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Espectacular 'Novena' de Beethoven con Gatti

El maestro, al frente de una prodigiosa Mahler Chamber Orchestra, las corales del Orfeó y cuatro destacados solistas, triunfó en el Palau

César López Rosell

Danielle Gatti con la Mahler Chamber Ochestra y el Orfeó Català interpretando la Novena de Beethoven en el Palau. 

Danielle Gatti con la Mahler Chamber Ochestra y el Orfeó Català interpretando la Novena de Beethoven en el Palau.  / A. BOFILL

'Novena' de Beethoven de lujo bajo la expresiva y dominante batuta de Daniele Gatti. El referencial maestro italiano ofreció todo un catálogo de precisión en los gestos e indicaciones para marcar los tiempos de la magna obra que demostró haber interiorizado hasta el más mínimo detalle sin necesidad de tener la partitura delante. Hasta la explosión de alegría final de la sinfonía pareció más auténtica que en otras versiones gracias a la maravillosa sonoridad extraída de la Mahler Chamber Orchestra (MCO), fundada por Claudio Abbado e integrada por jóvenes talentos, y a la aportación de un gran cuarteto de solistas y las corales del Orfeó Català, con su titular Simon Halsey al frente. La velada tuvo también su momento 'interruptus' cuando, después de interpretar el primer movimiento, Gatti recriminó a una espectadora de la primera fila las molestias que ocasionaba a la orquesta y a él mismo con los reflejos del móvil que estaba utilizando en pleno concierto y que impedían la concentración precisa para la recreación de esta obra maestra.

Las palabras del apasionado director fueron respaldadas por el aplauso de una entregada sala. Tanto parecía haberle afectado esta forzada salida de su inmersión en Beethoven, que después de una fallida primera entrada en el segundo movimiento consiguió meterse de nuevo en la narrativa del relato musical en el segundo intento. Desde aquí hasta el final todo fue como una seda, aunque es difícil de entender como alguien del público se pierda ni un solo instante del lirismo y las emociones de una composición de estas u otras dimensiones. Por fortuna, la grandeza de la obra y de sus intérpretes se acabó imponiendo dando la razón al anarquista ruso Bakunin quien dijo: "Todo, todo se hundirá.  Nada quedará… salvo la Novena Sinfonía". Así lo recordaba el programa de mano de la velada a cargo de Carlos Calderón.

El director recriminó a una espectadora que usara el móvil durante el concierto

Fue abrumadora la homogeneidad sonora de todo el conjunto orquestal, pero en ella destacó especialmente la luminosidad de una cuerda asombrosamente transparente y de una sección de madera soberbia. Flautas, oboes, fagot y clarinetes desplegaron magia en sus aportaciones, y no hay que dejar de lado a los metales y la percusión de una formación que, gracias la dirección de grandes batutas y a la continuidad de la línea fundacional, se mantiene entre las mejores del continente.

Hubo momentos especialmente redondos, entre ellos el del inicio del movimiento conclusivo con la bien resuelta recapitulación de los anteriores a partir de la respuesta de los violoncelos y, claro, la espectacular incorporación de solistas y coro, tras la introducción del sólido bajo Luca Pisaroni del 'An die freude' de Friedrich von Schiller. La melodía, basada en la oda, siguió interpretada magistralmente por los músicos, con la madera a un alto nivel, y por las voces de la rutilante mezzo Natascha Pretinsky, la soprano Marina Rebeka y el tenor Terston Kerl, que completaba el cuarteto. La incorporación del coro, en plena sintonía con la orquesta, remató en 'forte' una actuación memorable. Los sentimientos de alegría y hermandad al final de la interpretación provocaron una explosión de gozo premiada con bravos y reiterados aplausos.

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