CRÓNICA

Djavan, deuda saldada en el Palau

El cantautor brasileño presentó 'Vesuvio' y recorrió sus clásicos un generoso concierto en el Festival de Jazz

Djavan, en el Palau de la Música

Djavan, en el Palau de la Música / FERRAN SENDRA

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Jordi Bianciotto

Ambiente de acontecimiento, este jueves en el Palau, ante el regreso de Djavan a Barcelona, con abundancia de ese público brasileño que siempre se moviliza cuando aterrizan por aquí las grandes figuras del país. Hacía 22 años que el cantante y compositor del estado de Alagoas, en el noreste, no actuaba por aquí, y compensó la espera con un atento combinado de su nuevo disco, ‘Vesuvio’, y de los clásicos de una carrera que abarca más de cuatro décadas.

Djavan sigue publicando discos a razón bienal y en ‘Vesuvio’ desliza paralelismos entre la actividad sísmica y los últimos vuelcos políticos a escala global, como siempre con modos más suaves que volcánicos, acogiéndose a registros como el funk-pop de ‘Viver é dever’, el tema que abrió la noche. Consciente del apetitito acumulado, en su cita con el Festival Internacional de Jazz de Barcelona aventuró un concierto “inolvidable, sensual y sexual” contando con la implicación del público, que manifestó unas pronunciadas ganas de cantar, como quedó claro en la segunda pieza, la libidinosa ‘Eu te devoro’.

Sonoridad acolchada

Un Djavan de presencia inicial un poco excéntrica: pasitos de baile con gesto robótico, gafas oscuras y alto sombrero. El repertorio lo salpicaron desde el principio canciones significativas de su carrera, como ‘Topázio’ y ‘Nuvem negra’, grabadas ambas por Gal Costa, portadoras de sutilezas y que sonaron en tratamientos un tanto acolchados por una banda anclada en dos teclistas. A diferencia de sus conciertos en Brasil, acudió a ‘Esplendor’, la versión en castellano de ‘Meu romance’, adaptada por Jorge Drexler, con su memoria bolerística reformulada con sintetizadores.

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El cantautor de guitarra y taburete abrió una celebrada cuña con vistas a la bossa nova a través de otra pieza nueva, ‘Orquídea’, y del rescate de ‘Flor de lis’, ese tema que en los años 90 se agenció Ketama, y que encendió a la concurrencia. A medida que Djavan se fue liberando del sombrero, las gafas y la chaqueta el concierto entró en una dimensión más cálida. Cayó ‘Nem um dia’, tema que en 1997 sonó en una telenovela de Rede Globo, ‘Por amor’, y que fue secundada por el público de principio a fin pese a su largo y serpenteante estribillo, y el ‘crescendo’ final nos condujo a ‘Se...’, ‘Samurai’ y ‘Sina’, quemando las naves, o casi.

Del primer piso caía una enorme bandera del ‘Ordem e progresso’, lista para amparar un desenlace de la noche que, a través del prescriptivo ritual (“por qué parou” piden siempre los brasileños en su equivalente del “otra, otra”), se abrió con refinamiento, a través de la fusión de ‘Océano’ y ‘Um amor puro’. De ahí, a la agitación de ‘Lilás’ y ‘Seduzir’, invitando al bailoteo como forma última de avalar el reencuentro.