07 ago 2020

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EXPOSICIÓN EN BARCELONA

El fonógrafo surrealista de Picasso

El Museu Picasso inaugura una estimulante muestra en torno al gramófono 'Jamais', que Óscar Domínguez le regaló al artista malagueño y que se dio por perdido durante más de 80 años

Mauricio Bernal

El fonógrafo ’Jamais’, en la exposición del Museu Picasso. 

El fonógrafo ’Jamais’, en la exposición del Museu Picasso.  / ACN / MAR VILA

Este fonógrafo es especial: porque en su interior habita una mujer, porque tiene nombre, porque perteneció a Picasso, porque es surrealista y porque de su existencia no se tuvo noticia durante más de 80 años, es decir que pertenece al evocador gremio de los objetos perdidos. "Puede llamarme 'Jamais'", diría el fonógrafo si hablara. Le dio vida el artista canario Óscar Domínguez para la Exposición Internacional del Surrealismo que André Bréton y Paul Éluard organizaron en París en 1938, viajó luego a la Galerie Robert de Ámsterdam y luego desapareció, irrevocable y fantasmal. La historia de cómo fue celebrado en su día, de cómo sacó la cabeza del mundo de los muertos y de cómo ha acabado por ser el centro de la exposición que le dedica ahora el Museu Picasso es la que cualquiera con un mínimo de amor por el relato esperaría de algo tan surrealista como un fonógrafo con mujer dentro; un fonógrafo al que llaman 'Jamais'.

'Jamais' fue una de las estrellas de la Exposición Internacional del Surrealismo que albergó París en 1938

La historia comienza en 1938, en el París anterior a la guerra. La Exposición Internacional del Surrealismo era un acontecimiento mundial que quedaría archivado en la hemeroteca no solo por la atención que le prestaron los medios franceses y europeos; también atrajo a los del otro lado del Atlántico. A veces eran textos laudatorios, a veces fustigadores. La revista 'Life' del 7 de febrero de 1938, a 10 céntimos el ejemplar, le dedicaba un amplio reportaje. La revista local 'Voilà' también, pero hablaba de una suerte de cumbre de esnobistas parisinos, pederastas artísticos y lesbianas. En todas o casi todas las publicaciones, 'Jamais' era uno de los objetos destacados. "La habitación de las pesadillas tiene el suelo cubierto de hojas secas, una silla cubierta de hiedra, imágenes de extraños lugares de ensueño. Junto a la cama hay un gramófono llamado 'Jamais' con las piernas de una mujer entrando en la bocina y una mano saliendo por el otro extremo", consignaba 'Life' bajo la imagen de la extraña habitación.

Picasso y el fonógrafo 'Jamais' en una imagen tomada en 1947 en el taller del artista en la calle de los Grands Augustins, en París. / NICK DE MORGOLI

El Iris de las Brumas

La exposición constaba de obras de Dalí, De Chirico, Klee, Man Ray, Joan Miró y el propio Picasso, y más que exposición era una instalación; según las crónicas de la época, la puesta en escena de un universo surrealista. Hélène Vanel, detentora de seudónimos como 'La bailarina surrealista' o 'El Iris de las Brumas', creadora de perturbadores espectáculos que representaba en su piso de la calle Chappe y personaje central de esa historia, fue invitada el 17 de enero a ejecutar una 'performance' que entre otras cosas resaltó el valor del fonógrafo de Domínguez. Su actuación, "al final de la velada, medio desnuda, a la luz de unas linternas y de un brasero" –según el texto del catálogo que firman el director del Picasso, Emmanuel Guigon, y George Sebbag, comisarios de la muestra–, fue sensual y sagrada, disparatada y enigmática, corporal y salvaje; un sueño alocado o una forma de pesadilla. Vanel encarnaba a la bailarina engullida por el aparato. Los comisarios se preguntan si fue primero el huevo o la gallina: si 'El Iris de las Brumas' ajustó su actuación al fonógrafo, o si Domínguez se inspiró en la bailarina y las 'performances' alucinantes que llevaba a cabo en la calle Chappe para crear su inefable objeto. La exposición dedica toda una sala a la figura de la bailarina.

Luego, 'Jamais' viajó a Ámsterdam; y luego, la desaparición.

La obra de arte estaba en un almacén de la familia, dentro de una caja y en no muy buen estado

Ahora se sabe que el aparato no desapareció fantasmalmente ni fue destruido –que también era una posibilidad–, sino que acabó en manos de Picasso. Buenos amigos, Domínguez se lo regaló. La noticia de su resurrección la dieron dos fotos inéditas de Nick de Morgoli halladas en el proceso de preparación de 'La mirada del fotógrafo', la exposición que el museo barcelonés llevó a cabo el año pasado sobre la relación del artista malagueño con la fotografía. Así empezó la resurrección de 'Jamais': en imágenes. Allí estaba, surgido de su particular nada, en las fotos que Morgoli había hecho en el taller de Picasso de la calle de los Grands Augustins: en una aparecen los dos, 'Jamais' y el artista, en la otra solo el fonógrafo. Así que no había muerto. Así que estaba, con suerte, en algún lugar. "Cada vez que veía a alguien de la familia le preguntaba por el fonógrafo", explicó Guigon durante la rueda de prensa previa a la inauguración; si el objeto había sobrevivido después de 1947, los familiares tenían que haberlo heredado. Tal vez estaba en sótano, o en un altillo, desapercibido y abandonado.

Picasso imitando a Óscar Domínguez, en Cannes, en 1957. / ANDRÉ VILLERS

Completa restauración

"Alguien en un almacén ha visto una caja de cartón con unas peanas que sobresalían. Creo que es lo que estás buscando", le dijo un día, finalmente, Catherine Hutin, la hija de Jacqueline Picasso, a Guigon. Para felicidad de Guigon, era el viejo ‘Jamais’ proclamando que nunca había dejado de existir. El viejo y perjudicado 'Jamais': los años le habían pasado y no estaba en las mejores condiciones, pero era cuestión de restaurarlo, y luego homenajearlo con la debida exposición: había mucho que contar. Guigon, el equipo del Picasso y también Sebbag –escritor, amigo en su día de Bréton y cercano, también en su día, al movimiento surrealista– consideran que el hallazgo de 'Jamais' no es nada menos que un acontecimiento en el mundo picassiano.

"Es la resurrección de una obra de arte", dice Emmanuel Guigon, director del museo barcelonés

"Ha sido una restauración pictórica, escultórica y cinética", explicó Reyes Jiménez, responsable del Departamento de Conservación Preventiva y Restauración del museo y responsable de volver a insuflar la vida perdida al estropeado fonógrafo. "Cuando llegó aquí estaba muy deteriorado", señaló. El daño más evidente: el brazo de la bailarina que brota del aparato (a modo de improbable aguja) estaba roto. Por supuesto, los materiales –yeso, hierro, madera…– estaban desgastados. Y el motor; el capital motor. "Era impresindible recuperar el movimiento que le había dado Óscar Domínguez, y para eso había que reparar el motor". El fonógrafo surrealista no suena, pero el motor hace girar el plato donde descansan los pechos de la bailarina engullida, de modo que si el plato no gira el objeto pierde una parte sustancial  de su magia. "De todas maneras, el movimiento del plato es incompatible con la conservación del fonógrafo, así que lo limitaremos a ocasiones especiales".

Cuatro salas

"Es un descubrimiento del Museu Picasso de Barcelona. Es la resurrección de una obra de arte", dijo un emocionado Guigon. La muestra se extiende por cuatro salas que explican con detalle todo esto que hasta aquí es somero, desde la creación del objeto hasta su resurreción, pasando por la exposición parisina, 'El Iris de las Brumas', la amistad de Picasso y Domínguez; y en el centro de todo, el fonógrafo restaurado. Blanco. Dos piernas de mujer sobresalen por el agujero del amplificador. Dos pechos giran en el plato. La mano del brazo que es como una aguja los acaricia. Era un fonógrafo Pathé de pabellón, pero Domínguez lo volvió arte. Y a Picasso le gustaba. Se ve en las fotos.