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LO QUE NO SABÍAS DE...

El tortuoso rodaje de 'La noche de 12 años', explicado por su director, el uruguayo Álvaro Brechner

A José Mujica le emocionó la interpretación de Antonio de la Torre y le dijo: "Lo hiciste mejor que yo"

En la escena final, los extras se involucraron tanto que gritaron consignas espontáneamente

Eduardo de Vicente

Álvaro Brechner (izquierda), con los tres protagonistas.

Álvaro Brechner (izquierda), con los tres protagonistas. / MARCELO SINGER

Uno de los estrenos más estremecedores de la semana (y de la temporada) es La noche de 12 años, que recoge las experiencias reales de tres guerrilleros tupamaros que se opusieron a la dictadura uruguaya en los años 70 y permanecieron aislados durante ese periodo de tiempo. Uno de ellos, con el tiempo, se convertiría en el presidente del país, el respetado José Mujica. El realizador Álvaro Brechner (Mal día para pescar, Kaplan) ha querido sacar a la luz esa época y denunciar los abusos que se cometieron sobre ellos. Los tres encarcelados están interpretados por Antonio de la Torre (José Mujica), Chino Darín (Mauricio Rosencof) y Alfonso Tort (Eleuterio Fernández Huidobro). La complejidad de este ambicioso proyecto provocó un sinfín de circunstancias curiosas, dramáticas, divertidas o emocionantes que nos explica el propio director.

-Unos calabozos muy reales. Se rodó en diversas localidades españolas como Segovia, Madrid o Navarra, donde filmamos en un lugar espeluznante, el Fuerte San Cristóbal, una fortaleza que fue una prisión en la que murieron más de 100 reclusos de frío y de hambre. En Uruguay, nuestro principal escenario fue la cárcel Libertad, como el pueblo junto al que se encuentra, lo que demuestra la inmensa sensibilidad de quien tuvo esa idea...

-Nieve en Uruguay. El director de fotografía me llamó un día para explicarme lo bonito que estaba nevado el lugar donde rodaríamos en Navarra. Solo había un problema… en Uruguay nunca nieva.

-Los encuentros con Mujica. Cuando Antonio de la Torre iba a conocer a Mujica, le comenté que, de momento, no le dijera qué personaje de los tres iba a hacer. Al llegar, el expresidente estaba lavando los platos. La segunda vez que lo vimos hice una gran presentación de Antonio como el gran actor que es. Mujica lo miró y le dijo “pues bueno, alguien tenía que hacerlo”, sin darle importancia.

El expresidente José Mujica, fue uno de los protagonistas reales. / JUAN COMMITANTE

-El pase privado para Mujica. Vio un montaje casi definitivo en Uruguay y, al finalizar, estaba muy emocionado y quería felicitar a Antonio grabándole un mensaje con el móvil. Le dijo: “Antonio, querido, te agarraste una changa (trabajito) de representarme… " hizo una pausa y siguió, “en realidad, lo hiciste mejor que yo” y se puso a llorar. Cuando Antonio le contestó también se le caían las lágrimas.

-Con la cantante catalana. Le propuse a Sílvia Pérez Cruz que trabajara en la película y le mandé el guion. Me reconoció que estaba hasta arriba de trabajo pero me aseguró que lo leería y me diría algo. A los dos días me mandó una serie de fotos de frases del guion y la última era "fin". Me dijo que me llamaría en diez minutos y en vez de una llamada me llegó una canción que empieza diciendo “Para los que vengan, limpiemos los platos”, que aparece en el filme.

La cantante Sílvia Pérez Cruz tiene también un breve papel como actriz. 

-Con la actriz catalana. Sílvia tenía dos escenas y una de ellas se rodó en Uruguay. Lo tenía muy complicado porque esa semana tenía un concierto en Sevilla el lunes, el miércoles filmábamos y el viernes tenía que estar en Lisboa. Hizo un viaje muy complicado de casi 28 horas para llegar y nos anunciaron que llovería todo el día. Pero al final, la previsión no se hizo realidad y en tres horas acabamos. Tuvimos suerte…

-Sílvia, Soledad (Villamil) y las mujeres. Son dos personalidades que adoro, fascinantes, son grandes artistas y tienen cero vanidad. Es un lujazo tenerlas en el reparto. Además, cuando investigué para escribir el guion descubrí el importantísimo rol de las mujeres para los tres presos, fueran sus madres o parejas. Ellas resistían mucho más. Cuando los iban a visitar eran ellos los que empezaban a derrumbarse primero. El grado de fortaleza de la mujer es tremendo.

-Simon & Garfunkel. Un día estaba en un bar escribiendo y, de repente, empezó a sonar en el hilo musical The sounds of silence cuando justamente los presos tienen que permanecer siempre callados y nadie les puede hablar. Dije ¡guau! El cerebro no avisa pero la piel de gallina, sí. Los pelos se me erizaron y llamé a Sílvia para que la adaptara. Era una manera de hacer luz y esperanza a través de la oscuridad y el silencio y de transformarlos en aliados.

-La elección de los actores. Cuando escojo a un actor no voy a buscar lo que yo imaginé que haría sino lo que pueda aportar, que la colaboración te lleve a un lugar inesperado. Y enriquecen la película. Elegí a los tres protagonistas por instinto, más por lo que ocultan que por lo que muestran.

Antonio de la Torre perdió 17 kilos para el rodaje. 

-Antonio superstar. Es una bestia, es la historia viva del cine europeo y a veces nos cuesta valorarlo. Quizás en 30 años le reconoceremos no solo por su talento, sino también por su involucración y selección de proyectos, su compromiso.

-La dieta. Los tres actores protagonistas hicieron un trabajo físico demencial de adelgazamiento y llegaron a perder hasta 17 kilos. Hicieron una dieta según sus condiciones personales pero solo hablaban de comida, a cada momento, repetitivamente y se estaban volviendo locos.

-Imitando a Mujica. Antonio estaba obsesionado con Mujica, se pasaba horas escuchando sus entrevistas para hacerlo igual que él. Al final le tuve que decir que dejara de “mujiquear”. Les expliqué que no quería una interpretación sino que fueran ellos mismos. Lo otro es una impostura. Pero Antonio se pasó los días repitiéndome citas de Mujica mientras trabajábamos o mandándome mensajes con sus palabras.

Los actores en algunas ocasiones no sabían lo que iba a suceder. 

-La improvisación. En muchas ocasiones trabajábamos sin anticipar nada, los actores no sabían exactamente lo que pasaría. En una secuencia, Antonio escuchaba voces en un granero circular empezaba a caminar, dije acción y corté 38 minutos después. Era una locura ya que tenían que seguir actuando porque a veces no sabían si estábamos filmando o no. Queríamos acercarnos al desconcierto. Esto provocó que tuvieran que estar en el personaje continuamente y receptivos a todo lo que pasara.

-La invitada y el accidente. La mejor prueba de ello fue la escena del bar en la que hay muchos elementos que no estaban previstos. Una mujer que nadie sabía quién era llegó al set vestida tipo Cruela de Vil, dio que quería ir al baño y allí se coló. Antonio pensaba que yo la había incorporado de sorpresa. Todo era tan intenso que cuando tiene que salir corriendo porque llega la policía se llevó la puerta por delante y se cortó la mano con el vidrio de la ventana. Afortunadamente, no fue nada.

En las escena del reencuentro, los extras actuaron por su cuenta. / MARCELO SINGER

-La emoción del reencuentro. La escena final del reencuentro de los presos con sus familias fue la más tremenda. Técnicamente no era compleja, lo difícil era su carga emocional, Yo no podía dormir la noche anterior porque ésta era una parte importante de la historia de mi país. Dije acción y cada grupo se abrazaba. ¡Fue  tan emocionante! La gente, los extras empezaron a actuar por sí solos, sin que nadie les dirigiera y gritaban: “Nunca más” y “El pueblo unido jamás será vencido”. Fue una catarsis colectiva. Me olvide de decir corten, las cámaras seguían filmando. Me giré y todo el equipo técnico estaba llorando. Tuvimos la sensación, la experiencia de revivir ese momento aunque no hubiéramos estado allí.