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ENTREVISTA

The New Raemon: "Es un descanso saber que ya no eres novedad"

El músico barcelonés trata de encontrar "belleza entre la brutalidad" en su nuevo disco, 'Una canción de cuna entre tempestades', que presenta en Apolo

Jordi Bianciotto

Ramón Rodríguez, The New Raemon.

Ramón Rodríguez, The New Raemon.

Tras su mano a mano con McEnroe, Ramón Rodríguez, es decir, The New Raemon, retoma su rumbo discográfico propio con ‘Una canción de cuna entre tempestades’, una obra con elaboradas texturas eléctricas y tendencia introspectiva que presenta este jueves en Apolo (20.30 horas; abrirá Invisible Harvey).

La temática del disco salió de las conversaciones con su hijo pequeño.

Sí, que cumplirá ahora tres años. Un ser que aún no articula conceptos pero que se comunica contigo de una manera muy directa. Me chocó el contraste entre la figura del niño y el mundo actual, con tanta tecnología para comunicarnos y con tanta lejanía entre unos de otros.

El primer ‘single’ se titula ‘Wittgenstein’, igual que una canción del nuevo disco de Els Pets. ¿Alguna explicación?

Lluís (Gavaldà) me contó la historia de su canción, de cuando iba al psicólogo y ahí había un cuadro de Wittgenstein. Y yo, cuando hago maquetas, las mando a algunas personas, para ver qué les parece, y una de ellas es Lluís. En esa época él estaba muy liado y esta canción no llegó a escucharla. Pero, meses después, veo que en su disco hay una canción titulada ‘Wittgenstein’. Se lo comenté. “¡Ramón, habrá sido algo inconsciente!”. Es gracioso ver cómo se ha cruzado todo.

"Quiero quedarme en lo singular", repite en su ‘Wittgenstein’.

Se inspira en los paseos que doy con mi hijo, esos momentos en que todo lo demás me importa un pepino. La canción quiere reivindicar esa manera de parar el tiempo frente a la maquinaria de la sociedad, que te hace ir de culo todo el día. Si paras, no pasa nada.

Encontrar momentos de plenitud entre el caos.

Sí, como en la poesía de Paul Celan, Ingeborg Bachmann, Nelly Sachs… Poetas del holocausto, les llamo. Sus padres mueren en campos de concentración, tienen que huir y toda su obra gira en torno a ese trauma. Me interesaba la idea de encontrar la belleza entre la brutalidad.

¿Ve la sociedad moderna como algo tan trágico?

Intento relativizar las cosas, sacar un poco de peso. Internet, por ejemplo: si apagas el móvil durante un mes y te olvidas tu vida cambia para bien. Es un monstruo peligroso, una herramienta que el poder a puesto a nuestro alcance sin darnos un manual de instrucciones. La gente no sabe utilizarla y hay malentendidos: un tuit en el que piensas en voz alta, ¡y van a por ti como con las brujas de Salem! ¿Estamos evolucionando o involucionando? Hay poca empatía. Todo es tristísimo.

Su disco no es de pop ligero: hay texturas densas y oscuridad.

Porque yo trabajo siempre desde ahí, desde una parcela con cierta tensión. Las canciones que más me gustan siempre son melodramáticas. Como ‘Un posible final’, en la que canta Rocío Márquez. ¿Por qué todas las canciones tienen que ser con bombo a negras y mensajes pueriles?

¿La dictadura de los festivales?

Ya casi no toco en festivales. No renuncio ellos: si me llaman, encantado. Pero piensas: “Vaya ‘puretas’ estamos hechos…”.

¿Siente que el mundo del rock ha envejecido?

Todo esto del ‘indie’, igual que el pop catalán de hace unos años, se ha difuminado un poco. Hay un cambio generacional. Ese público ha comenzado a tener hijos y a no ir a tantos conciertos. Ahora es la gente joven la que va, y no les interesamos porque no les estamos hablando a ellos. Lo entiendo y me parece cojonudo.

¿Le llama la atención el ‘caso Rosalía’?

Es algo novedoso y muy valiente. Rosalía está inventando algo, tiene su propia voz, ¡y siendo tan joven! Se nota que decide ella. Por otra parte, yo hace ya tiempo que me siento cómodo sabiendo que no soy novedad. Es un descanso. Que la gente joven se invente otra movida.

Pero no todo es tan categórico: sus hijas veinteañeras tienen un grupo rockero, Mourn, y no les va mal.

Porque el rock no morirá. Siempre habrá gente a la que le interese esa manera de comunicar las cosas e irla puliendo. Ellas van por libre, pero Jazz, la que lo compone casi todo, a veces me consulta cosa. Me parece tierno: parece que me respeta profesionalmente. Pero me sorprenden cosas: sus guitarras y, sobre todo, sus melodías vocales. ¿De dónde demonios las habrán sacado?