornado con referencias vagas y desubicadas al tratamiento que las minorías raciales y las mujeres reciben en una América sobre la que planea la sombra de Donald Trump.

La nueva película de Michel Franco, tercera de las aspirantes al León de Oro presentada el domingo, llega a Venecia justo un año después de que el mexicano se llevara el premio Especial del Jurado en este festival gracias a la perturbadora distopía ‘Nuevo orden’. Centrada en lo que le sucede a una familia británica extremadamente adinerada después de que una muerte repentina los obligue a finalizar abruptamente sus vacaciones en Acapulco -cualquier resumen menos vago de su argumento requeriría ‘spoilers’-, ‘Sundown’ atesora varios de los méritos del cine previo de Franco -la habilidad a la hora de confundir al espectador o a la de generar tensión incluso a partir de elementos narrativos aparentemente livianos o banales- pero también algunos de sus más obvios defectos, como la tosquedad con la que se explica a sí misma cuando, por algún motivo, se ve obligada a hacerlo.