03 abr 2020

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Crónica teatral

'Tan poca vida', superlativa devastación

El director flamenco Ivo van Hove deja otra huella enorme en el Grec con su versión de la novela superventas de la estadounidense Hanya Yanagihara

José Carlos Sorribes

Una escena de ’Tan poca vida’, de Ivo van Hove, a partir de la novela de la estadounidense Hanya Yanagihara.

Una escena de ’Tan poca vida’, de Ivo van Hove, a partir de la novela de la estadounidense Hanya Yanagihara. / JAN VERSWEYVELD

Ivo van Hove debutó en el Grec hace seis años con unas 'Tragedias romanas', de Shakespeare, de las que aún hablan quienes asistieron a un espectáculo exuberante. Desde entonces, ha presentado otras cuatro piezas en el festival, lo que ha convertido cada visita del director flamenco en una cita ineludible para el público más 'teatrero'. Si conmocionó con 'Tragedias romanas, lo ha repetido ahora con Tan poca vida, otra monumental pieza de cuatro horas de duración a partir de la novela de Hanya Yanagihara, un superventas del 2015. La conmoción es aquí diferente. Estamos quizá ante la obra que mayor fractura en el público ha creado de las cuatro que ha llevado a la Fabià Puigserver del Lliure.

La novela de autora estadounidense es brutalmente devastadora. Presenta en un relato sobrecogedor y a lo largo de casi mil páginas (ojo) la relación de cuatro amigos durante cuatro décadas. El inicio coral pronto muta a uno más personal con el foco puesto en uno de ellos, víctima en su niñez de huérfano y adolescencia de terribles vejaciones y abusos sexuales durante su estancia en un monasterio. 

El director
no hace ninguna 
concesión en un relato durísimo de abusos sexuales

La adaptación de Van Hove no da ni una concesión en este viaje infernal 'más grande que la vida'. Jude, la víctima, arrastra un tormento interior del que no puede escapar pese a haberse convertido en un exitoso abogado y contar con unos amigos de lo más 'cool': un actor, un pintor y fotógrafo y un arquitecto. Es tan explícita la versión teatral que pronto provoca un nudo en el estómago, en la garganta o en el corazón del espectador. Algunas escenas son de tanta dureza que casi se hace irresistible el deseo de que llegue el intermedio para coger aire. Y algunos espectadores –no pocos– lo aprovecharon para dejar su butaca.

El relato de Yanagihara es caudaloso, de esos que atraen al director flamenco. La desgracia de Jude, pese al apoyo y el cariño que le profesa su círculo más íntimo, es de tal dimensión que llega a ser inverosímil de tantas cosas que le machacan. Las hienas del recuerdo le persiguen en su memoria, lo que se manifiesta en su incapacidad de poder amar y mantener relaciones sexuales. Él intenta, mientras, liberarse en una espiral autodestructiva con tendencia compulsiva a cortarse las venas. Llegará el día en que debe verbalizar ante sus amigos, con el apoyo de una trabajadora social/ángel de la guarda, ese terrible lastre vital.

Con ese inmoderado material literario, Van Hove vuelve a despachar otra pieza majestuosa con la receta habitual: capacidad narrativa superlativa, un equipo interpretativo de la Theater Amsterdam (apoyado por la música en directo de un cuarteto de cuerda) que te deja siempre con la boca abierta y recursos escénicos medidos con el criterio más perfeccionista.

El director flamenco cose las escenas de forma admirable, con saltos temporales ejecutados a partir de mínimos detalles. Todo en una dramaturgia elaborada con mimo artesanal. Y es que Van Hove sería capaz de repetirlo con 'El Quijote'. Eso sí, igual lo haría montando un espectáculo a lo largo de un fin de semana con solo un par de pausas.