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El diccionario de lo berlanguiano

La Real Academia Española normativiza el concepto que define el estilo del famoso cineasta español

’Bienvenido, Mister Marshall’, de Berlanga

’Bienvenido, Mister Marshall’, de Berlanga

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Quim Casas / Beatriz Martínez

El adjetivo ‘berlanguiano’ ya forma parte del diccionario de la RAE. Es una de las 2.550 palabras que se han añadido a esta última actualización 23.5 y su incorporación coincide precisamente con el décimo aniversario de la muerte del cineasta valenciano. Se suma así a ‘buñueliano’, cuyo uso se normativizó hace diez años. Se trata de una demanda que se remonta al2008, cuando José Luis Borau ocupó el sillón B de la Real Academia Española. En su discurso de ingreso en la institución explicó las razones de su propuesta que se podrían resumir en que se trata de una palabra que sirve para describir personajes o situaciones de la vida cotidiana.

En efecto, Luis García Berlanga, a lo largo de sus películas, supo capturar la idiosincrasia española a través de un estilo y un universo a medio camino entre la sátira y el disparate con el que no resulta complicado sentirse identificado. Y ese espíritu caótico y burlesco a la hora de hablar tanto de nuestros problemas políticos y sociales como de nuestras penurias íntimas, se ha quedado incrustado en nuestro imaginario colectivo.

Ahora, esa forma de mirar y retratar el mundo ya tiene por fin una definición oficial: “Perteneciente o relativo a Luis García Berlanga, cineasta español, o a sus obras. Estudios berlanguianos. Que tiene rasgos característicos de la obra de Luis García Berlanga. Una situación berlanguiana”. Pero ¿qué es realmente “lo berlanguiano”?

Esperpento para representar la realidad

A lo largo de sus películas el director se ha convertido en cronista de la historia de España desde un punto de vista profundamente crítico. No se privó de cuestionar a ningún estamento, desde la Iglesia al poder político y militar, testimonió los años del franquismo y más tarde los de la Transición para evidenciar sus miserias y siempre utilizó el humor negro como arma subversiva.

Su misión, distorsionar la realidad sin que perdiera su esencia para que nos riéramos de ella como si se tratara de algo frívolo cuando por debajo corría a raudales una enorme carga de bilis.

Nino Manfredi, en 'El verdugo'.

Berlanga es heredero directo del esperpento de Valle-Inclán. Valleinclanesco, también admitido por la RAE, se define como la forma en la que se deforma sistemáticamente la realidad recargando sus rasgos grotescos y absurdos.

Pequeñas poblaciones castellanas que se disfrazan de andaluces para recibir a los americanos o que se inventan milagros para que vuelva el turismo, señoras que organizan campañas benéficas falsas para atender a los pobres en Nochebuena. La picaresca y lo chapucero elevado a la categoría de elemento idiosincrático.


Festivo y fallero

El espíritu berlanguiano se encuentra directamente relacionado con la procedencia mediterránea, y concretamente valenciana, del director. Con las fiestas, las tracas, el barullo, la plantà, los ninots, el caloret, la paella y la fanfarria. En definitiva, con las fallas. Al fin y al cabo, el propósito de estos monumentos efímeros tiene que ver con la necesidad del pueblo de satirizar la realidad que le rodea a través del elemento excesivo y distorsionado que se convierte en un símbolo que se crea para después destruirse a través del fuego a modo de ejercicio de catarsis colectiva. 

Edmund Gwenn, en 'Calabuch'.

No resulta casual que una de sus películas más personales fuera ‘Calabuch’ (1956). En ella pone de manifiesto su carácter mediterráneo, su necesidad de alejarse del sentido trágico de la vida y en vez de regodearse en los problemas, tirar fuegos artificiales y reivindicar el placer por el placer.

Su última película, ‘París-Tombuctú’ (1999), conecta directamente con ‘Calabuch’ desde una mirada crepuscular y, a modo de testamento, aparecen todas sus obsesiones. Quizás por eso, puede que la escena de la paella gigante en la plaza del pueblo funcione como un resumen a modo de epitafio de toda su obra.


Sentimiento coral

En lo berlanguiano tiene especial importancia el sentimiento coral. Prácticamente todas las películas del director tienen multitud de personajes protagonistas. Berlanga retrata microcosmos, sea pequeñas localidades costeras o zonas de grandes ciudades, sea barrios humildes o grandes extensiones de campo donde aristócratas, burgueses e industriales practican la caza. La máxima expresión de esa coralidad es ‘¡Bienvenido, Míster Marshall!’ (1953). También ‘Calabuch’, ‘Los jueves milagro’ (1957), ‘La vaquilla’ (1984), ‘Moros y cristianos’ (1987) o la saga de los Legineche inaugurada con ‘La escopeta nacional’ (1978).

Mónica Randall y José Sazatornil, en 'La escopeta nacional'.

Y porque se trata de agrupar a tantos personajes relevantes no en la historia, sino en un mismo plano, Berlanga empezó a utilizar pronto el plano-secuencia, lo que le permitía tener siempre en foco a todos y remarcar aún mucho más ese sentimiento coral que ningún otro director ha practicado como él en el cine español.


El placer del secundario

Ligado a la coralidad aparece otro de los aspectos relevantes de Berlanga. Si los llamados secundarios son esenciales en su cine, no lo son menos los intérpretes que escogió para encarnarlos, una fecunda galería de comediantes a los que acabó convirtiendo en rostros plenamente berlanguianos, indisociables de su estilo.

El más importante sería Manuel Alexandre, uno de esos grandes intérpretes que parece ausente, pero siempre está. A Cassen solo lo dirigió en una ocasión y le dio rango de protagonista en ‘Plácido’ (1961). José Isbert trabajó con todos los cineastas españoles de los 40 y 50, pero se le recuerda sobre todo por sus composiciones en ‘¡Bienvenido, Míster Marshall!’ (¿puede haber un alcalde de Villar del Río mejor que él?), ‘Calabuch’, ‘Los jueves milagro’ y ‘El verdugo’ (1963), en su papel de experto en el garrote vil.

También José Luis López Vázquez, Amparo Soler Leal, José Sazatornil (convertido en empresario catalán y pactista en ‘La escopeta nacional’), Luis Ciges, Agustín González y, sobre todo, Luis Escobar, ni más ni menos que el séptimo marqués de la Marismas del Guadalquivir, recordado por su papel del marques de Legineche.


Erotómano

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Michel Piccoli, en 'Tamaño natural'.

Tan corrosiva como desesperada, ‘Tamaño natural’ (1974) rompe con lo coral para retratar la soledad de un individuo (Michel Piccoli) y su obsesión con una muñeca hinchable. Acusado a veces de misógino, Berlanga describió en este filme un erotismo oscuro, a contrapié de su forma más lúdica de tratar el sexo en otros títulos. La película no encontró su público. Berlanga explicaba que “en Londres se estrenó en los circuitos porno, y a la gente le decepcionó. No conozco a ningún hombre que me haya dicho que se le puso gorda viendo la película”. Como buen erotómano y 'voyeur', Berlanga dirigió para la editorial Tusquets una serie de literatura erótica llamada ‘La sonrisa vertical’. En el 2018, ocho años después de su muerte, salieron a subasta los cerca de 3.000 volúmenes de arte y literatura erótica que Berlanga había coleccionado a lo largo de toda su vida.