Agravio comparativo

El disco no es cultura para el Govern de la Generalitat

  • Las medidas del Procicat, que permiten abrir las librerías los sábados pero no tiendas de vinilos y cedés, menosprecian la música grabada

Una imagen de la tienda de discos Revólver, de Barcelona, en 2017.

Una imagen de la tienda de discos Revólver, de Barcelona, en 2017. / Ricard Cugat

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"Creo que si preguntases a un ministro si los discos tiene forman triangular, te diría que sí". Con esta contundencia se expresa Jesús Mayor, responsable de Disco 100, una de las tiendas más veteranas y la que posee un estoc más amplio: 115.000 referencias que van del jazz al pop y de la clásica al heavy. Como el resto de los establecimientos del ramo, esta tienda de Gràcia debe acatar la normativa del Procicat y no puede subir la persiana los sábados. "Es nuestro día más fuerte de ventas", afirma. Y al ver que las librerías sí abren, se subleva. Su conclusión es esta: “Las tiendas de discos no somos cultura, según el Govern”.

Mayor no se muestra sorprendido. Esta distinción discriminatoria entre libros y discos no es nueva. “El disco tiene un IVA del 21%, como el alcohol, mientras que el del libro es del 4%. Por lo tanto, el disco es considerado como no cultura”, insiste. Algo parecido dedujo Raül Chamorro, dueño de la tienda Ultra-Local, del Poblenou: “Ya lo vimos cuando empezó la pandemia y aparecieron aquellos bonos para incentivar el consumo cultural: eran para comprar libros, para ir al cine... Nadie pensó en las tiendas de discos. No por nada: simplemente, porque no saben que existimos”, lamenta. El volumen de ventas de los sábados había llegado a suponer el 50% de la facturación de Ultra-Local.

En Revólver, otro referente del sector, con dos establecimientos en la calle de Tallers, estiman que las ventas del sábado suponían un 20% de su facturación. Y denuncian un abandono que viene de largo: “Hace años se presentó un escrito conjunto al Govern reclamando que el IVA pasase a ser del 4%. No sirvió de nada. No ha habido voluntad desde ninguno de los gobiernos para ayudar a este sector, que solo se ha salvado gracias a los fans de la música”, aclara Lluís Sureda. “Nuestra parroquia se adapta, pero entre semana la gente tiene trabajos y no se puede mover mucho”, lamenta Chamorro. Ahora el viernes Ultra-Local no cierra ni para comer. Pero la costumbre de ir con calma un sábado y pasarse horas curioseando en las cubetas ha quedado aparcada.

Cambio de hábitos

Rhythm Control es una tienda de música electrónica que convive en las Galerías Olimpia de la Ronda de Sant Antoni con otras tres tiendas especializadas en segunda mano y sonidos de baile. En las últimas temporadas se había convertido en lugar de peregrinación para rastreadores de vinilos ilocalizables. El 8 de febrero de 2020 organizaron su primer mercadillo. La experiencia fue un éxito. Un mes después llegó la pandemia y ya no hubo más. Tony Manejas, su propietario, también considera “ilógica” la discriminación entre tiendas de discos y librerías. Y detecta que la pandemia ha acelerado un cambio de hábitos: “Cada vez viene menos gente a pasar la tarde y rebuscar. Yo hago un post en Instagram o Facebook anunciando las novedades que me han llegado y al momento me reservan todas las copias. Cuando vienen a recogerlas a la tienda, solo se llevan lo que había encargado y ya no miran en las cubetas”, expone. 

También en Ultra-Local tienen un canal de Instagram en el que presentan sus novedades. “Y si un cliente no puede venir a buscar el disco, se lo llevamos a casa”, explica. El propio Chamorro coge la bicicleta y pedalea a donde haga falta. Estas tiendas pequeñas en las que el dueño es también dependiente, jefe de compras, telefonista y recadero, hacen lo que sea para subsistir. Negocios más grandes lo viven distinto. En Disco 100 son cuatro trabajadores y necesitarían uno más, pero en la actual situación no se atreven a contratar a nadie más. En Revólver aún tienen a dos trabajadores en ERTE. Si algo envidia Chamorro de las librerías, además de la posibilidad de abrir los sábados, y, ya puesto, sus cifras de facturación, es que están mucho mejor articuladas como sector.

En Barcelona apenas quedan una veintena de negocios de venta de vinilos y cedés y el flujo de público es más que relajado. Sus posibilidades de disparar los contagios son remotas. “Aquí siempre hemos sido cuatro gatos: en pandemia y en prepandemia”, reconoce el dueño de Ultra-Local. “Pero, ya en general, yo nunca he visto grandes masas haciendo cola para entrar en una tienda de discos”, añade. Esas escenas pertenecen al siglo XX. La venta de discos ya estaba en crisis antes de la llegada de la pandemia, de modo que la mayoría responden con un "vamos tirando". Lo cual no resta que este doble rasero aplicado a librerías y tiendas de discos les parezca injusto y que tras él perciban un abandono total por parte de las instituciones. “Lo asumes, te indignas lo justo y lo aceptas porque hay gente que lo está pasando peor”, resume Chamorro.

Beethoven no es esencial

El pasado 22 de septiembre, el Parlament de Catalunya declaró la cultura como bien esencial. A aquella solemne declaración institucional se ha aferrado el sector cultural una y otra vez cuando reclama poder seguir ejerciendo su trabajo en pandemia. Este enero, cuando el Procicat anunció que las librerías sólo podrían abrir entre semana, la Conselleria de Cultura se puso manos a la obra para que, en tanto que proveedores de cultura, también pudiesen despachar los sábados. Al cabo de unas semanas, el conflicto de las librerías estaba resuelto. En este asunto, la única respuesta que da la Conselleria de Cultura es la siguiente: “No llevamos el tema de las tiendas de discos”. “Si el pobre Beethoven levantara la cabeza... ¡Beethoven no es cultura!”, exclama el dueño de Disco 100.

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Conselleria de Cultura

A falta de visitantes en las tiendas, el escaparate y las estanterías van perdiendo su función. Función que ahora cumplen los posts en las redes sociales. “La gente se ha acostumbrado a comprar online y con los discos pasa igual. Quieren verlo antes en la pantalla. Es un rollo porque yo no puedo promocionar disco por disco todo lo que tengo en la tienda, pero de esta manera la gente acaba comprando solo lo que anuncias en Facebook”, diagnostica. “Y si dejara de hacer esos posts, el 80% de gente ya no vendría a la tienda”, intuye. Todo ello, va desdibujando el papel de la tienda de discos como punto de encuentro, espacio de conversación y lugar en el que descubrir por uno mismo.

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