FARO DEL TEATRO EUROPEO

Aviñón resurge de sus cenizas

El legendario festival provenza retoma su buen nivel después del funesto año de la cancelación, y lo hace con cabezas de cartel como Angélica Liddell o La Veronal

Angélica Liddell, en un momento de la representación de ’Liebestod’

Angélica Liddell, en un momento de la representación de ’Liebestod’ / Christophe Raynaud de Lage

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Manuel Pérez i Muñoz
Manuel Pérez i Muñoz

Periodista.

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‘Plus ça change, plus c'est la même chose’, cambiar para seguir igual. La expresión gatopardesca resume la primera semana de la gran cita escénica europea. El Festival de Aviñón ha tirado de ‘grandeur’ para que su redonda edición 75ª no quedara deslucida entre los coletazos finales de la pandemia. En un escenario de incertidumbre, con los teatros cerrados en Francia hasta bien entrado mayo ,la organización puso el pie en el acelerador para llegar a un programa a gran escala, con aumento de estrenos, nuevos espacios y una primera sorpresa. Tiago Rodrigues será el primer foráneo que dirigirá el festival a partir de la edición de 2023. La noticia llegó la jornada que el portugués inauguraba el festival con una versión de ‘El jardín de los cerezos’ de Chéjov. 

La primera función en la Cour d'honneur del Palais des Papes se retrasó 40 minutos por las colas, era la primera vez que se exigía a los casi 2000 espectadores del patio de butacas –con renovada y flamante gradería– certificado de vacunación o los resultados de un test. Los contratiempos logísticos estaban ya solucionados en la función del viernes, no así los artísticos. En las dos horas y media de espectáculo reinó un aburrimiento pomposo, una constante en las aperturas de los últimos años. Rodrigues, un conocido del Temporada Alta y del Grec 2019 en el que presentó la brillante ‘By Heart’, destaca más en la creación contemporánea que en el repertorio. Faltó vida, ritmo y sorpresa. Una encorsetada Isabelle Huppert encontró pocos rincones para lucirse entre un reparto que hacía gala del mejor mestizaje francés. Nada que ver con las polémicas raciales del estreno de nuestro Grec. 

Y no podemos olvidar el otro gran espectáculo que este año se exhibirá en el escenario principal. La Veronal será la primera compañía de danza catalana que actuará en el Palais a partir del 21 de julio, y confiamos que tendrá mejor acogida que la ‘Fiesta’ que el bailaor Israel Galván montó allí mismo en 2017. 

La Liddell cañí

 Por poco más que se prodigue su presencia en festival se volverá una tradición. Angélica Liddell –la creadora española más internacional—va por la séptima obra que presenta en Aviñón. 'Liebestod’ es sal gorda que mezcla Wagner con el toreo. Si lo liddeliano ya es un género en sí mismo, aquí asistimos a un repliegue introspectivo sobre su lenguaje y sus fantasmas. Como en Rosalía o C. Tangana, el marco retro-cañí pone el aceite para el refrito de los tópicos. Mientras suenan Las Grecas, la creadora se mutila en escena para jugar con su sangre, algo que ya nos mostraba más de diez años atrás. Con su autorreferencialidad destructiva parece querer cansar a un público que seguiría idolatrándola aunque defecara en escena. 

Más descuidado en el plano plástico, lo nuevo de la Liddell reincide en estructuras y polémicas que ya habitaron el descomunal ‘The Scarlett Letter’. Esta vez sus furibundos monólogos apuntan en todas direcciones: contra el mantra de lo sostenible, contra sus lectores (mujeres y homosexuales, apunta) contra los actores y sobre todo las actrices (menos denuncias y más aplicarles el látigo, propone), y en especial contra algunas constantes de la sociedad francesa como su educación racionalista y atea, sus técnicos y funcionarios con derechos y, claro, sus sempiternas huelgas. Sola frente al falso toro, la Liddell desafía una muerte poética y escénica que no la embiste. Así lo reafirma parte de la platea en pie que aplaude sus excesos cada vez más reaccionarios. Su próxima parada, el Grec de Barcelona. 

Teatro a través de la pantalla

 A los días tórridos les suceden noches frescas de grandes superproducciones en escenarios monumentales. Una de las más comentadas, ‘La dernière nuit du monde’ de Fabrice Murgia, fábula distópica sobre una sociedad que deja de dormir. Factura impecable para una obra más bien fría en la que los actores se comunican a través de pantallas. Más intenso y humano, el drama ‘Kingdom’ de la pujante Anne-Cécile Vandalem. Con un dispositivo de teatro-cine que recuerda el estilo de la mejor Katie Mitchell, la directora plantea un documental filmado en directo sobre la imposibilidad de las utopías. 

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Los personajes de ‘Entre chien et loup’ de Christiane Jatahy intentan escapar del argumento pesimista del ‘Dogville’ de Lars von Trier, pero también se muestran incapaces de neutralizar la semilla del fascismo. La directora brasileña mezcla en su pantalla filmaciones en tiempo real del escenario con otras encapsuladas. Acabamos así dudando de todo lo que vemos. Que no falte el sentido crítico. 

Explosión ‘off’

Salvado en el último minuto, el Festival Off aporta a Aviñón ese particular ambiente saturado de carteles en los muros y cómicos que vociferan sus espectáculos por las calles. Son más de mil espectáculos en cien escenarios, muchos de ellos tan minúsculos que desafían las normas sanitarias. Los edictos ‘ex profeso’ de la región permiten el 100% de la ocupación en salas, y eso da un respiro al turismo y a los artistas que se quedaron en blanco el año pasado. Uno de ellos es Luciano Rosso, que con su ‘Apocalipsync’ plantea un humor gestual de primer nivel que contrasta con el rigor intelectual de la programación oficial. Una de esas joyas que buscan los miles de programadores que surfean, este año con mascarilla, el inmenso océano teatral que es Aviñón.

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