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CRÓNICA DE JAZZ

Raynald Colom y Marc Ayza, en busca del 'groove' perfecto

Reencuentro a dúo en la sala Artte de dos de los músicos que marcaron el jazz de Barcelona en la década pasada

Roger Roca

Raynald Colom (derecha) y Marc Ayza

Raynald Colom (derecha) y Marc Ayza / DANNY CAMINAL

Hace casi 20 años que se conocen. "¿Casi? ¡Más de 20!". Marc Ayza corrigió a su compañero Raynald Colom durante la presentación el viernes en la sala Artte. En veinte años batería y trompetista han hecho muchas cosas juntos: hubo un tiempo en el que donde estaba uno, estaba el otro. Y estaban en todas partes. Fueron la punta de lanza de una generación que apareció con fuerza en el cambio de siglo y grabaron algunos de los discos más consistentes de la escena. Fueron la columna vertebral de una institución de la música en vivo de la ciudad, las desaparecidas What The Fuck Jam Sessions del Jamboree, y dieron vida al vecino Café Royale, que fue su bastión y su laboratorio. Seguirles era una muy buena manera de tomar el pulso al jazz de Barcelona. Pero en todos esos años, lo que nunca hicieron Ayza y Colom fue tocar a dúo.

Así que la cita en Artte era, aunque modesta, una nueva entrada en esa intrahistoria del jazz de la ciudad. Frente a frente, Ayza tras la batería, Colom sentado al piano, con el apoyo de un teclado y la trompeta siempre a mano, hilvanaron un recorrido por su historia en común con la despreocupación de quien charla de sus cosas con un amigo de toda la vida. Saltando de un tema a otro, entreteniéndose aquí o allá, frenando y acelerando cuando la conversación lo pedía. Empezaron por el hip-hop y se lanzaron luego por la pendiente de un jazz explosivo, pariente del 'A love supreme' de John Coltrane, donde los tambores y platos que antes inducían a la calma se habían vuelto tormenta. Y cada tanto, entre fogonazo y fogonazo, Colom dejaba la trompeta a un lado y quedaban colgados un rato largo en las ramas de un 'groove' hipnótico. Parecía que si encontraban la cadencia que buscaban, el balanceo perfecto, se quedarían allí meciéndose hasta el infinito entre dos acordes.

Tocaron un clásico del jazz, 'All the things you are', pero sonó como si hubiera pasado por las manos visionarias de J-Dilla o alguno de esos productores de hip-hop a los que adoran tanto como a Duke Ellington. Colom dio una orden a su ordenador portátil y se oyó el lamento de un cantaor, envuelto en un piano pregrabado que sonaba del revés, mientras Ayza amartillaba un ritmo arrastrado. Y así seguían, hasta que uno de los dos decidía que hacía falta fuego y la música se volvía frenética una vez más. Daba la impresión de que Colom y Ayza solamente habían pactado lo básico, algunos puntos de partida y llegada, y que todo lo demás nacía en el momento del toma y daca entre dos músicos que aún hoy, mucho tiempo después, son tal para cual. "Es un honor estar con estos dos maestros", dijo agradecida la rapera Zeidah a la que invitaron al final del concierto. Han pasado años, pero a 'groove', en Barcelona, no les gana nadie.