Plan pionero

Barcelona quiere zonas gratis en los museos para los vecinos, entre otras nuevas medidas culturales

  • Con un presupuesto de 68,7 millones, el ayuntamiento impulsa 100 acciones concretas para reconocer y reforzar el acceso igualitario de los ciudadanos a la cultura

Taller en la exposición de Martí Anson en Fabra i Coats, este miércoles.

Taller en la exposición de Martí Anson en Fabra i Coats, este miércoles. / Manu Mitru

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

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La cultura es un derecho y no un privilegio. Con esta divisa tatuada en la frente y los antebrazos, el Ayuntamiento de Barcelona ha diseñado un plan pionero destinado a reconocer y consolidar los derechos culturales de los ciudadanos a través de un centenar de acciones específicas, a desarrollar en los próximos dos años (hasta 2023), que combinan el doble propósito de reactivar los sectores culturales, deprimidos tras más de un año de pandemia, y luchar contra las desigualdades. La ambición del plan Fem Cultura, que ha sido presentado por la alcaldesa Ada Colau y que llegará al plenario del consistorio el próximo 30 de abril, desborda el marco local, puesto que aspira a convertirse en una referencia internacional que fomente la aparición de iniciativas similares en otras ciudades del mundo y abra camino al reconocimiento formal de los derechos culturales a escala global.

Ada Colau, en la presentación del plan Fem Cultura.

/ RICARD CUGAT

El derecho a la cultura ya está presente en textos normativos como la Constitución española o el Estatut d’Autonomia de Catalunya, pero, tal como apuntó el teniente de alcalde de Cultura, Educación, Ciencia y Comunidad, Joan Subirats, “forma parte de ese grupo de derechos que no se consideran exigibles”. La voluntad del nuevo plan municipal es, pues, “cambiar ese estatus” y equiparar el derecho a la cultura a otros pilares fundamentales de la sociedad del bienestar nacida en el siglo XX como el derecho a la sanidad y el derecho a la educación. Blindarlo, en definitiva.

Una transformación necesaria

“Necesitamos la cultura para tener una vida digna y plena, para ser ciudadanos autónomos y críticos”, subrayó Colau, que destacó que la administración municipal es la que más recursos destina a la cultura (un 6% del presupuesto total, frente al 1% de la Generalitat). La alcaldesa recordó que el plan llega en un contexto de crisis sanitaria mundial que ha dejado en una situación muy precaria a buena parte del tejido cultural de la ciudad y que ha puesto de relieve que “no es posible posponer más las grandes transformaciones”. “Esto -añadió refiriéndose al plan Fem Cultura- no es un ‘bolet’, no es una improvisación, sino que es el fruto de un trabajo de años que ahora la pandemia nos ha demostrado que era absolutamente necesario”.

La iniciativa no se queda esta vez en el marco retórico de las buenas intenciones. El Plan de Derechos Culturales de Barcelona nace con una dotación presupuestaria de 68,7 millones de euros, de los que 42,5 millones proceden de los programas ordinarios del Institut de Cultura (Icub), 9,1 corresponden a inversión en nuevos equipamientos y 17,1 se destinan con carácter extraordinario a la puesta en marcha del plan. Y abarca un centenar de acciones concretas diseñadas para garantizar el acceso de la ciudadanía a la cultura a partir de ocho principios generales: el fomento de la diversidad y la multiculturalidad, la defensa de la lengua catalana como motor de cohesión social, la perspectiva feminista, la transparencia en la gestión, la transversalidad, la descentralización, el reconocimiento de la realidad metropolitana y la sostenibilidad.

El delegado de Derechos Culturales del Ayuntamiento, Daniel Granados, desgranó algunas de esas acciones específicas que, entre el próximo mes de junio y junio del próximo año, se pondrán en marcha bajo el paraguas del nuevo plan. Entre ellas, promover la implantación de la sexta hora lectiva para actividades artísticas en la escuela pública (un propósito que sigue el modelo que se aplica en los países nórdicos y que, en cualquier caso, deberá ser avalado y ejecutado por la Generalitat, que es la que tiene las competencias para ello) y replantear la política de precios y servicios de los museos de Barcelona a fin de favorecer el acceso de la ciudadanía, con el horizonte puesto en la gratuidad (al menos, en las visitas a las colecciones permanentes) como “un escenario posible”.

La Casa de la Música

Otras propuestas cuya ejecución sí depende por completo del ayuntamiento están más avanzadas. Algunos ejemplos de índole muy diversa: desplegar un nuevo programa de becas para la creación y la innovación en prácticas culturales, abrir la Casa de la Música de Barcelona (en la actual sala Barts) como ente vertebrador de la actividad musical de la ciudad, crear un plan de residencias artísticas (y pasar de los cinco espacios actuales a 20), diseñar el programa de la Bienal de Arte Manifesta 2024, impulsar el ya anunciado programa de Bajos de Protección Oficial con alquileres asequibles para usos culturales, reforzar el programa Barcelona Districte Cultural, ampliar el número de escuelas municipales de música y artes, crear un programa de fomento y apoyo al arte urbano (que tendrá como referente el centro El Cilindre de Horta), elaborar una Carta municipal de derechos digitales y promover el uso de la moneda complementaria REC para la participación en actividades culturales.

Es solo una pequeña muestra. Todas esas acciones y muchas más que hoy por hoy se hallan en diferentes fases de concreción y desarrollo quedarán recogidas en nueve medidas de gobierno que se irán presentando y desplegando en el curso de los próximos meses y que responden a otras tantas líneas generales de actuación: cultura en los barrios y acción comunitaria, cultura de base y sectores culturales, culturas populares, cultura y educación, cultura feminista, cultura y espacio público, cultura y derechos digitales, museos y bibliotecas.

Un centenar de entidades

En la presentación del proyecto Fem Cultura, Granados hizo hincapié en que el plan no pertenece solo al Gobierno municipal, sino que es el resultado de las aportaciones de “todo el tejido social y cultural de Barcelona”. En la memoria del proyecto aparecen consignadas hasta un centenar de entidades, organizaciones y empresas que en mayor o menor medida han participado en la elaboración del plan, una lista en la que figuran tanto instituciones del tamaño y la importancia del Gran Teatre del Liceu o el Festival Sónar como el grupo de arpilleras de Congrés-Indians o la asociación de jóvenes estudiantes gitanos de Bon Pastor Rromane Siklovne.

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A todos ellos el ayuntamiento ha prestado sus oídos con el fin de incorporar sus demandas y sus aportaciones a este ambicioso plan que enmarca toda la política cultural del consistorio en una dinámica de derechos ciudadanos. Fem Cultura es el resultado.