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ENTREVISTA

Paolo Cognetti: "La montaña es para mí como la Fortaleza de la Soledad para Superman"

El ganador del útlimo premio Strega con 'Las ocho montañas' ha sido un gran fenómeno editorial en Italia

Elena Hevia

El escritor italiano Paolo Cognetti, en su reciente visita a Barcelona. 

El escritor italiano Paolo Cognetti, en su reciente visita a Barcelona.  / JORDI COTRINA

 El último fenómeno editorial en Italia, Paolo Cognetti (Milán, 1978), ha logrado con su novela 'Las ocho montañas' (Mondadori / Navona) el Strega, el más reputado de los premios literarios de su país. Sus palabras y su prosa están cargados de sinceridad y hondura y aunque su aspecto sea de joven montañero no es exactamente un hombre de acción como lo sería Hemingway, sino alguien que explora horizontes que no se encuentran exactamente en los picos nevados. La novela cuenta la vida de Pietro, un chico enamorado de la naturaleza que desea ser escritor y su amistad con otro muchacho que en el fondo se revela como el verdadero hombre libre que él jamás podrá ser.

Antes de 'Las ocho montañas' escribió 'El muchacho silvestre' (Minúscula) una memoria que explica su relación con ese entorno. ¿Se puede considerar la semilla de esta novela? Aquello era un diario, una autobiografía explícita, de cuando con 30 años decidí abandonar Milán donde vivía e irme a vivir al Valle de Aosta, en los Alpes. Creo que aquel libro y esta novela forman un 'pack' en el que se puede descubrir qué es lo que ocurre en la cabeza de un escritor y como acaba cristalizando lentamente en una obra de ficción.

¿Quería hacer una novela de formación? Sí, porque estoy unido a ciertas novelas de mi adolescencia, uno de mis temas narrativos favoritos porque me interesa especialmente la transformación, ese momento en que se define la identidad.

Sus novelas anteriores estaban protagonizadas por mujeres y esta es una novela, entre otras cosas sobre la masculinidad. ¿Qué ha supuesto este cambio? Hablando de la masculinidad mi escritura se ha simplificado.

¿Y eso cómo se debe interpretar? (Ríe) Antes mi escritura era más rica, con frases más complicadas, quizá porque cuando eres joven piensas que la buena escritura es la que dice las cosas más enrevesadas. Pero cuando me puse a elaborar una historia que sentía muy próxima me pareció que tenía que ser lo más clara posible. Pero quizá también signifique que las mujeres son más complejas, sí.

Todo escritor trabaja en solitario, pero se diría que hacerlo en la montaña es añadir soledad a la soledad.  Uno de los motivos por lo que me fui a vivir a la montaña fue escribir. Estaba en una crisis tremenda que puso patas arriba todos los aspectos de mi vida tanto en lo laboral como en lo personal.  Eso me llevó a un silencio en la escritura, es como si se hubiera secado la fuente. Necesitaba estar en silencio para volver a recuperar las ideas. Esto no es un tema de la novela, eso procede directamente de lo que me había sucedido.

¿Y qué significó la montaña en aquel momento? Significaba un regreso a algo olvidado y abandonado. A un lugar feliz de mi infancia en un momento en el que creemos que esta ha quedado atrás definitivamente. Me devolvió a mis orígenes, a la relación con mi padre, un hombre de campo que se fue a la ciudad. Y en cierta forma, es funcionó como la Fortaleza de la Soledad para Superman.

Le ha devuelto a Kripton. Eso es. Me ha dado un gran sentimiento de libertad, pero en el sentido de la persona que consigue tomar las decisiones mentales en las que realmente cree.

En la novela Pietro regresa de Nepal y se siente agobiado a su paso por una ciudad de Milán ahogada por la crisis económica. ¿Eso es autobiográfico, supongo? Sí, la novela no cuenta exactamente mi vida pero sí mis experiencias. Mi crisis personal coincidió con la económica, así que me tocó vivir el momento en que cuando crees que todos tus proyectos se están materializando (yo era realizador de documentales) todo se viene abajo.  Sentía que la ciudad no me quería.

¿Habrá quien diga eso fue una huida? La elección de la montaña no es una fuga de la sociedad. Para mí fue el intento de encontrar nuevos proyectos de trabajo políticos y culturales. No es un lugar donde ejerza de ermitaño.

¿Proyectos políticos? En la ciudad tuve una formación política muy clara, bastante común a la de la gente de mi generación. Trabajábamos en barrios, sobre todo en la periferia. No era un trabajo institucional. En Milán hay una gran tradición de centros sociales y antiguas fábricas ocupadas. Este escenario fue muy vivo en los 90 y 2000, fue la resistencia al veintenio berlusconiano. Yo participé mucho, así que la idea del asociacionismo me acompañó. En la montaña me he dedicado a organizar un festival cultural y estamos construyendo un refugio alpino. La región del Valle de Aosta es muy pequeña, 100.000 habitantes, y en el pueblo en el que vivo solo somos seis.

¿Seis personas?

Eso es. Pero en invierno, en temporada alta se llena de esquiadores. Una de las cosas que me llevaron allí fue compartir la cultura y al final se ha convertido en una forma de estar en compañía.

¿Cree que la novela ha tenido éxito porque conecta con el pensamiento de su generación? Creo que sí, en la novela existe una gran diferencia entre Pietro y su padre. El padre pertenece a una generación que dejó atrás la naturaleza para trabajar en una fábrica. Construyó una familia, compró una casa, porque eso es lo que debía hacerse. Concebía la vida como un gran proceso de crecimiento y conquista. Para el padre de Pietro era como llegar a la cima de la montaña.

"La generación de mi padre concibió la vida como una conquista. La mía busca la felicidad" 

Pero su generación es distinta. Eso es. Somos la generación del decrecimiento y luego la de la crisis que nos dijo que esa forma de vida no había funcionado y por tanto en vez de dedicarnos a la conquista la vemos como la búsqueda de la felicidad, que está en la cima de las montañas pero también en la armonía de estar bien donde vives junto a los demás. Hay algo femenino en eso.

¿Es así como sube sus montañas? Sin conquistarlas, comprendiéndolas.  Me gusta mucho el bosque, porque está lleno de vida y de árboles. Al padre de Pietro el bosque no le dice nada, no siente que el agua y la madera sean recursos que deban protegerse. El pasado otoño fui a Nepal durante en una travesía en la que en ningún momento quise llegar a la cima, no era el objetivo. 

¿Eso es una manera de hablar de la masculinidad? Seguro que sí. Afortunadamente somos muy distintos de nuestros padres que eran hombres de una pieza. Nosotros somos más débiles, menos obsesionados con la fuerza, más atentos a los demás. Yo me hice escritor precisamente por ese interés.

En España la literatura sobre la naturaleza, con los escritos de Thoreau a la cabeza, es una tendencia en alza. ¿También lo es en Italia? Sí. Hace 40 años la naturaleza formaba parte de la vida de todos. Pienso en mis padres que venían del campo; jamás se les hubiera ocurrido leer un libro sobre árboles. Ahora hay chicos que nunca han visto un animal silvestre. Y aunque nos sintamos supermodernos  y tecnológicos, lo cierto es que nuestro cuerpo nos exige el aire libre. Es el propio cuerpo el que te dice que estás bien en la naturaleza.

"La naturaleza siempre tiene algo místico porque nos ponemos en contacto con los elementos de la forma más pura" 

El libro se lee como una autobiografía, aunque no sea eso. Ha matado al personaje del padre en la novela, pero el suyo está vivo. ¿Qué le dijo él cuando la leyó? Al principio se sintió herido porque lo he describí  muy frío e insensible pero al final lo aceptó como algo positivo. Dijo que su hijo le conocía bien.

¿Ha tenido alguna experiencia mística en las altas cumbres? La naturaleza siempre tiene algo místico porque nos ponemos en contacto con los elementos en su forma más pura. El viento, el agua que surge de una roca, el fuego son algo primordial y te llevan a la dimensión de cuando surgió la espiritualidad humana, cuando el  hombre buscaba explicarse cosas más grandes que sí mismo. En las ciudades todo es racional, pero en la naturaleza, no. Allí reina el misterio.  

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