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FESTIVAL DE VERANO DE BARCELONA

'Grito pelao', un poderoso deseo en el Grec

Rocío Molina y Sílvia Pérez Cruz cantan y bailan a la maternidad en un espectáculo que se adapta a la bailaora, embarazada de cuatro meses y medio

Marta Cervera

Rocío Molina, embarazada, está adaptando su baile a los cambios de su cuerpo en Grito pelao.   

Rocío Molina, embarazada, está adaptando su baile a los cambios de su cuerpo en Grito pelao.    / ALBERT BERTRAN

Relajada y feliz con su estado de buena esperanza, la radical bailaora Rocío Molina recala en el Teatre Grec este miércoles y jueves con 'Grito pelao', una propuesta a tres bandas sobre la maternidad. Ella, embarazada de cuatro meses y medio, la versátil cantante Sílvia Pérez Cruz, que tiene una hija de 10 años, y Lola Cruz, la madre de la bailarina protagonizan este canto a ese vínculo tan especial que traspasa de una generación a otra. El estreno la semana pasada en el Festival de Aviñón fue un éxito.

"Estoy estupendamente bien. Como mejor me encuentro es bailando, porque cuando paro me noto todos los síntomas del embarazo”, confiesa Molina con un aspecto espléndido. Quien no encontraba tan fina era Sílvia Pérez Cruz, que prefirió descansar a acudir a la rueda de prensa.  

Este proyecto ha sido muy diferente a todo para ambas. "Yo estoy bailando de otra manera porque ahora escucho a mi cuerpo", admite Molina, que firma la dirección escénica con Pérez Cruz y Carlos Marquerie, colaborador habitual de la bailaora y autor de la dramaturgia. Molina, muy visceral en su baile   ha tenido que aprender a canalizar su energía de otra manera en un espectáculo que mucho más tierno que los anteriores, 'Caída del cielo' (2016) y 'Bosque Ardora' (2014). "Sílvia me ha ayudado a parar, a adquirir otra sensibilidad. Ella propuso empezar de cero, creando una masa madre entre ambas con su voz y mi cuerpo. La idea era crear una materia desconocida".

La bailaora Rocío Molina y la cantante Sílvia Pérez Cruz en una escena de 'Grito pelao' observadas por la madre de la bailaora, Lola Cruz. / CRIStophe raynaud de lage

Ambas, dos artistas únicas en sus respectivos campos, decidieron lanzarse sin miedo a preparar 'Grito pelao'. Todo surgió del deseo de tener descendencia de Molina, algo que finalmente consiguió gracias a una fecundación in vitro de uno de sus óvulos. "Hace cinco años deseaba ser madre, pero quise esperar. Llegó un momento en el que el deseo se hizo tan grande que se convirtió en un monstruo: no podía luchar contra él. Empezaba a afectarme a muchos niveles, también en el baile", confiesa.

Y cedió a ese anhelo. "Me dí cuenta DE que si no cubría esa parte personal no fluía nada, no tenía ni creatividad. Me apagaba. El baile se convirtió en una fuga". De ese poderoso deseo surgió una criatura, un espectáculo que estaba muy avanzado cuando llegó la noticia del embarazo, algo que ha obligado a adaptarl la propuesta a los cambios de su cuerpo. "Lo difícil antes era trabajar sobre algo que no había sucedido", recuerda. 

"Es una obra compleja a nivel de tiempo y ritmo. Bailo mucho pero de forma diferente, dando tiempo a crear imágenes bellas"

Rocío Molina

El proceso creativo se realizado a base de 'Impulsos', improvisaciones creativas como la que se vio en Temporada Alta el pasado septiembre. Frente al derroche de energía habitual en Molina, la paciencia y la escucha han sido claves para desarrollar una propuesta empapada de verdad. "Es una obra compleja a nivel de tiempo y de ritmo. Mi energía es diferente y he de ir más lenta". Molina ya ha encargado unos zapatos nuevos que se adapten mejor a un cuerpo que se va hinchando. "Mi zapateado ha variado. Ahora hago menos saltos. Lo hago todo a tierra y con 'picos' pequeños pero fuertes. Bailo mucho pero de forma diferente, dando tiempo a crear imágenes bellas".

El espectáculo profundiza en sus sentimientos, en su experiencia como mujer soltera y lesbiana que decide ser fiel a su instinto, a su deseo de procrear. Ella misma lo explica en el espectáculo con textos surgidos de su puño y letra, algo que no había hecho nunca. "La presencia de mi madre ayuda a soltarme", explica. En escena ambas hablan, se sinceran, algo muy difícil para Molina que hasta la fecha tenía "pánico" a hablar ante el público. A sus 34 años la bailaora asegura que no ha sido fácil acostumbrarse tenerla tan cerca durante los largos meses de ensayo pero valora infinitamente su colaboración.  "Mi madre es una 'crack'. Su presencia aporta verdad e ingenuidad. Ella no ha sido profesional en su vida aunque estudió ballet en la ópera de Bruselas diez años. Pero después volvió al pueblo, se casó y fue ama de casa".

Camisa ancha

Las tres protagonistas femeninas, acompañadas de un sólido cuarteto de músicos colaboradores habituales de Pérez Cruz y Molina, están descubriendo otra dimensión con 'Grito pelao'. Sílvia Pérez Cruz ha creado varias piezas nuevas para un espectáculo donde interpreta desde tangos a flamenco pasando por canciones tradicionales y poemas de Sylvia Plath como 'For a fatherless son' (Para un hijo sin padre) y 'Childless woman' (Mujer sin hijo). Además de desarrollarse en escena como actriz y bailarina, también descubre cosas nuevas como cantante.

"Ella misma se sorprende de lo que llega a hacer con su voz. Sílvia es una de las artistas más valientes que conozco. Ambas nos adentramos en terrenos que no conocemos en una obra que está viva y que cambia día a día, como mi cuerpo", dice Molina, que disimula su incipiente barriga con una camisa ancha. Veremos qué ocurre cuando tenga que actuar en el Chaillot de París, en la última representación prevista a mediados de diciembre y esté de más de siete meses. Los coproductores ya sabían que este sería un proyecto arriesgado, tanto si se quedaba embarazada como si no. Tratándose de Molina, no podía ser de otra forma. 

  

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