13 ago 2020

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ENTREVISTA

Loquillo: "En el peor momento, la poesía es la respuesta"

El cantante del Clot estrena en Fes Pedralbes el concierto 'La vida por delante', entente con Gabriel Sopeña en la que recorre sus adaptaciones de textos poéticos

Jordi Bianciotto

Loquillo, que este viernes actúa en el Fes Pedralbes en alianza con Gabriel Sopeña. 

Loquillo, que este viernes actúa en el Fes Pedralbes en alianza con Gabriel Sopeña.  / JUAN PÉREZ FAJARDO

Ante una sacudida como la propinada por el covid-19, corresponde apelar a la imaginación, el trabajo y la poesía. Así responde Loquillo a la pandemia, con una propuesta, ‘La vida por delante’, en la que retoma la alianza con Gabriel Sopeña invocando el álbum del mismo título que ambos cocinaron en 1994. Loquillo poético, de cadencia más pausada, en un recital que saldrá de gira tras su estreno de este viernes en el festival Fes Pedralbes. El cantante, inmerso estos días en los ensayos del estreno, elige el correo electrónico para responder con calma a las preguntas de este diario.

Es una sorpresa verle reactivando su alianza con Gabriel Sopeña. ¿Era algo que ya tenía en mente antes de la pandemia o ha venido determinado completamente por la nueva situación?

A quince días de empezar la gira ‘El último clásico’, mi último álbum de rock español, con 50 fechas cerradas y más de la mitad de las entradas vendidas, tuvimos que reinventarnos y adaptarnos al medio. Primero, ubicar las fechas pos-pandemia con los promotores. Después, trabajar para el día después, además de defender nuestro oficio. Durante la preparación de la gira, mi intención era grabar con Gabriel Sopeña, bajo la producción de Josu García, nuestra nueva entrega poética. Esta vez, dedicada a Julio Martínez Mesanza y a su poemario ‘Europa’. Como tampoco había posibilidad de grabar ante la situación creada, ya sabes, cuando mengua la fortuna, el ingenio debe ocupar ese espacio... ¡No es mío, es de Churchill! No podíamos salir de gira con ‘El último clásico’, pero si le dábamos una vuelta de tuerca, era el momento para dar lo mejor de nosotros mismos. En la peor situación y en el peor momento para la industria: la poesía era la respuesta. Muchos de los promotores decidieron dar la cara y yo no iba a dejarles en la estacada. De repente, todo coincidía. Yo no iba a hacer una versión acústica de mis éxitos de rock español, sencillamente, porque eso yo no lo hago. Además, el público que compró las entradas para la gira de ‘El último clásico’, tiene que ver a Loquillo y su banda en grandes espacios y con toda la producción. Por eso, pensé que la mejor manera de estar al lado del público, músicos, técnicos, promotores..., en una palabra, al lado de la industria, era retomar el ‘set’ de poesía con Gabriel Sopeña, Laurent Castagnet, Josu García y Alfonso Alcalá. Juntos repasaremos lo mejor de nuestro trabajo. Además de algunas sorpresas.

El tándem con Sopeña nos retrotrae a ‘La vida por delante’ (1994), que supuso su primer acercamiento integral al mundo de los poetas. De hecho, este es el título de la nueva gira. ¿Qué representa ese disco en su carrera?

‘La vida por delante’ fue, quizás, el álbum más importante a nivel personal. Era la primera vez que rompía con los Trogloditas. Con un lenguaje diferente, otro escenario, los teatros, y recuperando una tradición que en aquel momento era casi la némesis de mi generación, crecida con lo que se había venido a llamar la ‘movida’. Yo siempre he dicho, insisto, no me equivoco y siempre hago la comparación, que es como cuando Bob Dylan se electrificó. El impacto que supuso ese álbum, que alcanzó a lo largo del tiempo el Disco de Platino, sentó las bases del personaje de Loquillo contemporáneo.

"La cultura ha sido la gasolina del confinamiento, y la música, su banda sonora"

Sopeña fue también el cómplice en ‘Con elegancia’ (1998) y en otros dos trabajos, la banda sonora ‘Mujeres en pie de guerra’ (2005, aquí con textos suyos) y ‘Su nombre era el de todas las mujeres’ (2011, poemas de Luis Alberto de Cuenca). ¿Ve estos cuatro álbumes como una secuencia con su lógica interna, o quizá estos dos últimos ya responden a otras motivaciones?

Cuando nos unimos Gabriel y yo con la canción ‘Brillar y brillar’ para el disco ‘Hombres’, de Loquillo y Los Trogloditas, en 1991, yo ya sabía que aquello iba a representar un antes y un después. Si Sabino (Méndez) fue la persona que mejor supo reflejar a Loquillo en los 80, Gabriel Sopeña fue el que me despojó del personaje adolescente y me vistió del artista que soy ahora. Los cuatro álbumes, más el que grabaremos con la obra de Julio Martínez Mesanza, forman parte de todo un proyecto vital. Seguimos creyendo en que es necesario musicar a Manuel Machado; un asunto pendiente. En resumidas cuentas, los discos de poesía son el proyecto de nuestras vidas, al margen del trabajo de composición de Gabriel Sopeña en mis discos de rock español.

El mensaje de estos conciertos, ¿es que la poesía es “el arma cargada de futuro” de Gabriel Celaya, el refugio intelectual para tiempos en que todo se mueve y buscamos puntos de anclaje?

La cultura ha sido la gasolina del confinamiento, y la música, su banda sonora. Tenemos que fajar la recesión de la industria musical a base de esfuerzo y trabajo, y con lo que nosotros llamamos ‘economía de guerra’. La poesía ahora significa resistencia, actitud, orgullo y solidaridad. Somos lo que defendemos.

"El discurso del odio va unido siempre al de la ignorancia. Por eso hay que contrarrestarlo con la solidaridad, la cultura y la educación"

En su trayectoria, los colaboradores van y vienen, pero se diría que Sopeña ocupa un cierto lugar estable en su imaginario operativo. ¿Qué destaca de él para explicar esa continuidad?

Ha pasado mucha agua bajo el puente... Cuando nos conocimos era un profesor universitario y actualmente es vicedecano de la Universidad de Zaragoza. Yo era un ‘rocker’ pendenciero en la banda más salvaje de los 80, y ahora soy Medalla de Oro de las Bellas Artes, con tres millones y medio de discos vendidos y encargado de abrir el primer gran concierto de rock and roll en Europa en el WiZink Center post-covid para el Banco de Alimentos de Madrid. No está nada mal para un ‘profe’ y un ‘rocker’. Somos la conjunción perfecta. Él es Leo y yo soy Sagitario. Según Gay Mercader, como Jagger y Richards, la conjunción Leo-Sagitario funciona de maravilla.

¿Hay alguna canción en particular de ese repertorio que ahora adquiera una renovada vigencia a la luz de la pandemia?

Hay varias. ‘La vida es de los que arriesgan', una composición de Gabriel Sopeña y Juan Mari Montes, y 'Políticamente incorrecto', de Luis Alberto de Cuenca, por la situación que vive la cultura en estos momentos.

¿Sonará alguna composición nueva en Pedralbes?

Gabriel hará un tema de Mesanza, que estará en el futuro disco del poemario ‘Europa’, y seguro que recuperaremos algún tema de la banda aragonesa Más Birras, a la que Gabriel Sopeña y Josu García pertenecían.

Hace tiempo que da a entender que es un artista que viene de otra era, del siglo XX, la edad del rock’n’roll... ¿Tiene la sensación de que con el virus se aceleran los ‘tempos’?

Te contesto con ‘El último clásico’. “En un mundo posmoderno / no han dejado nada eterno”. “En un mundo de apariencias / necesitas referencias”. “Cuando tengas miedo, no busques nada nuevo”. “Hay demasiados aspirantes / todos se ponen por delante / Están demasiado informados / pero no son tan apasionados”. Bienvenido al siglo XXI, amigo. Yo he crecido con los clásicos. El rock and roll ha sido la expresión cultural más influyente del final del siglo XX. Por otro lado, he tenido la suerte de crecer en una ciudad con influencia de la cultura francesa. Nunca entendí cómo, en mi ciudad, los cantautores y las bandas de rock eran antagónicos. Para mí, Serrat y Los Sírex son igual de importantes. Yves Montand fue para mí una referencia, de la misma manera que lo fue Elvis. He sido telonero de los Rolling Stones y The Who, y he cantado con Johnny Hallyday. Así que era lógico que terminará creando un personaje, contradictorio para muchos, pero coherente para mí, con mis influencias musicales.

¿Cómo ha vivido el confinamiento? ¿Época de recogimiento interior, creativa, indignada, simplemente resignada, atenta a las teorías de la conspiración...?

Me confiné antes de la declaración del estado de alarma, porque vivo con una persona de riesgo, en San Sebastián, donde estoy desde hace casi 15 años. Me puse a trabajar para el día después, con una disciplina estoica, leyendo a los clásicos, desde Virgilio a Séneca, pasando por Baltasar Gracián y Cioran. He repasado todo el cine europeo de los 70. También he estado trabajando con mis compositores: Igor Paskual, Luis Alberto de Cuenca, Jaime Stinus, Gabriel Sopeña y Nacho Canut. Además, he retomado canciones que quedaron sin terminar de las sesiones de ‘El último clásico’, que es el caso de ‘Sonríe’ de Sabino Méndez, estrenada hace unas semanas. Por último, he revisado la biografía que está realizando Felipe Cabrerizo, que como sabes, es autor de los libros sobre Serge Gainsbourg y Johnny Hallyday. Yo soy un chico del barrio del Clot y de clase trabajadora, y me han educado con los valores del trabajo y la superación personal. No tengo tiempo para tontadas de teorías conspirativas. Tengo cosas más importantes que hacer en mi vida, como pagar una hipoteca y mantener los puestos de trabajo de todo mi equipo.

Se ha llegado a decir que de la pandemia saldrá una humanidad mejor, aunque en el debate público y en las redes campa la crispación. ¿Qué sensaciones tiene?

El discurso del odio va unido siempre al de la ignorancia. Por eso hay que contrarrestarlo con la solidaridad, la cultura y la educación. No utilizo personalmente las redes sociales, hablo a través de un Nokia y me gusta decir las cosas a la cara.