Iniciativa del consistorio

Los derechos culturales de los barceloneses: la joya de los barrios

  • El ciclo Barcelona Districte Cultural lleva cuatro años programando espectáculos de circo, danza, música y teatro en 29 centros cívicos y 'casals' diseminados por toda la ciudad

Actuación del grupo A Contra Blues, en el ’casal’ de La Font d’en Fargues, dentro del circuito Barcelona Districte Cultural.

Actuación del grupo A Contra Blues, en el ’casal’ de La Font d’en Fargues, dentro del circuito Barcelona Districte Cultural. / Martí Fradera

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Si un programa municipal está impulsando hoy un acceso democrático a la cultura es Barcelona Districte Cultural: un ciclo de espectáculos que programa actuaciones de música, danza, teatro y circo en 29 equipamientos públicos de la capital catalana. En una ciudad con una red de teatros y salas de conciertos tan concentrada en pocos barrios, este circuito ideado en 2017 está acercando espectáculos a centros cívicos de la Barceloneta, El Coll, Hostafrancs, Besòs, Sant Gervasi, Zona Franca... Así es como las vecinas de Baró de Viver bailaron con Nakany Kanté y en Les Corts descubrieron a la Balkan Paradise Orquesta. Así es como en Ciutat Meridiana rieron con la payasa Pepa Plana y en Vilapicina disfrutaron con la compañía de la danza Les Impunxibles. 

Y precisamente en esta época de pandemia ha adquirido aún más relevancia el rol que juega el programa Barcelona Districte Cultural para garantizar el derecho a la cultura. Incluso en meses en que la mayoría de teatros, cines y salas de conciertos estaban cerrados, los centros cívicos han sostenido uno de los escasos circuitos en que los artistas podían seguir trabajando y a los que el público podía seguir asistiendo. En otoño, de hecho, se recuperó la mayoría de las actuaciones canceladas en los primeros meses de confinamiento.

La inyección económica del ciclo permite a los centros cívicos programar actuaciones que no están al alcance de sus presupuestos. Pero la valoración que hacen del Barcelona Districte Cultural va más allá. "Este ciclo permite potenciar la cultura en los barrios y da más visibilidad a la labor de los equipamientos culturales de proximidad", explica Irene Armangué, directora del Centre Cívic Albareda de Poble Sec. "Para nosotros, incorporarnos a este ciclo ha supuesto un salto cuantitativo y cualitativo", reconoce Mar Llopis, directora del Casal Font d’en Fargues. Incluso detecta que "los vecinos del barrio miran ahora con mejores ojos y más interés el resto de programación que ofrecemos".

Un comité en red

Armangué resalta también que el Barcelona Districte Cultural les ha permitido "crear red con otros equipamientos de la ciudad". Eso es así porque la programación se trabaja en comisiones formadas por trabajadores de cada centro. Cada equipamiento que se suma al circuito ha de integrarse en una de las tres comisiones (danza-circo, teatro y música) y proponer media docena de espectáculos que se debatirán en equipo y de los que saldrán 14 candidatos para cada disciplina. Después cada centro cívico escogerá los cinco o seis que más puedan interesar a su público, descartando antes los que, por su complejidad técnica o por incompatibilidades de fechas, sean inviables. Es un ciclo que impulsa el ayuntamiento, pero se decide y programa de forma descentralizada.

"Uno de los momentos que nos chirriaba del proyecto era ese en el que te tienes que encerrar en el despacho a ver vídeos para escoger qué espectáculos programarás", explica Mar Llopis. Por eso en Font d’en Fargues han creado una comisión de espectadores: es una quincena de vecinos y representantes de asociaciones del barrio que votan las propuestas y así conforman una selección más abierta y democrática. También hay centros que han formado su comisión de programadores para proponer espectáculos. La del Centre Cívic Besòs, por ejemplo, está integrada por alumnos del Institut Barri Besòs. Y el ciclo también dispone de un buzón de sugerencias al que cualquier persona puede proponer espectáculos que desearía ver en esta red de escenarios de barrio.

A colegios e institutos

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Llopis ha podido constatar el impacto de ciclo Barcelona Districte Cultural en el barrio. "Esta idea de acercar la cultura a los barrios funciona. Gente que no hubiese ido a ver este tipo de espectáculos se acerca a verlos", explica. Y en barrios cuyos centros cívicos están acostumbrados a trabajar en alianza con otros equipamientos de la zona, la huella del programa ha sido aún superior. Hasta la llegada de la pandemia, algunos centros también organizaban pases matinales del mismo espectáculo para el alumnado de escuelas cercanas y talleres en institutos que impartían los artistas que esa tarde actuarían en el centro cívico.

Uno de los puntos del documento 'Fem Cultura. Pla de Drets Culturals de Barcelona' presentado por el ICUB habla de "desbordar el espacio físico de los equipamientos culturales abriéndose al espacio público". Es algo que ya hace el Centre Cívic Albareda cuando programa actividades en el Parc de les Tres Xemeneies como el festival Periferia Beat. "Sería vital", suspira Llopis, "porque cuando programamos fuera del 'casal' es cuando llegamos a más público, a ese que no suele entrar al 'casal'". Además, añade, programar fuera del recinto "sería ideal para acoger otras disciplinas. Los equipamientos tienen la altura que tienen y no puedes programar circo". Por eso lanza una idea: "Los patios de escuela serían estupendas pistas de circo: grandes, perimetrados y con lavabos".

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