Ensayo literario

Siri Hustvedt: «A la mujer se la ha relacionado con el cuerpo y al hombre, con la mente»

La autora norteamericana publica 'Los espejismos de la certeza', una serie de reflexiones marcadas por la neurociencia y el feminismo.

 La escritora estadounidense Siri Hustvedt, en el Instituto Cervantes de Londres en el 2019.

La escritora estadounidense Siri Hustvedt, en el Instituto Cervantes de Londres en el 2019. / ISABEL INFANTES

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El estudio de Siri Hustvedt en su casa de Brooklyn, en Nueva York, parece tan ordenado y acogedor como su propia mente. En ese espacio y durante más de 30 años se han gestado novelas y también ensayos nacidos de su interés por la neurociencia y su activismo feminista. ‘Los espejismos de la certeza’ (Seix Barral / Ed. 62), sobre la vinculación entre cuerpo y mente, aúna estas dos disciplinas para llevarnos a conclusiones inspiradoras y apasionadas.

A través del zoom, la escritora cuenta cómo toda su familia -sí Paul Auster incluido- está ya vacunada porque con Biden la campaña está yendo muy deprisa. También pasa revista a los libros visibles en su biblioteca, como la obra completa de Sigmund Freud.

El feminismo ha dirigido muchos reproches a Freud. ¿Cree que sus ideas siguen siendo válidas?

Llegué a los libros de Freud cuando tenía 15 años a través del libro de Kate Millet sobre política sexual, así que a diferencia de muchas lectoras, mi camino fue a través del feminismo, lo que no es usual. Ahora nos resulta muy difícil aceptar la vieja idea de Freud de que la sexualidad está en el centro de todo, pero hay otros conceptos suyos muy interesantes.

Freud se reveló contra el poder de su madre y todo lo desplazó a la figura del padre y eso marcó sus teorías.

Freud se reveló contra el poder de su madre y todo lo desplazó a la figura del padre y eso marcó sus teorías.  

Él también fue un defensor de que la mente y el cuerpo son entidades distintas.

Sí. Empezó investigando la histeria que sí vincula directamente mente y cuerpo pero pronto abandonó esa vía para centrarse en el nivel psicológico.

Desde Freud hasta ahora ha llovido mucho ¿Por qué sigue funcionando el mantra de que el cuerpo y la mente no tienen conexión?

Esa dicotomía se remonta al siglo XVII con Descartes pero aunque ya no sea una idea aceptada comúnmente se sigue filtrando en nuestro pensamiento científico por lo menos hasta el nacimiento de la neurociencia. Eso llevó, por ejemplo, a una cierta decepción en la década de 1980 cuando creyeron que la mente se podía descodificar a partir de un sistema simbólico e instalarse en una máquina. Todavía hoy no hemos conseguido que un robot camine de una forma verosímil porque no encarna ninguna realidad.

¿Cree que a los científicos les falta una formación más humanista para tener una mirada más transversal?

Recientemente di una conferencia en un hospital de Massachusett y tuve una charla con los médicos de allí sobre el Alzhéimer y la demencia. Uno de ellos me preguntó para qué necesitaba leer filosofía si lo que él hacía son escáneres cerebrales.  

Mirado así, no parecen tener relación.

Creo que a los científicos les falta el conocimiento de su propio campo de estudios que solo adquirirían a través de marcos filosóficos. ¿Para qué? Para cuestionarse las ideas preconcebidas que se arrastran en sus campos de estudio.

¿Ideas de qué tipo?

Hay una muy clara y que va más allá de la medicina. A las mujeres se las ha relacionado con el cuerpo y a los hombres, con la mente, con el intelecto. Esta brecha lo que hace es dificultar que las mujeres puedan ser consideradas en el ámbito de la cultura. Además, desde Platón, en el mundo occidental todo nuestro pensamiento, también el pensamiento religioso, se dirige a que debemos escapar de nuestro cuerpo. A que el cuerpo no es tan digno como la mente.

Hay muchas mujeres en el mundo de la ciencia: zoólogas, biólogas y médicas. Pero en contrapartida, no suelen estar en la cumbre de la autoridad.

Y eso nos lleva al viejo debate sobre las mujeres científicas. A su reducida participación en materias como la física o las matemáticas.

Si echas un vistazo a las cifras hay muchas mujeres en el mundo de la ciencia: zoólogas, biólogas y médicas. Pero en contrapartida, no suelen estar en la cumbre de la autoridad.

¿Por qué?

Porque la ciencia tiene una configuración masculina y el ejemplo que has mencionado, la física y las matemáticas, se ha convertido en un coto de hombres y eso ha revertido en la alta consideración que tienen esas materias científicas frente a otras. Estoy convencida de que si ahora las mujeres empezaran a copar los estudios de física y matemáticas el estatus de esas áreas caería. Esto lo hemos visto en la literatura, cuando yo estudié en la Universidad de Columbia casi todos los profesores y los alumnos eran hombres, ahora la reputación de las Humanidades ha caído porque hay mucha más mujer. Y esto es por el hecho de que se considera que a la mujer le falta autoridad y la autoridad es poder legítimo. Tenemos que plantearnos esas cosas para cambiarlas.

Cada cierto tiempo los medios de comunicación se hacen eco de teorías que intentan demostrar que el cerebro de la mujer y el del hombre son distintos.

A los medios les gusta recoger esas perogrulladas porque ratifican los lugares comunes: los hombres son más activos, las mujeres más emocionales. Los estudios que refutan estas ideas no suelen llegar a los medios.

¿Sus libros son bien aceptados por la academia científica?

Habrá a quienes no les interese, pero he recibido muy buena respuesta. Durante la pandemia he formado parte de un grupo de psiquiatras, científicos, historiadores y pensadores que hemos intentado dar algunas respuestas a la terrible situación que ha vivido Estados Unidos con el auge populista.

Me interesa la conexión entre los síntomas psicóticos y esquizofrénicos y las formas de teoría de la conspiración que han aflorado con fuerza durante la pandemia.

¿La psiquiatría tiene algo que decir al respecto?

En un seminario que di en la facultad de Psiquiatría de la Universidad de Cornell estuvimos comentando la conexión entre los síntomas psicóticos y esquizofrénicos y las formas de teoría de la conspiración que han aflorado con mucha fuerza durante la pandemia. Un esquizofrénico suele establecer un sentido enloquecido en determinadas señales: las matrículas de los coches, por ejemplo, encierran un mensaje secreto. Naturalmente no tengo respuesta pero es una vía para profundizar en ella.

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¿Haber tenido a un personaje tan psíquicamente inestable como Trump ha exacerbado esta tendencia?

Por supuesto, él refrendaba las conspiraciones y empezó a jugar en esta mitología. Con Biden las cosas se han calmado y me siento más aliviada. Pero aunque el ruido de la ultraderecha no truena tan fuerte, no hay que olvidar que sigue ahí, insistiendo en su supremacía blanca. No hay que bajar la guardia.