07 ago 2020

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CRÓNICA DE MÚSICA

La nueva etapa del Palau

El auditorio modernista inauguró su serie 'Estiu al Palau' de la mano de Albert Guinovart

Pablo Meléndez-Haddad

Guinovart, durante su concierto en el Palau.

Guinovart, durante su concierto en el Palau. / ACN / ANTONI BOFILL

El concierto inaugural de la noche del miércoles del ciclo 'Estiu al Palau', no solo arrancaba con la oferta estival del auditorio modernista, sino también devolvía la música en vivo al icónico escenario. Con un aforo reducido a un tercio y siguiendo estrictas medidas de seguridad, la velada, retransmitida en 'streaming' en directo, estuvo dedicada a las víctimas y se ofreció como un homenaje a los profesionales sanitarios. Mariona Carulla, presidenta de la Fundació Orfeó Català-Palau de la Música Catalana, presentó el concierto y expresó el deseo de la entidad de "ayudar a la recuperación del sector cultural y de apoyar a los intérpretes con las máximas garantías de seguridad en un escenario renovado", haciendo referencia a la reciente restauración de la zona del escenario del edificio.

Antes del recital se ofrecieron piezas de Casals, Mozart y la canción catalana 'Margarideta' en una grabación del Orfeó Català realizada durante la cuarentena, con los 'cantaires' confinados en sus casas.

Magia y emoción

La actuación de Albert Guinovart llegó después de todo ello, y su música resonó mágica en una sala cargada de emoción comenzando con su autor fetiche, Chopin, y su 'Fantasía-Impromptu, Op. 66' y mostrando una espléndida forma, virtuoso y expresivo. Guinovart brilló al hacer suyos los 'Valses Poéticos' de Granados –otro de sus compositores de cabecera–, fiel a la agógica siempre tan marcada por el compositor; el 'Vals melódico' fue un puro sueño, y si el 'Apasionado' apareció más bien triste, en conjunto la interpretación resultó tan imaginativa como emocionante en un discurso sincero y cercano al Romanticismo, lleno de melancólica y melodiosa fantasía, impregnado de sencillez pese a la dificultad técnica.

Del propio Guinovart siguieron las deliciosas y emotivas '5 noveletes', un auspicioso estreno de unas piezas de gran ambición, eclécticas y contrastadas, compuestas durante el confinamiento, todas diferentes, de un melodismo imaginativo y que conectan fácilmente con el oyente.

Espléndidas versiones

Le siguieron el 'Nocturno Nº 8, Op. 27 N° 2' y el 'Vals Nº 8, Op. 64 N° 3' de Chopin, ambos servidos en espléndidas versiones, sin tregua. En el 'Nocturno', con toques casi belcantistas, Guinovart resaltó todas las voces, con unas escalas muy bien solucionadas, limpias, con las dinámicas cuidadas y un sonido timbradísimo en la conclusión. En el 'Vals' cuidó la rítmica con absoluta eficacia y nitidez.

También, de su propio repertorio, Guinovart ofreció sus 'Valses poéticos', escritos en homenaje a Granados y expuestos aquí como en un espejo ante la obra inspiradora del célebre creador leridano. Las ocho piezas, de hermosa factura y de un orgánico coherente, poseen el sello de su autor, que cuida la melodía y propone amables y ensoñadoras armonías.

Guinovart despidió la velada con más Chopin, con una apabullante y virtuosa versión del 'Grande valse, Op. 42', electrizante y generosa.

'24 miniaturas'

Ya fuera de programa ofreció dos de las '24 miniaturas', hermosas y melancólicas, que Guinovart compuso durante la cuarentena para colgarlas en Instagram, cada una de menos de 60 segundos.

Como última propina, siempre del genio polaco, se despidió con el exigente 'Estudio Op. 10, Nº 12 en Do menor', el famoso 'Estudio Revolucionario', todo un desafío –sobre todo para la mano izquierda– solucionado con todas las voces en su sitio y con el fraseo de gran comunicador.