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festival de cine

Judi Dench apoya al 'apestado' Kevin Spacey en San Sebastián

La actriz inglesa recoge el honorífico Premio Donostia

Nando Salvà

Judi Dench recibe el Premio Donostia.

Judi Dench recibe el Premio Donostia. / Javier Etxezarreta

Judi Dench tiene 83 años, seis décadas en la profesión a sus espaldas y un desinterés completo por la corrección política. Lo ha demostrado este martes en el Festival de San Sebastián, que este año le concede el Premio Donostia, al hablar de Kevin Spacey y del modo que la industria ha tenido de marginarlo tras las acusaciones por supuestos abusos sexuales vertidas sobre él. “¿Es que cualquier persona que se hay comportado mal va a ser condenada al ostracismo para siempre? ¿Es que vamos a excluirlo? Desconozco la situación actual de Kevin, pero para mí es un actor maravilloso y un buen amigo”.

Al hablar del galardón honorífico que el certamen concede a Dench la pregunta que hay que hacerse no es por qué han decidido dárselo sino más bien por qué han tardado tanto en hacerlo. La actriz inglesa, decíamos, no solo es considerada una de las grandes damas de la interpretación -discúlpese el topicazo- sino también uno de los grandes valores de Gran Bretaña junto a los Beatles, Harry Kane y el 'fish and chips'. Por eso resulta irónica la anécdota que Dench compartía hoy con la prensa, horas antes de recibir esta noche el galardón. “En el primer 'casting' que hice para una película, el director me observó durante un rato y finalmente dijo: ‘Señorita, tengo que decirle que todos los rasgos de su cara son absolutamente inservibles para este trabajo’".

Considerando la cantidad de películas valiosas que Dench ha rodado a lo largo de su carrera, es una pena que para complementar la entrega del premio el festival haya decidido proyectar la más reciente de ellas, que desde ya merece contarse entre las más olvidables. Primer largometraje que el director teatral Trevor Nunn estrena en más de dos décadas, 'La espía roja' se inspira en la vida de Melita Norwood, que participó en el programa de armas nucleares de su país durante la posguerra y transmitió secretos cruciales a la KGB, lo que permitió a los soviéticos acelerar la construcción de su propia bomba atómica. Norwood no fue descubierta hasta varias décadas más tarde, una vez acabada la Guerra Fría.

Pese a que Dench llena de emotividad y matices el puñado de escenas en las que interviene, en líneas generales la película es una colección de diálogos tediosos pronunciados por personajes trazados a brochazos en situaciones cuya carencia de contexto político o psicológico sugiere una completa falta de fe por parte de Nunn en la inteligencia de su público.