CAMINO A SEGUIR PARA UN SECTOR AL LÍMITE

El test rápido da esperanzas a la música en directo

Promotores y salas exploran la vía de la prueba de antígenos para permitir aumentar los aforos, que se someterá este mes a una prueba piloto en Apolo

Resultados de tests rápidos de antígenos en Bombay.

Resultados de tests rápidos de antígenos en Bombay. / AFP / INDRANIL MUKHERJEE

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Jordi Bianciotto

El test rápido ha generado en las últimas semanas uno de los poquísimos rayos de luz que se abren paso en las tinieblas de la música en directo. Salas y promotores de conciertos, un sector severamente disminuido por la pandemia, ven ahí un atisbo de esperanza. Las atenciones están ahora centradas en la prueba piloto, el “estudio clínico de cribaje masivo”, que promueven conjuntamente el festival Primavera Sound, la Fundación Lucha contra el Sida y las Enfermedades Infeccionas, y el hospital Germans Trias i Pujol, y que se realizará en una fecha por determinar de este mes de octubre en la sala Apolo.

Pintar la prueba reduciéndola al trámite de un test rápido a la puerta de local es quedarse muy corto, puesto que los asistentes, más de un millar, deberán someterse a un protocolo minucioso que se extenderá más allá del día del concierto. Los participantes responderán primero a un cuestionario, pasarán luego por el test rápido de antígeno (un proceso de 10 minutos) y la mitad de ellos se harán también un PCR antes de entrar en la sala. Quienes den positivo no podrán participar en el estudio.

Otra prueba ocho días después

Los asistentes que hayan dado negativo accederán a la sala, donde podrán moverse sin guardar distancias, pero llevando la mascarilla, excepto cuando consuman bebida en unos puntos establecidos. Ocho días después, un nuevo test rápido y un segundo PCR. Y quienes den entonces positivo procederán a un seguimiento “exhaustivo” en la Fundación, mientras que los negativos responderán un cuestionario de síntomas. Los resultados serán entonces evaluados y se anunciarán “cuando están disponibles”.

Los impulsores de la prueba, encaminada a avanzar en la “creación de un ambiente seguro” para “acontecimientos relacionados con el ocio en espacios cerrados en tiempos de covid-19”, no darán por ahora más detalles, ni harán pública la fecha del concierto, que desearían poder desarrollar fuera del foco mediático, contando con la implicación de voluntarios procedentes del sector profesional. Transmiten la idea de que no se trata de un espectáculo, sino de una prueba médica.

El examen alemán

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El estudio que acogerá Apolo va en línea con las iniciativas surgidas en otros lugares del mundo y que apuntan a la recuperación de los grandes aforos. Como el que acogió a finales de agosto el Leipzig Arena, en Alemania, con 1.500 participantes, y cuyos resultados deben ver la luz este otoño. Allí se trataba de evaluar cómo se transmite el virus en un gran recinto bajo techo, y se realizaron tres conciertos (del cantante Tim Bendzko): uno en las condiciones pre-covid-19, otro con distancia social y medidas higiénicas, y el tercero con solo la mitad de asistentes y la distancia aumentada hasta metro y medio.

A la espera de otros avances clínicos, el test rápido entra en escena aun con todas las dudas que pueda generar en el plano logístico (el dispositivo de validación que requeriría si hablamos de grandes recintos) y la posibilidad, en el horizonte, de reducir el proceso de 10 minutos y dejarlo en 10 segundos. Transmite, cuando menos, esperanza a un sector en el que campa la angustia y se advierte de quiebras y cierres a corto plazo.