Crítica de música

El triunfo de Bach y del Orfeó Català

La masa coral maravilla en la celebración del centenario del estreno en España de la ‘Pasión según San Mateo’

’La Passió segons Sant Mateu’, en el Palau de la Música

’La Passió segons Sant Mateu’, en el Palau de la Música / A. Bofill

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Pablo Meléndez-Haddad

La sociedad civil catalana es deudora y a la vez artífice de centenarias entidades privadas que forman parte del tejido asociativo de la ciudad y que periódicamente la nutren de auténticos tesoros. Una de ellas es el Orfeó Català. Entre otras muchas cosas hay que agradecerle que hace 100 años haya tenido la voluntad de estrenar en España la inmensa 'Pasión según San Mateo' de Johann Sebastian Bach. El concierto que celebraba este centenario estaba previsto para el 27 de febrero, fecha de dicho estreno, pero la pandemia obligó a su aplazamiento. Así las cosas, el sábado el Orfeó abrió las puertas de su Palau de la Música Catalana –otro de sus legados– para recibir esta obra cumbre de la Humanidad dedicando la velada al ‘cantaire’ Àlex Honrubia, joven barítono formado en el coro fallecido en febrero. En este gran proyecto que reunió a más de 140 intérpretes en el escenario modernista –increíble en plena ola de covid-19– el Orfeó Català estuvo acompañado de su Cor Infantil, de los Berliner Barock Solisten (miembros de la Filarmónica de Berlín) y de la Simfònica Camera Musicae (OCM), todos al mando de Simon Halsey.

El enfoque, de acentos románticos por las proporciones del coro, por el juego de dinámicas y agógica sobre todo en las corales y por los instrumentos modernos que imponía la gran masa coral, hizo que brillara con luz propia un Orfeó –capitaneado por Pablo Larraz– más cohesionado que nunca, que mostró equilibrio y belleza tanto en el timbre como en el fraseo, firmando una gran velada ante un inspirado Simon Halsey.

La nómina de solistas estuvo encabezada por un James Gilchrist experimentado y sensible, uno de los grandes Evangelista de su generación. Josep-Ramon Olivé interpretó un Jesús casi a punto de la plena madurez, contando además con un convincente Alex Potter, contratenor de fraseo cuidado y graves poco sólidos –aunque, con esta orquesta, ¿no hubiese sido preferible una contralto?–, genial en la fundamental ‘Erbarme dich’, junto al violín prodigioso de Raimar Orlovsky.

Fantásticos en sus partes tanto el bajo Andreas Wolf –maravilloso en ‘Mache dich, mein Herze, rein’– como una sabia Marta Mathéu, muy en estilo y controlando siempre el ‘vibrato’. A cierta distancia se mostró el tenor Ilker Arcayürek, de expresividad casi 'verista' y a ratos con problemas evidentes de afinación y de dominio de la coloratura.

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La OCM, salvo puntuales desencajes, se mostró motivada y pulida, contando además con la pericia desde el órgano de Juan de la Rubia y Joan Seguí.

Los intérpretes y los solistas –también los instrumentales– fueron ovacionados después de la celebración que, sin duda, se siguió casi como un ritual tan religioso como bachiano.