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CRÓNICA

Maná, desmadre civilizado en Cap Roig

El grupo mexicano sació a sus fans con un concierto basado en sus éxitos de los años 90

Jordi Bianciotto

Manà, durante la actuación del lunes en Cap Roig. 

Manà, durante la actuación del lunes en Cap Roig.  / EFE / ROBIN TOWNSEND

Maná ha anunciado disco para el próximo invierno y, quizá para coger fuerzas, le tenemos este verano embarcado en una gira con la mirada puesta hacia atrás, en las canciones que le catapultaron como grupo pop global a través del carril de la latinidad. Dejándose inspirar por sus logros pretéritos se llevaron por delante, este lunes, a un público de Cap Roig al que Fher, cantante del grupo, prometió emociones fuertes. “¡Esta noche vamos a echar un buen desmadre!”.

Algarabía, sí, pero ordenada, como corresponde a esta banda de músicos técnicos y versos románticos, y al civilizado contexto del festival sito en Calella de Palafrugell, auspiciado por la Fundación Bancaria La Caixa. Maná tiró de ‘singles’ de éxito desde el minuto uno con ‘Manda una señal’ y la impetuosa ‘Oye mi amor’, “juntando los cuerpos” con sus cadencias de rock sensual de reluciente factura instrumental.

Hitos del ‘crossover’ latino de los 90 (‘Corazón espinado’, que grabaron con Santana) y elásticas inflexiones ‘funky’: la libidinosa ‘Déjame entrar’. Y, a todo esto, ni una sola mención a su última obra, ‘Cama incendiada’ (2015). Ni a la anterior, ‘Drama y luz’ (2011). Su disco más citado resultó ser el tercero, ‘¿Dónde jugarán los niños?’ (1992), con hasta seis canciones.

Ecología y romanticismo

Maná tiene a veces un ramalazo pretencioso que se expresa, por ejemplo, en sus un poco engoladas llamadas de atención ecológicas: ese vídeo con selvas calcinadas y frases lapidarias (“si el hombre escupe al suelo se escupe a sí mismo”), que precedió a la canción ‘Cuando los ángeles lloran’, inspirada en el activista brasileño Chico Mendes, a quien asesinaron hace ahora 30 años. Otro trazo de Maná es el don de Fher para acariciar los oídos de la clientela, la femenina en particular (“son muy seductoras las catalanas”), y para ponerse romántico en modo cursi: “Yo creo que ustedes inventaron el amor”, aventuró mientras se adentraba en baladas como ‘Vivir sin aire’, una de sus primeras canciones, señaló, en sonar en España. “Y no es fácil para  un latino poderles conquistar”, añadió elevándonos la moral. Fher, por cierto, dijo haber pasado un mes entero en Barcelona el año pasado. Concretamente el de octubre, sin duda un momento de lo más sosegado para descubrir la ciudad.

Asalto a la ranchera

Pero Maná es un grupo de instrumentistas de altos vuelos y lo quisieron demostrar: ese pasaje del guitarrista Sergio Vallín, con ‘tapping’ metalero, como introducción de ‘Mariposa traicionera’, y el abrumador solo del señor batería, Alex ‘El Animal’ González. Otros vértices de un concierto, con todo, de sonoridad menos aparatosa que el de hace tres años en el Palau Sant Jordi, con más ganas de seducir que de impresionar, y concebido sin un ánimo lineal. Ahí estuvieron las expresiones de mexicanidad (la ranchera ‘El rey’, de José Alfredo Jiménez, con deriva “jamaicana-sabrosona”, precisó Fher), el trote ‘skatalítico’ de ‘Me vale’ y un fragmento acústico, a voz y guitarra, que incluyó un homenaje a ‘Se me olvidó otra vez’, de Juan Gabriel, entre retales de ‘Te lloré un río’ y ‘Cómo dueles en los labios’.

En los compases finales de la noche, ardientes cantos colectivos con ‘En el muelle de San Blas’ y ‘Clavado en un bar’, y Fher, sacando la armónica en ‘Rayando al sol’ para culminar la sesión con el público a sus pies. No sin antes lanzar un último piropo, este con doble destinatario: “¡bonita, la tierra de Serrat!”.

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