EXPOSICIÓN DE ARTE

Lo que Picasso aprendió de los iberos

El Centro Botín de Santander acoge una exhaustiva muestra que rastrea la influencia del arte primitivo en el desarrollo del pintor

La escultura ’Femme au vase’ de Picasso, junto a una pieza de mujer oferente del periodo ibero encontrada en el Cerro de los Santos, en la exposición ’Picasso ibero’ de Santander.

La escultura ’Femme au vase’ de Picasso, junto a una pieza de mujer oferente del periodo ibero encontrada en el Cerro de los Santos, en la exposición ’Picasso ibero’ de Santander. / BELÉN DE BENITO

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Se han hecho múltiples exposiciones alrededor de Picasso, acerca de sus temáticas y referentes, pero ninguna hasta el momento se había encargado de vincular de forma tan minuciosa el estilo del artista con una de sus máximas influencias, el arte ibero. Sobre este aspecto se centra la fantástica muestra que recoge el Centro Botín en Santander, ‘Picasso ibero’, un recorrido que pone de manifiesto de qué manera el descubrimiento de todo este rico acervo protohistórico cambió para siempre la mirada del genio malagueño.

La revelación tuvo lugar en 1906 gracias a la exposición en el Louvre que se encargó de recoger muchos de los hallazgos arqueológicos encontrados en el Cerro de los Santos (Albacete) o en otros yacimientos prerromanos. Allí contempló por primera vez cabezas votivas masculinas y femeninas datadas entre el siglo VI y el II a.C. que supusieron un enorme impacto para un creador que se encontraba forjando su propia personalidad tras su periodo rosa. El artista sintió una conexión inmediata con ese carácter bárbaro y primitivo coincidiendo también con su aproximación al arte africano y de Oceanía en el Palais du Trocadéro de París, abriéndose un proceso de investigación particular y exhaustivo que culminaría con ‘Las señoritas de Avignon’, con la que iniciaría su etapa cubista.

Tres muestras en una

Así, el pasado histórico, los ancestros, resultaron fundamentales a la hora de transformar el arte de vanguardia. Y esa conexión es precisamente el núcleo de ‘Picasso ibero’, una exposición que es en realidad tres muestras al mismo tiempo: la primera gira alrededor del arte ibero, la segunda, en torno al descubrimiento de Picasso de esta tradición, y la tercera se centra en la influencia que se perpetuó a lo largo de su toda su obra.

Un aspecto de la exposición 'Picasso ibero' en el Centro Botín de Santander.

/ BELÉN DE BENITO

‘Picasso ibero’ se abre con la escultura de 1933 ‘Femme au vase’, procedente del Museo Nacional de Arte Reina Sofía que dialoga de forma directa con una mujer oferente de los siglos III-I a.C. encontrada en el Santuario del Cerro de los Santos. A partir de ese momento nos adentramos en los resquicios de esta antigua civilización a través de un centenar de piezas procedentes de diferentes instituciones entre las que encontramos esculturas, exvotos o cerámicas y en las que se plasman ritos, héroes, ofrendas, bestiarios y todo un rico imaginario fantástico y mitológico.

Robo en el Louvre

El recorrido, diseñado con elegancia por Jasmin Oezcebi en el espacio diáfano del Centro Botín, después de este fascinante repaso histórico, nos conduce al episodio de las ‘cabezas robadas del Louvre’. En 1907 fueron sustraídos dos bustos ibéricos por Honoré Joseph Géry Pieret, amigo de Guillaume Apollinaire y Picasso los terminó comprando por 50 francos, escondiéndolos en ese famoso armario donde guardaba algunas de sus piezas más preciadas. Basta con mirar algunos de los bocetos que en ese momento se encontraba pintando (autorretratos en los que se aprecia la experimentación y evolución de su técnica: ojos almendrados, orejas alargadas, cabezas ovaladas, simplicidad de formas e inexpresividad facial), para demostrar que sin duda sirvieron como base en el desarrollo de su proceso creativo. Tras el robo de la 'Mona Lisa' en 1911, Picasso y Apollinaire devolvieron las figuras y el poeta fue encarcelado por este rocambolesco suceso.

A partir de ese momento continúa la conexión entre el pasado ibero y el presente del artista a través de buena parte de toda la producción que anticiparía ‘Las señoritas de Avignon’. Así, podemos ver numerosos estudios realizados para el cuadro, bustos y bocetos de su amigo Josep Fontdevila y otras esculturas.

Influencia permanente

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Más allá de esa mítica fecha de 1907 en la que Picasso rompió con los moldes dela tradición, las referencias iberas nunca lo abandonaron. Así, en la última sección de la exposición se ahonda en estos vínculos en las obras posteriores a 1908 a través de su extensa y fascinante colección de exvotos en miniatura o de sus series pictóricas, una de ellas dedicada a la tauromaquia con todo un conjunto de grabados dispuestos en fila en los que se aprecia su evolución hasta la máxima esencialidad de líneas. El recorrido culmina con el cuadro ‘Jacqueline au chapeu de paille’, de 1962, aunque también está presente ‘L’Étrinte’, de 1970.

La exposición, comisariada por Cécile Godefroy, junto a Roberto Ontañón Peredo, ha contado con la colaboración del Musée national Picasso-París, la familia Picasso y está formada por más de 200 piezas procedentes de 22 prestadores. Una exquisita, cuidada e importante muestra internacional en tiempos de pandemia.