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ESTRENO

Nacho Vidal, sobre su hija trans: "Violeta es una niña, y ya está"

El documental 'Me llamo Violeta' traza a partir del caso feliz de la hija del actor el mapa de la realidad del colectivo transexual en España en las últimas décadas

Beatriz Martínez

Franceska, con sus hijos Violeta y León, en una atracción del Tibidabo, en una imagen del documental ’Me lamo Violeta’.

Franceska, con sus hijos Violeta y León, en una atracción del Tibidabo, en una imagen del documental ’Me lamo Violeta’.

Hace unos años, el actor Nacho Vidal apareció en los medios de comunicación para contar la historia de su hija Violeta. Cuando tenía tan solo dos años, la pequeña les dijo a sus padres que no era un niño, sino una niña. A los cuatro, pidió que no le llamaran Nacho, porque no se sentía como tal.

Violeta asumió su identidad desde que tuvo uso de razón y tuvo la suerte de contar con una familia y un entorno que la apoyó para asumir su realidad de una manera sana, sin traumas y sin sufrimiento, desde la empatía y el amor. Se trata de una historia de éxito, también de esperanza, pero no todos los procesos vinculados al transgénero tienen un transcurso tan feliz.

Por eso cuando a Nacho Vidal le propusieron hacer un documental sobre su hija, advirtió de que no quería contarlo desde una perspectiva dramática, pero que era necesario completar su testimonio con el de otras personas que hubieran atravesado por situaciones completamente diferentes.

Así surgió ‘Me llamo Violeta’, una producción de Mediapro Studio y Polar Star Films dirigida por David Fernández de Castro y Marc Parramon que se estrena este viernes y que se adentra en la transexualidad infantil tomando como eje central la figura de Violeta y enlazando a su alrededor otros relatos que contribuyen ofrecer un mapa histórico de la realidad del colectivo transexual en España en las últimas décadas.

Superviviente

Entre las más veteranas se encuentra Silvia, que llegó a Barcelona en los años setenta y llevó una pancarta en la primera manifestación LGTBI que se hizo en la Rambla (precisamente esta semana se han cumplido 42 años). A lo largo del régimen franquista fue encarcelada una veintena de veces por la ley de peligrosidad social y rehabilitación que sustituyó a la ley de vagos y maleantes como herramienta de control de aquellos elementos considerados como "antisociales". Una auténtica superviviente, como también lo es Carla Antonelli, activista LGTBI y la primera diputada trans de la democracia española.

De izquierda a derecha y de arriba abajo, Violeta, Silvia e Iván, tres protagonistas de 'Me llamo Violeta'

Su lucha a lo largo de los años demuestra cómo poco a poco la sociedad ha ido evolucionando, aunque todavía queden muchas barreras por derribar. "Cuando propusimos a la familia de Violeta hacer este documental, ellos estaban dispuestos a abrir las puertas de su intimidad para poder ayudar a otras familias, para poder normalizar todo esto. Hasta ahora se había mostrado la transexualidad de una manera un tanto oscura, relacionándola con la prostitución, con el mundo de la noche, y ahora hay por fin una nueva generación que comienza a vivir con orgullo su condición", cuenta Parramon.

Empatía y respeto

"Yo no nací con la conciencia y sensibilización que tengo ahora de las cosas", continúa Vidal. "Todo tiene una evolución y cuando lo vives desde dentro te das cuenta de la necesidad de aceptación, de respeto, de entendimiento y de empatía. Y, por supuesto, de visibilidad. Es alucinante lo que nos complicamos la vida los adultos, a todo le damos mil vueltas, y Violeta no tiene ningún problema, es una niña, y ya está. Es su realidad y eso es una verdad como un puño".

El actor reconoce que en su caso fue casi más complicada la aceptación familiar que la social, pero lo cierto es que los prejuicios fuera del núcleo más íntimo siguen existiendo. Uno de los casos más dolorosos de transfobia fue el de Alan, que con 14 años se suicidó después de sufrir durante años un calvario de acoso y de humillaciones por parte de sus compañeros del colegio. "La historia de Alan nos sigue removiendo", continúa Parramon. "Pero al mismo tiempo resulta emocionante ver cómo sus padres se han reinventado y continúan combatiendo ayudando a otras personas para mantener viva la memoria de su hijo. Son muchos los factores que entran en juego. Es clave que la familia te apoye, los amigos, que no exista 'bullying', que las leyes sean propicias y también está el factor económico, porque no resulta un proceso barato, hay que invertir mucho dinero ahí".

Marrón épico

Uno de los problemas a los que se enfrentaron los responsables del documental fue a la prohibición por parte de la fiscalía de menores de que apareciera el rostro de Violeta en pantalla. "Fue un marrón épico. Pero decidimos utilizar el problema como parte del documental, introducirlo desde el primer momento y que formara parte de la trama. Al final tomamos partido porque creemos que es una decisión absurda ya que los menores trans no tienen nada que esconder, y mucho menos su identidad".

Vidal piensa que va a seguir habiendo mucha gente que no entienda en absoluto esa realidad. "¿Y qué hacemos con ellos, los lapidamos? Tienen el mismo derecho a reivindicar lo que piensan que nosotros. Yo he sido un actor porno 25 años y hay mucha gente que ha criticado mi trabajo y mi personaje y he vivido con eso toda la vida. Al final, hay gente que te quiere y respeta y otra que no, y a esa simplemente la ignoro. Ahí está la maravilla de la diversidad humana, no todos pensamos ni sentimos igual. Porque ir en contra del que piensa diferente a ti, te pone en su mismo nivel y yo no quiero eso. El odio no nos lleva a ningún sitio. Y a mí lo único que me importa es mi hija. Cuando conseguimos que tuviera su DNI como niña, lo vimos como una victoria y ella solo dijo: 'Está correcto, ya sé quién soy'".