21 oct 2020

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CRÍTICA

Con Pau Casals en el recuerdo

Un concierto con luces y sombras conmemoró el centenario de la orquesta creada por el músico en 1920

Pablo Meléndez-Haddad

El violonchelista Pau Codina y el director Salvador Mas en el concierto de la OCM en el Palau de la Música.

El violonchelista Pau Codina y el director Salvador Mas en el concierto de la OCM en el Palau de la Música. / MARTI E. BERENGUER

El Palau acogió un concierto conmemorativo del centenario de la Orquesta Pau Casals, un conjunto legendario en la historia de la música local y pionero en muchos sentidos. Antes, la presidenta del Palau, Mariona Carulla, destacó la creación de esa iniciativa, "un proyecto sinfónico que Casals puso en marcha en 1920. El Palau fue la sede del conjunto", recordando que en ese mismo escenario la orquesta realizó sus ensayos y sus temporadas. Un homenaje y reconocimiento al legado del músico de El Vendrell que también subrayó Jordi Pardo, director de la Fundació Pau Casals, apuntando a la calidad artística y humanista del violonchelista, director y compositor catalán.

El programa comenzó reproduciendo la misma obra que inauguró la trayectoria de la Orquesta, la 'Suite núm. 3 en Re mayor' de Johann Sebastian Bach, junto a otras dos obras favoritas del recordado maestro. Para ello se contó con la participación de la Orquestra Simfònica Camera Musicae dirigida por Salvador Mas. La hermosa obra bachiana, a cargo de una treintena de intérpretes, convenció más que nada en su popular 'aria', ya que en el resto de las danzas el sonido no acabó de proyectarse equilibradamente, con los vientos y el timbal casi en primer plano, sumado todo ello a un exceso de entradas nerviosas. Faltó, en definitiva, adecuada acción de conjunto.

Las cosas mejoraron bastante con Schumann y su 'Concierto para violonchelo en La menor, Op. 129', con un entusiasta Pau Codina al violonchelo. El conjunto, ampliado hasta algo más de 30 profesores, sonó aseado y con todo en su sitio, mientras el solista demostraba su valía y temperamento alcanzando en el breve 'Langsam' ('adagio') momentos muy emotivos. Los aplausos insistentes de una parte del público consiguieron que Codina regalase como propina un sentido 'Cant dels ocells'.

La velada concluyó con Mozart y su popular 'Sinfonía N° 40', en la que nuevamente se apreció poca complicidad, salvo en el 'andante', de transparente sonido, y en un 'menuetto' bien llevado por el maestro.