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CRÓNICA

Appl y Royal cierra el Life Victoria

El Festival de 'lied' consigue un lleno total en su clausura

Pablo Meléndez-Haddad

 El barítono Benjamin Appl.

 El barítono Benjamin Appl. / FERRAN NADEU

La última cita del Festival Lied Life Victoria, el viernes en un recinto modernista de Sant Pau lleno, contó con tres artistas de excepción, un broche de oro en el que se mezclaron la tradición de un maestro del género como es Graham Johnson y dos valores jóvenes pero consagrados, la soprano británica Kate Royal y el barítono alemán Benjamin Appl, quienes recrearon la colaboración liederística entre los legendarios Victoria de los Ángeles y Dietrich Fischer-Dieskau quienes, acompañados por Gerald Moore al piano, recuperaron el inusual repertorio de Lieder para dos voces.

El programa se inspiraba en ese legado e incluía un poco de todo, con guiños al barroco y al repertorio francés, pero con el grueso centrado en Schumann y Schubert. Este último, autor de más de 600 canciones, fue un prolífico creador de melodías para una dos, tres, cuatro y más voces. Ambos cantantes debutaban el programa y mostraron su compenetración sobre todo en la segunda parte, con un electrizante grupillo dedicado a Mendelssohn. Kate Royal, una soprano lírica de amplias posibilidades, aportó un timbre de gran belleza, expresividad y un fraseo de ensueño; algunas inflexiones y acentos recordaban el canto de De los Ángeles, a quien la cantante dedicó su primer disco en solitario. Appl, que regresaba al Life después de su aplaudida presentación el año pasado –y dos días después de ofrecer un recital en el Foyer del Liceu–, conquistó con una voz educada y atractiva, con una absoluta asimilación del texto poético y matizando hasta la última coma: tuvo la gran suerte de estudiar con Fischer-Dieskau, y eso se nota.

Hubo varios 'lieder' cantados en solitario, bien engarzados por el piano, como en las canciones sobre textos de Goethe puestos en música por Schumann y Schubert que dominaron la primera parte. Se despidieron con dos piezas de un jovencísimo Saint-Saëns, después de pasearse por Schumann, Brahms y Dvorák, regalando como propina un hermoso dúo de Schubert, siempre con la espléndida complicidad de un Johnson muy inspirado desde el piano.