02 jul 2020

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entrevista

Kaydy Cain, el 'sonero' del trap: "La 'party' al final lleva a eso: a la salsa y el reguetón"

El exmiembro de Pxxr Gvng cumple una década de influyente carrera mutante, ahora instalado en un exultante sonido latino

El madrileño muestra su cara reguetonera este viernes en Razzmatazz

Ignasi Fortuny

El madrileño Kaydy Cain, este jueves 21 de noviembre en Barcelona

El madrileño Kaydy Cain, este jueves 21 de noviembre en Barcelona / SERGI CONESA

Es el chaval que hace 10 años soltó "'fuck' raperos" mientras rapeaba descolocando a la escena 'underground' de Madrid. Es el que ahora exhibe una carrera solvente como reguetonero ("yo solo quería ser sonero como Héctor Lavoe", canta), un caso insólito en España en un artista sin orígenes latinos. Y el mismo que entre una cosa y la otra cayó en el trap y creó un grupo de leyenda como Pxxr Gvng, la banda de los pobres, junto a Yung BeefKhaled Steve LeanRap, trap y reguetón, una mutación que es pura lógica vital para él.

"La persona va cambiando. Vivo de otra manera. Cambio porque todo cambia. Cuando grabé '3 sentimientos' (su primera y de culto 'mixtape') era un chaval medio enfadado con el mundo. Las letras y la música que hacía eran lo que sentía en ese momento, pero ahora tengo otro pensamiento, otras movidas. Tengo que ser fiel a lo que siento con mi música", cuenta Kaydy Cain una década después de sus inicios, los de un chaval -conocido como D. Gómez e integrado en el colectivo Corredores de Bloque- de Carabanchel (Madrid) que por entonces "sobrevivía, como cualquier chico de barrio". Fue con ese primer alias de MC con el que despedazó el concepto de rapero: "Me metía con el esteriotipo que tenían. Encima era un mundo muy nazi, si no pensabas como ellos no podías serlo. Era gente con un discurso muy político, una indumentaria muy marcada...".

En estos 10 años -"para mí ha sido un ratillo"- ha habido idas y venidas sonoras. Desde siempre permeable en cuanto al ritmo, sí que ha trazado un claro camino que va del rap de bloque a los sonidos latinos actuales, pues toca la bachata, el merengue... "He escuchado mucha música de muchos sitios y me he criado en un barrio en el que por suerte había gente de muchas nacionalidades, de todos los lados", justifica. El destino, lo tenía claro y llevaba a lo latino: "Yo esperaba vivir bien, que la vida fuera más 'party'. Y la 'party' al final lleva a eso: a la salsa y el reguetón"

Para la segunda etapa, la del trap, la del despegue, fue clave su llegada a Barcelona en el 2012. Ese año se reunieron en la misma ciudad -"para buscarnos la vida pero con la cosa de hacer música"- los integrantes de lo que acabaría siendo Pxxr Gvng: "En esa época aún no veíamos la luz, pero ya teníamos ilusión, que antes ni eso". "No estaba peor anímicamente, mi ánimo estaba por los cielos, me creía Super Sayian, pero estaba en otro mundo del que estoy ahora. Estaba haciendo otras cosas, metido en otras cosas que eran lo que me hacía expresar así", cuenta sobre esos tiempos más oscuros. A Kaydy Cain se le entiende también por lo que se calla y por lo que transmite con una risa traviesa que cierra muchas de sus respuestas. En ese tiempo se tatuó la cara, un detalle que explica cosas: "No me lo hice antes porque sabía que, uno: en esa época con un tatuaje en la cara no iba a trabajar en ningún lado; y dos, tampoco me podía dedicar a hacer ciertas cosas porque... Hubiera sido muy fácil ficharme. Me lo hice para empujarme a la música y ya está: o salía o salía. No había otra opción".

El madrileño Kaydy Cain, ex PXXR GVNG, en Barcelona / sergi conesa

Tiene un buen puñado de versos que ejemplifican ese cambio de vida. En 'Perdedores del barrio', una canción que forma parte de un 'beef' (pique) con C Tangana, dice: "Yo ya he vivido rápido ahora lo hago poco a poco""Mi objetivo ahora es mejorar; yo ya he ganado, ya me he pasado el juego. Vivo de lo que me gusta y eso me hace millonario, me hace rico", suelta.

El madrileño, de 29 años, representa a una generación que siempre se ha mostrado maleable, abierta y transparente. Kaydy Cain lleva el estandarte del hedonismo y no esconde su fascinación por el dinero, las drogas y el sexo. "Cada vez me enamoro menos, un par de veces al día. Romances largos no, cortos he tenido muchos, tengo inspiración de sobra", comenta entre risas. En un mismo álbum puede enarmorarse de la hija de un policía ('HDP' se llama la canción, saquen conclusiones) y de la novia de un camello.

Hace un par de veranos el madrileño fue cancelado en algunos festivales "por sus letras machistas", algo que le ha pasado a otros de su generación como a Yung Beef o C Tangana, por ejemplo. "Es injusto que piensen así de cualquier músico del mundo, porque música es música. Se tienen que juzgar las acciones, no las palabras. Es más injusto que encima sea solo nuestro mundo porque si te pones cualquier canción de cualquier otro género te das cuenta de que, seguramente, ya no son palabras malsonantes las que te hagan pensar mal, sino que son mensajes bastante más claros que llevan algún indicio y nadie lo tiene en cuenta", zanja. 

Con todo, su próxima actuación es este viernes en la sala Razzmatazz de Barcelona, a la que acude con 'show' nuevo, el más ambicioso hasta ahora, para presentar su último disco en solitario 'Lo mejor de lo peor'.