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ESPECTACULAR PRODUCCIÓN

'La Gioconda' pone a prueba de nuevo al Liceu

La ópera de Amilcare Ponchielli ambientada en Venecia regresa con una renovada puesta en escena de Pier Luigi Pizzi

El maestro García Calvo debuta en el Gran Teatre con este imponente montaje con ballet, seis cantantes solistas, coro de 80 voces y 30 figurantes

Marta Cervera

Un momento de un ensayo de La Gioconda, en el Liceu.

Un momento de un ensayo de La Gioconda, en el Liceu.

La aclamada producción de 'La Gioconda' con dirección escénica, escenografía y vestuario del veterano Pier Luigi Pizzi, una enciclopedia de la ópera que ha trabajado con los mejores cantantes, regresa a partir de este lunes al Gran Teatre del Liceu, donde triunfó en el 2005. En aquella época el montaje coproducido por la Arena de Verona, el Liceu y el Teatro Real puso a prueba los efectivos del coliseo. Esta vez, también. Más de 80 técnicos llevan una semana trabajado en la escenografía y la maquinaria escénica para convertir el escenario del Liceu en una Venecia decadente y rodeada de niebla, más cercana a esa luz de las pinturas de Turner que a las de Canaletto. De la música en esta ocasión se encarga el maestro madrileño Gillermo García Calvo, que debuta en el Liceu. 

El melodrama original de esta ópera con música de Amilcare Ponchielli y libreto de Arrigo Boito, inspirado en una pieza teatral de Victor Hugo, se sitúa en la Venecia del Renacimiento pero Pizzi la traslada a la última y más sombría etapa de la que fuera poderosa República. Ideal para ambientar una obra de venganza, amor y muerte. Pizzi ha cambiado sobre todo el tercer acto y retocado el vestuario y la iluminación aprovechando los avances técnicos incorporados al teatro en estos años.

"Esa época de finales del siglo XVIII, coincidiendo con el último Dux, se adapta mejor a esta ópera dominada por la muerte", señala Pizzi, en fantástica forma a sus casi 89 años. ¿Su secreto? "Trabajar". Se nota en la pasión con la que explica cada detalle y en la gracia con la que relata mil y una anécdotas de su vida en los escenarios. De ‘La Gioconda’ de Callas, recuerda: "Era arte puro". Nunca trabajaron juntos. Ella se retiraba cuando él empezaba. Con quien sí lo hizo fue con la Caballé, a la que tanto admiró siempre pese a su falta de puntualidad. Nunca podrá olvidarla. "Montserrat era un genio". Y recuerda: "Siempre llegaba tarde a los ensayos por diferentes motivos; el padre de Montserrat murió tres o cuatro veces, siempre había una excusa para no llegar aunque todos sabíamos que tenía conciertos y citas artísticas en otros sitios". La vez que más sufrió fue cuando llegó solo un día antes del ensayo general a Verona para cantar a la reina Elisabetta en 'Don  Carlo', de Verdi. La soprano tenía las rodillas recién operadas. "Estaban en carne viva cuando me las enseñó y caminaba con muletas y ayudada de dos enfermeras. Allí me dí cuenta de su increíble pasión por la música. Era una heroína", recuerda. Y actuó. "Cubrimos a sus ayudantes con velos negros y forramos las muletas con terciopelo del mismo color. Salió como si fuera una verdadera reina de Shakespeare".

Brutal producción

Esta gran producción con ballet, seis cantantes solistas (más otros seis del segundo reparto), coro de 80 voces y 30 figurantes cuenta con destacados debuts. En el rol, es el caso de Irène Théorin (Gioconda), Dolora Zajick (Laura) y Brian Jagde (Enzo), entre otros. Jagde además se estrena en el Liceu con este montaje donde brilla la maravillosa coreografía de Gheorghe Iancu para la famosa 'Danza de las horas'. Es un auténtico desafío para los bailarines que la bailan entre los puentes de Venecia y sus numerosas escaleras. En esta ocasión los encargados de interpretarla son Alessandro Riga, una figura de la Compañía Nacional de Danza y Letizia Giuliani, quien ya bailó esta pieza en el 2005, en aquella ocasión con Ángel Corella. 

Para el director musical Guillermo García Calvo, que se estrena en el Liceu con esta obra, este título supone un enorme reto. Pero se le ve tranquilo, con ganas de hacer disfrutar al público con una obra "llena de contrastes" y "dos repartos extraordinarios". Para él, los numerosos debuts en cuanto a rol suponen un acicate: "Son más estimulantes, más emocionantes y posibilitan una mayor frescura los debuts porque permiten ver la obra de una manera más abierta que a quien ya ha cantado el papel 100 veces".

Temas: Liceu