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CRÓNICA

Altaveu, el principio de todo

El espectáculo colectivo 'Alça la veu', con artistas como Quimi Portet, Roger Mas y Maria Arnal i Marcel Bagés, agitó la noche inaugural del festival de Sant Boi en su edición de 30º aniversario

Jordi Bianciotto

Maria Arnal i Marcel Bagés, en el festival Altaveu

Maria Arnal i Marcel Bagés, en el festival Altaveu / ROBERT RAMOS

El Altaveu nació en 1989 poniendo el foco en la palabra, expresada a través de la estética del cantautor tradicional. Este fin de semana, en la celebración de su 30º aniversario, el venerable festival de Sant Boi de Llobregat ha querido realzar precisamente el poder de la voz como principio de todo, y hacia ahí orientó un espectáculo bello y con agudos relieves, ‘Alça la veu’, este viernes en la plaza del Ajuntament.

Un “homenaje a la voz”, así de sencillo, en el que Dolo Beltrán, santboiana de pro, cantó y ejerció de entusiasta conductora dando paso a la decena de voces invitadas, cada una de las cuales eligió canciones significativas de su repertorio. Empezando por Núria Graham, con su sinuoso ‘Smile on the grass’, y una Judit Neddermann que miró hacia Ester Quintana y el 1-O en ‘No volem més cops’. En la sala de calderas, las guitarras de David Soler, ricas en especias, y un grupo de músicos de Sant Boi.

Loa al poder popular

Esta formación dio una corpulencia de rock hondo, con colchón de teclados, a Roger Mas en ‘El rei de les coses’, en la que desenfundó su guitarra eléctrica Telecaster. Las seis cuerdas, empuñadas por Marcel Bagés, arroparon, en modo de terrorismo sonoro, a Maria Arnal en su enfática insistencia en que “la gent no s’adona del poder que té”, el poema de Brossa, que resonó con un alarmismo bíblico en la plaza y más allá. También Dolo sonó guitarrera en ‘Copilotos, con su paisana Maria Martí, aunque cuando la vimos más cómoda y desmelenada fue haciendo de diva disco-pop agitando la falda de volantes en ‘Cósmica’.

Quimi Portet y Ruper Ordorika /ROBERT RAMOS

Otra pareja potente, esta inusual, aunque sabemos de la larga amistad que les precede, fue la integrada por Quimi Portet y Ruper Ordorika. El cantautor de Oñati alternó lenguas: su natural euskera en la melancólica ‘Martin Larralde’ (“canción acerca del que cayó en desgracia y tiene que vivir lejos”) y un meritorio catalán en ‘Homes i dones del cap dret’, pieza de Portet que fue enriquecida por el ‘pedal steel’ de Soler, y tras la cual el barcelonés se deleitó en su ácida ‘Sunny day’.

Y más voces sustanciosas para cerrar: de la tierna pero turbia Paula Valls Enric Montefusco (‘Adelante Bonaparte’), y de ahí a la santboiana Coral Renaixença trepando hasta cumbres góspel de ‘Priase his holy name’. Voces multiplicadas en un concierto que, en la primera noche del Altaveu-18, convivió con el infeccioso rock criollo de Morgane Ji, francesa originaria de la isla de la Reunión, y las artes de Vieux Farka Touré, a solas con su guitarra y sus penetrantes historias del desierto.

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