05 ago 2020

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CULTURA DE CORONAVIRUS

Sant Jordi de verano perimetrado y desinfectado

La nueva fecha del Día del Libro y de la Rosa, el 23 de julio, se celebrará con unas condiciones de seguridad durísimas

Elena Hevia

Multitudes en la Diada de Sant Jordi del año pasado, una imagen que no se repetirá este. 

Multitudes en la Diada de Sant Jordi del año pasado, una imagen que no se repetirá este. 

Habrá quien quiera llamarlo Sant Jordi de verano, pero la Cambra del Llibre la encargada de organizar la tradicional' Diada del Llibre' en abril no quiere oír hablar del término. El próximo 23 de julio “se parecerá a Sant Jordi porque habrá puestos en la calle, autores y firmas”, según anunció este miércoles Patrici Tixis, presidente de la Cambra, pero lo cierto es que  la semejanza será la del huevo en relación a la castaña. “No será Sant Jordi”. No habrá selfies, ni apretón de manos al autor o a la autora deseados, ni siquiera un triste codo con el que chocar el propio, porque situarán qa los escritores a una distancia higiénica de tres metros. La temperaturas de julio han obligado, además, a alargar los horarios y cerrar los puestos alrededor de las 11 o las 12 de la noche, porque evidentemente habrá horas en las que será temerario acercarse.

La fiesta, es evidente, no será tan festiva porque las condiciones, “durisímas”, obligarán a reducir el número de puestos de venta de libros, unos 110 que se reunirán en el núcleo duro de la celebración, en la calzada central de las cinco manzanas del Paseo de Gràcia que discurren entre Plaza de Catalunya y la calle València y trasformar cada uno de los tramos en algo parecido a una plaza cerrada, perimetrada en el argot habitualmente utilizado por las fuerzas de seguridad,  donde a) se venderán libros y b) se firmarán, ya sea con cita previa o bien con la llamada cita exprés, es decir presentándose allí y poniéndose a la cola, lo de siempre, vamos. Una cola que mantendrá la distancia habitual de dos metros, mascarillas, gel a la entrada y a la salida y todo el corolario coronavírico.  La idea es que los accesos, tanto a) como b), sean como líneas paralelas, esas que por mucho que se prolonguen nunca se encuentran. Y que la gente, dentro de un aforo controlado, circule en un único sentido, así que por donde se entre no se podrá salir. 


A esos 110 puestos del centro -nadie se planteaba la posibilidad de hacer algo en la tradicional y atestada Rambla de Catalunya- hay que sumar las casi 90 librerías que prefieren ser prudentes, no sumarse a una posible melé en el Paseo de Gràcia  y colocar una mesa con libros en la puerta del establecimiento. 

Todo puede ocurrir

La Cambra del Llibre de Catalunya,  donde se reúnen todas las asociaciones del sector editorial con un protagonismo particular en Sant Jordi del Gremi de Llibreters, sabe bien que todo puede ocurrir, dadas las condiciones actuales y con la covid-19 dando todavía fuertes coletazos -lo que ha obligado, de momento, al Segrià y a Lleida a suspender las actividades de calle del 23 de julio.  “La incertidumbre nos obliga a ser muy flexibles tanto en los planteamientos como en las soluciones”, dice Tixis, quien sin embargo está convencido de que este Día del Libro (y de la rosa) se celebrará porque las condiciones de seguridad propuestas son “más estrictas de lo que en la actualidad exige la ley”. Claro está que la decisión final la tendrán las autoridades municipales de las distintas localidades como ha ocurrido en Reus que han decidido no celebrarlo. Así cada ayuntamiento podrá optar entre tres opciones: las áreas perimetradas y controladas, los puestos delante de la librerías y la venta dentro del establecimiento con cita previa, que es la más estricta y protectora. 

Otra de las características inéditas en esta jornada extraña será la exigencia de profesionalización en la venta de libros y rosas. La concurrencia estará muy alejada por lo tanto de las cifras del año pasado que contabilizaron 1066 concesiones por parte del Ayuntamiento de Barcelona de particulares, entidades sociales y políticas y onegés, de las cuales 246 pertenecían al sector del libro y que este año han quedado reducidas a un total  de 200. 

Los que vendrán 

En las áreas cerradas del Paseo de Gràcia,  en Barcelona, los autores como ya sucedía en la mayoría de los casos en ediciones anteriores, tan solo permanecerán en el lugar asignado para la firma durante una hora e irán cambiando de localización a fin de no provocar un efecto de concentración indeseado. Y en este capítulo de número de autores que participarán en la fiesta, parece evidente que también se producirán recortes respecto al pasado. Los locales serán los grandes protagonistas -aunque tradicionalmente ya suelan serlo-. Todavía está por ver quienes serán los pocos valientes de fuera de Catalunya que se decidan a viajar hasta aquí algo que también afectará a la representación de escritores internacionales será este año prácticamente inexistente. De momento, tan solo Edicions del Periscopi ha confirmado la presencia de la autora serbocroata Lana Bastasic, que vendrá a firmar su libro 'Atrapa la llebre' ('Atrapa la liebre', Navona ).

Así, editoriales y librerías están ultimando con un cierto retraso las listas de los autores que sí estarán presentes  y lejanos para que los lectores puedan ir haciendo sus peticiones de firmas, que podrán recogerse el 23 de julio o bien un día antes, aunque el tradicional descuento del 10% solo se aplicará el día D. 

Este año, la rosa blanca 


Está muy claro que pese a variados intentos de darle otros color y otra significación a la rosa de Sant Jordi, la flor  más solicitada siempre es roja, símbolo del amor y del aprecio en los más variados formatos.  La rosa roja ocupará, por lo tanto, el 90 % de los puestos de flores del día.  

Este año, el color especial de esta jornada especial será el blanco. La rosa blanca era para el poeta cubano José Martí el símbolo de la amistad y ese sentimiento fraternal y esperanza es el que se quiere asociar a la rosa que compartirá  protagonismo con la roja. 

El gremio de floristas calcula que se venderán unos dos millones de rosas, lo que supondría en el mejor de los casos un 30% de las ventas de un Sant Jordi normal. Buena parte del abastecimiento de la flor suele venir  de Colombia y Ecuador, algo que ahora se reducirá. El gran problema serán las altas temperaturas que pueden afectar a su conservación.  Sin embargo, en el gremio están esperanzados con las expectativas.