EL LIBRO DE LA SEMANA

Crítica de 'Trigo limpio': el trigo y la paja

La novela con la que Juan Manuel Gil ganó el Premio Biblioteca Breve apuesta por un modelo impuro y revuelto

 El escritor almeriense Juan Manuel Gil, ganador del l 63 Premio Biblioteca Breve, el pasado febrero.

El escritor almeriense Juan Manuel Gil, ganador del l 63 Premio Biblioteca Breve, el pasado febrero. / Alejandro García / EFE

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Domingo Ródenas de Moya

Con esta novela ebria de literatura, hábilmente urdida, escrita con agilidad y humor y diseñada con esmero, ganó el último premio Biblioteca Breve Juan Manuel Gil (Almería, 1979), salido de la cantera de jóvenes escritores residentes de la Fundación Antonio Gala. Si digo ebria es porque 'Trigo limpio' encierra un juego intertextual en el que se combinan por lo menos dos modos o, si se quiere, dos modas narrativas: la dichosa autoficción y la valetudinaria metaficción. La primera ha calado los huesos de la novela actual y va resultando raro escapar al imperio del yo autobiográfico más o menos falsario. La segunda, la metaficción, fue una epidemia de ensimismamiento desde los años 70 que mostró los caminos del tedio cuando la literatura sobre la literatura (una forma de autismo —cuando no de onanismo— literario) se enroca sin voluntad de trascenderse.

En 'Trigo limpio' no solo se barajan los dos modos sino que se someten a un tratamiento paródico y se supeditan a una estructura ingeniosa en la que el desvelamiento de un enigma vuelve a ser el dispositivo productor de intriga. El narrador personaje ha publicado la novela 'Un hombre bajo la lluvia' (2019) —como el autor— y recibe un mensaje de Simón, un antiguo amigo de escuela y pandilla, que la ha leído y le propone escribir sobre sus lejanas andanzas infantiles en el barrio donde les habían construido un aeropuerto. El hecho de que hayan pasado 25 años convierte la sugerencia en un misterio, pero mientras el narrador trata de elucidarlo se pone a escribir el texto que estamos leyendo. Asistimos así al proceso de hacerse la novela, en el que se trenzan varios hilos en capítulos alternos: la rememoración, las pesquisas presentes alrededor de Simón, reflexiones sobre las estrategias para armar una novela (aunque pautan irónicamente la obra resultan manidas y superfluas) y una conversación que es el centro neurálgico de todo.

Los libros construyen pasadizos

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Esta charla la tuvo el narrador con un pintoresco Huáscar en el cuartelillo de la guardia civil del aeropuerto. En ella Huáscar le cuenta su vida con obvio regodeo en el modo de hacerlo, citando de tapadillo frases de clásicos como el 'Lazarillo' o 'Nada' de Carmen Laforet, mientras el narrador lo interrumpe constantemente. Aunque el clásico que aquí parece evocarse es el 'Coloquio de los perros' de Cervantes, donde Berganza narra su aperreada vida (como Huáscar) y Cipión no cesa de interrumpirle y darle consejos sobre el arte de contar. De aquel coloquio con Huáscar, el chaval aprendió el poder de sugestión del relato y cómo los libros podían constituir invisibles pasadizos hacia cualquier parte, más fascinantes que los túneles del barrio por los que se adentraba la pandilla. Ese aprendizaje, que despertaría en él la vocación literaria, lo compartió con Simón, que extrajo otras lecciones sobre la capacidad de embaucar con las palabras.

La metáfora de los textos literarios como pasadizos imprevisibles es no solo hermosa sino exacta, pero es una de las dos que articulan la novela. La otra es el “trigo limpio” del título, que alude tanto a las personas turbias pero cautivadoras como Huáscar sino al tipo de novela que gusta al autor: la impura y revuelta, la que mezcla el trigo con la paja. Aquí hay mucho trigo, pero a veces la paja no deja apreciarlo. 

'Trigo limpio'

Autor: Juan Manuel Gil

Editorial: Seix Barral

 392 páginas. 20 euros