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LA RENOVACIÓN DEL 'GIALLO'

Así se mata en Italia

La novela negra italiana ha recuperado su antiguo esplendor en los últimos años por la senda abierta por Andrea Camilleri

Elena Hevia

Los ’carabinieri’ escoltan al mafioso Pasquale Russo, una escena que podría reproducir cualquier ’giallo’.

Los ’carabinieri’ escoltan al mafioso Pasquale Russo, una escena que podría reproducir cualquier ’giallo’. / STR

Es difícil ceñir Italia a un solo dibujo. Está la vieja Italia de la resistencia antifascista y también la Italia mussoliniana, así como la comunista y la de la izquierda radical, la de las Brigadas Rojas, y también la de la Democracia Cristiana. La Italia de la Mafia y la Camorra y la de la corrupción. Está, claro está, la Italia berlusconiana y su indigna heredera, la que hoy se repliega sobre sí misma y rechaza a los migrantes. De todas estas vicisitudes ha dado cuenta a través de las décadas la novela negra italiana, uno de los mejores sistemas para tomarle el pulso a la realidad política y social. En Italia, a diferencia de España, existe una tradición muy consolidada. Y aunque allí han acabado asumiendo el término francés ‘noir’ para este tipo de novelas, tienen su propia denominación, el ‘giallo’ (amarillo), por las portadas de ese color que Mondadori dedicaba a las novelas policiacas ya en los años 30 del siglo pasado.

Hoy una nueva generación de autores ha puesto otros matices en el 'giallo'. Y la novela mediterránea vuelve a sacar pecho, tras años de cederle el cetro a la ficción nórdica, que para todos fue una sorpresa inesperada: ¿crimen en una sociedad aparentemente aséptica? Italia es todo menos aséptica. Asi que, parafraseando a Raffaellà Carrà, para hacer bien la ficción criminal hay que “venir al sur”. 

Hijos de Camilleri

La nueva novela policiaca italiana tiene un clarísimo kilómetro cero. Andrea Camilleri, 93 años recién cumplidos, a quien la sobrevenida ceguera no ha detenido su energía de conejito duracel. Ciento tres libros lleva publicados en los últimos 25 años, el último, compuesto al dictado, y hoy todo el que escribe sobre el género en Italia tiene que situarse en relación a él.

Sin embargo, para la editora de Salamandra Black Anik Lapointe, una de las personas que mejor conoce el género, hay que remontarse mucho más atrás: “Al gran Leonardo Sciascia con una novela reivindicativa, de temática política y Giorgio Scerbanenco, sarcástico, negro y también muy pegado a la realidad”. Sciascia, que además de cultivar el género era un gran intelectual, fue además el primero en poner negro sobre blanco en una novela ('El día de la lechuza', 1961) que la Mafia era poco más que un código de honor consuetudinario. El menos recordado Scerbanenco (murió en el 69 a los 58 años) ha sido rescatado en España por Akal sin demasiada suerte lectora.

Los hijos directos de Camilleri son, a juicio de Lapointe, Massimo Carlotto, Giancarlo De Cataldo y Antonio Manzini, entre otros. “Practican una novela negra más clásica, más costumbrista, pendiente de lo que pasa en la calle, que se hace eco de temáticas sociales como la corrupción o la crisis económica, a veces con un humor fino y en torno a la degustación de un buen vino”.  De hecho, la vinculación entre Camilleri y Manzini es directa porque el héroe de este último, Rocco Schiavone, suele ser mencionado a modo de cameo en las novelas protagonizadas por Montalbano.

Junto a estos nombres también habría que añadir al parmesano Carlo Lucarelli, que circula en esa onda más relajada y mediterránea; el florentino Marco Vichi, cuyo antihéroe, el comisario Bordelli, tiene un sentido bastante laxo de la justicia; o el napolitano Maurizio de Giovanni, que añade toques sobrenaturales a su ficción. 

La novela 'hard boiled' 

La editora italiana del sello Salani, Maria Grazia Mazzitelli, experta en el tema, apunta todos los nombres ya mencionados y añade uno de los más vendidos en Italia, Donato Carrisi, una explosiva mezcla entre Dan Brown y la novela más ‘hard boiled’ norteamericana, no apto para paladares exquisitos. Y en un país en el que no abundan las autoras del género, con permiso de Antonella Lattanzi, también destaca a las no traducidas Rosa Mogliasso y la veteranísima Elda Lanza que sigue en activo a sus 95 años. “Lo más interesante del 'giallo' actual es que integra muchos géneros dentro de un mismo filón y se dirige también a distintos públicos”, dice.

Lapointe constata que una de las tendencias más significativas en esa variedad de nuevas voces italianas bebe directamente del 'thriller' norteamericano, una influencia que moldeó también la novela negra escandinava: “Son autores que han visto muchas series televisivas y aplican esas técnicas a sus narraciones. Poco a poco el mundo se internacionaliza”. Es fácil situar en esa liga a autores como el ya mencionado Carrisi, a Sandrone Dazieri o a Mirko Zilahy. 

El 'giallo' tiene también sus excepciones y rarezas. Y es el caso de Donna Leon, la autora estadounidense que factura novelas a la italiana tirando de estereotipo (las malas lenguas consideran que por esa razón la autora se niega a que sus novelas sean traducidas al italiano), y Alicia Giménez-Bartlett, que, a decir de Carlos Zanón, escritor y director de BCNegra, Italia la ha adoptado como a una de los suyos “y la considera entre los grandes del género”.

La fiebre lectora respecto al 'giallo' está a punto de ebullición en Italia, tanto que Mazzitelli se muestra de acuerdo en que hoy buena parte de las librerías italianas se mantienen gracias a la literatura de género y a la novela negra. “Estoy convencida de que el mérito del 'giallo' y de la novela negra en general es su función de iniciación a la lectura y de ampliación de sus márgenes”.

Temas: Novela negra