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Visita de un pensador esencial

Menos darle al 'like' y más coger el azadón

Byung Chul-Han, el filósofo estrella alemán de origen coreano, invita a rebelarse contra el capitalismo digital que nos convierte en datos, a su paso por el CCCB

Núria Navarro

Menos darle al 'like' y más coger el azadón

Elisenda Pons

"Si la primera cosa que hiciera Puidemont fuera recuperar al 'animal original', yo sería separatista", ha soltado hoy Byung-Chul Han (Corea del Sur, 1959), supernova de la filosofía europea, poco antes de dar una conferencia en el CCCB. Era su forma de atajar cualquier gol de los periodistas, alérgico como es a los nacionalismos, a los que considera "reacciones a la violencia de lo global" y que hacen imposible la verdad, "que es la reconciliación de lo especial y lo general".

Cuando Han invita al 'president' a priorizar la vuelta del 'animal original' no se refiere "a cerrar puertos y aeropuertos", ni a promocionar la pintura rupestre en las grutas de Prades. Toma prestado el concepto de Paul Lafarge, yerno de Marx, para afirmar que "el animal original no consume ni comunica", que es a lo que nos arrastra con furia la sociedad posindustrial.

El poder seductor

El diagnóstico de Han no es de difícil acceso: el poder en la era digital no es represor, es seductor. Nos invita a opinar, a participar, a exhibir. Pero apretar con el dedito al "me gusta", tan ufanos, es en realidad "una ilusión de libertad". Según el pensador afincado en Berlín, hemos interiorizado la represión del sistema. Cada cual se convierte en "emprendedor de sí mismo" e intenta "optimizarse". Y si no logra un éxito decente, se culpa a sí mismo y se avergüenza.

Con esa estrategia del poder, "que ya no tortura sino que jalea el posteo y el tuiteo", ganan el Estado y el mercado. Primero, porque cada ciudadano es un paquete de datos controlable y controlado por la Administración ("en China existe el 'social score', que escanea las relaciones e inclinaciones del ciudadano para otorgar o no un visado"). Segundo, porque la transparencia de la red acelera la emoción, y la emoción acelera el consumo. Ese ritmo endemoniado, dice, "disuelve la negatividad y elimina lo otro o lo ajeno". Todo eso recalienta el mundo y lo hará explotar.

Un 'jukebox' y el jardín

A diferencia de otras vedetes de la filosofía como Slavoj Zizek o Alain Badiou, Han no cree que esa enfermedad narcisista que nos ataca solo la pueda curar un 'acontecimiento' (la proximidad de un planeta a punto de chocar contra la Tierra, como ocurre en la película 'Melancolia', de Lars von Trier, por ejemplo). El autor de 'La sociedad del cansancio' tiene una fórmula propia de resistencia política que no convierte en categoría pero comparte encantado: no tiene 'smarthpone', no hace turismo –"el turista viaja por el infierno del igual, circula como si fueran mercancías"–, en casa solo escucha música analógica ("tengo un 'jukebox' y dos pianos", confiesa), no trata a sus estudiantes de Filosofía de la Universidad de las Artes de Berlín como a clientes y ha dedicado tres años de su vida "a cultivar un jardín secreto", cuya experiencia destilará en el libro 'Elogio de la tierra', aún en manos del editor alemán y que publicará en primavera Herder, que ha sacado una docena de títulos en España desde el 2011.

"No hago turismo, solo escucho música analógica, no trato a mis alumnos como a clientes y cultivo un jardín. También eso es política"

Han no pretende epatar con todo esto. Cree que recuperar "la belleza original" es, en definitiva, una postura política. Se trata de parar motores –o sea, dejar de darle al 'like' y de subir variaciones de uno mismo en Instagram–, abrazar la demora, incluso exigir un tiempo "de fiesta" de esa hiperconectividad que nos hace esclavos y no amos. Romperíamos así, dice, el flujo de capital y mercancías, abandonaríamos la "tiranía de lo igual" y dejaríamos de ver lo distinto –el refugiado, el inmigrante, el extranjero– como una amenaza. El otro, al que ni vemos ni tocamos ni olemos, solo tememos, volvería "como misterio, deseo o pesadilla".

Han no sabe cómo será este nuevo orden que propone, pero opina que es asunto capital. Junto a otros intelectuales y el expresidente del Parlamento Europeo Martin Shultz, ha firmado la 'Carta Digital', un intento de recuperar la dignidad humana "frente a los abusos del 'big data'" y de promover la renta básica ante la amenaza de la muerte de cientos de profesiones. "Se trata de reajustar el sistema", dice. Y de no caer en eso de la economía del compartir que defiende, por ejemplo, Jeremy Rifkin. A su juicio, el capitalismo llegará a su plenitud en el momento en que el comunismo se venda como mercancía. Será, concluye, el fin de toda revolución.

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