Festival de cine

Cannes espera el veredicto de Spike Lee

Spike Lee, en el festival de Cannes.

Spike Lee, en el festival de Cannes. / Valery Hache / AFP

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Nando Salvà

Pase lo que pase el sábado durante la ceremonia de entrega de premios, la 74ª edición del Festival de Cannes probablemente sea recordada como aquella en la que el certamen se enfrentó al coronavirus y lo contuvo -a menos, Dios no lo quiera, que haya lío de última hora- estableciendo una serie de medidas extraordinarias, como el uso constante de mascarillas o los test anti-covid cada dos días para los miles de asistentes aún no inmunizados, que en la práctica han alterado profundamente su funcionamiento. Trabajar en el festival ha resultado aún más exigente que de costumbre, y eso explica la sensación de fatiga y hartazgo que impera a solo unas horas de la clausura.

Esa atmósfera ha condicionado la atención -o más bien la falta de ella- recibida por las dos últimas películas en presentar su candidatura a la Palma de Oro. En la primera de ellas, la correcta ‘Nitram’, el australiano Justin Kurzel se acerca a la figura de Martin Bryant, que en abril de 1996 asesinó a 35 personas e hirió a otras 23 en Port Arthur, Tasmania; más concretamente, explora las circunstancias -su discapacidad mental, la influencia de un padre depresivo y una madre rígida, el ‘bullying’ del que fue objeto, el fácil acceso a las armas de fuego- que lo condujeron a la masacre.

En la segunda, ‘Les Intranquilles’, el belga Joachim Lafosse se sirve del retrato de un pintor aquejado de trastorno bipolar, y del del sufrimiento que la enfermedad provoca también sobre su mujer y su hijo, para reiterar su habilidad para contemplar familias en descomposición enfatizando el drama sin caer en el melodrama.

Cine furioso y social

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Es probable que ninguno de los dos títulos altere las predicciones cara al palmarés que ya circulan por la Croisette aunque, por supuesto, es imposible saber qué opina de ellos el jurado que preside el cineasta Spike Lee. Dadas su fama de hombre testarudo y la pasión con la que defiende sus ideas, se da por hecho que Lee habrá hecho valer su propia autoridad frente a las opiniones de los otros jueces. Y dado que él casi siempre hace un cine furioso, preocupado por asuntos sociales y raciales en particular, de corte comercial y no precisamente sutil, es de prever que sus preferencias se decantarán por alguno de los títulos a concurso que mejor encajen en ese patrón.

De ser todo eso cierto, es descartable la presencia en lo alto del palmarés de la película que sin duda más merece ese honor, ‘Drive My Car’, de Ryūsuke Hamaguchi. Las quinielas dan como favorita a ‘Un héroe’, del iraní Asghar Farhadi, pero la Palma de Oro fácilmente podría ir a parar a ‘Lingui’, del chadiano Mahamat-Saleh Haroun. Sí, seguro que Lee se da cuenta de que darle el premio al único cineasta negro de la competición le granjeará acusaciones de sesgo. Y no, seguro que eso no le importa lo más mínimo.