EL ANFITEATRO

A la ópera en busca de calma

Philippe Jaroussky protagoniza una obra de Kaija Saariaho bajo la dirección de Ernest Martínez Izquierdo en el palacio Garnier de París

Davóne Tines (sacerdote) y Philippe Jaroussky (espíritu), en ’Tsunemasa’, una de las dos obras de Kaija Saariaho que componen ’Only the sound remains’

Davóne Tines (sacerdote) y Philippe Jaroussky (espíritu), en ’Tsunemasa’, una de las dos obras de Kaija Saariaho que componen ’Only the sound remains’ / RUTH WALZ

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Un espíritu y un ángel vuelan por el palacio Garnier, una de las sedes de la Ópera Nacional de París, sumándose a los que pintó Marc Chagall en la cúpula del teatro. Los de ahora han tenido la voz siempre inmaculada de Philippe Jaroussky. Junto al bajo-barítono Davóne Tines el contratenor protagoniza ‘Only the sound remains’ (Solo queda el sonido), de la compositora finlandesa Kaija Saariaho, con la dirección de Ernest Martínez Izquierdo y la puesta en escena de Peter Sellars. La noche del estreno se saldó con un gran éxito. 

El resultado es una experiencia que podríamos llamar celestial si el adjetivo no sonara algo cursi. El propio Sellars explica que en un mundo que nos presenta un desastre nuevo cada día, en el que todo es griterío, la excitación ya no está en el teatro. Ahora hay que ir allí “en busca de calma”. Y esto es lo que consigue la comunión entre la música de Saariaho, las ideas de Sellars y el desempeño de los intérpretes.

‘Only the sound…’ reúne dos obras del siglo XV procedentes del teatro nô japonés, ‘Tsunemasa’ (Siempre fuerte) y ‘Hagomoro’ (El manto de plumas), traducidas por Ezra Pound a partir de los trabajos realizados en el siglo XIX por el estudioso de la cultura nipona, el estadounidense Ernest Fenollosa.

Las dos obras son para dos solistas, cuarteto vocal, cuarteto de cuerda, percusión, flauta y kantele, un instrumento de cuerdas finlandés parecido al koto japonés, además de sonidos electrónicos.

En el teatro nô hay siempre una dialéctica entre la luz y las tinieblas que se concreta en el encuentro entre lo humano y lo sobrenatural. En ‘Tsunemasa’ el sacerdote Gyokei con su canto y su laúd resucita el espíritu del guerrero que da nombre a la obra cuya presencia se irá borrando para que quede solo su voz.  En ‘Hagomoro’ el pescador Hakuryo encuentra un manto de plumas perteneciente a un ángel. Éste lo reclama y el hombre se lo devolverá a cambio de una danza.

Si la primera obra es más oscura y perturbadora con un registro vocal que tiende a notas graves, la segunda es más luminosa, con una escritura musical para el papel del ángel mucho más aguda, e incorpora a un tercer intérprete en el escenario que es una bailarina. Las dos son obras de una gran intensidad. En ambas los personajes que interpreta Jaroussky, el espíritu y el ángel, desaparecen al final quedando solo su sonido.

Peter Sellars reúne dos aspectos que convierten su puesta en escena en un excelente envoltorio para atrapar al público. Uno es su conocimiento del teatro nô (en 1986 ya había dirigido ‘Tsunemasa’ en teatro). El otro es su relación con la música de Saariaho. Esta es su cuarta puesta en escena de obras de la compositora. Sellars presenta un mundo fantasmal mediante un hábil juego de oscuridad, luces y sombras, creado de James F. Ingalls. Un telón de fondo distinto para cada una de las dos obras, de la artista etíope Julie Mehretu, marca la división entre los dos mundos presentes en ambas partituras.

Con una larga carrera dedicada casi exclusivamente al repertorio barroco, no es la primera vez que el contratenor francés aborda la música contemporánea, pero seguramente en ‘Only the sound…’, escrita por Saariaho pensando en las características de su voz, tiene el vehículo idóneo para adaptar y desarrollar plenamente sus capacidades vocales en este repertorio. Su voz es nítida, envolvente, y unos efectos electrónicos, contra lo que pueda pensarse,  contribuyen a crear una atmósfera vocal que parece suspendida entre el cielo y la tierra sin ir en detrimento del cantante.

El bajo barítono Davóne Tines encarna a los dos personajes terrenales, primero al sacerdote y después al pescador, y lo hace con un voz hermosa, grave, muy aterciopelada que contrasta con la del contratenor. Nora Kimball- Mentzos es la intérprete de la danza sensual y elegante de ‘Hagomoro’.

Ernest Martínez Izquierdo debutaba en el foso de la Ópera Garnier. Es un gran conocedor del repertorio contemporáneo y en particular de la obra de Saariaho de quien ha dirigido sus cuatro óperas. En esta ocasión estaba al frente del cuarteto vocal Theater of Voices, especializado en música antigua y contemporánea, el cuarteto de cuerdas Meta4 y los solistas de percusión (Heikki Parviainem), flauta (Camilla Hoitenga) y kantele (Eija Kankaanranta).

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Esta producción de ‘Only the sound remains’ se estrenó en Amsterdam en el 2016. Es un encargo de varios teatros, entre ellos el Teatro Real de Madrid que la presentará la próxima temporada, en otoño. En París se representa hasta el próximo 7 de febrero.

Programa visto el día 23 de enero.

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