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CRÓNICA

Joanjo Bosk, fuerza de la naturaleza

El cantautor de Figueres abrió Barnasants con el repertorio intenso de su nuevo disco, 'Camí d'aigua'

Jordi Bianciotto

Concierto de Juanjo Bosk en Barnasants.

Concierto de Juanjo Bosk en Barnasants. / FERRAN SENDRA

La moderna escena catalana está llena de propuestas que basculan entre el folk y el pop, pero no tanto entre el folk y el rock, entre la sutileza acústica y el músculo, con aliento poético e intención de sacudir sensibilidades. Joanjo Bosk sigue teniendo algo de cantante de heavy metal metido a cantautor y sus repertorios llenos de imágenes poéticas presumen de una fuerza interior inhabitual, como pudimos observar este viernes en el concierto que abrió la 23ª edición de Barnasants, en el teatro Joventut, de L’Hospitalet.

Noche inaugural que, como es costumbre, abrió el director de la muestra, Pere Camps, con un parlamento en el que aludió al actual contexto político y defendió toda programación cultural como “un acto de la primera de las soberanías”. Camps leyó una carta escrita por Jordi Cuixart desde Soto de Real en la que expresa su deseo de que la nueva edición de Barnasants “sea luz, esperanza, amor y ternura”.

Del metal a la canción de autor

Deseos y sentimientos elevados que, en cierto modo, sintonizan con el fondo filosófico de las canciones de Joanjo Bosk, cuyo nuevo disco, ‘Camí d’aigua’, expresa la búsqueda de una idea de pureza emocional a través de la naturaleza. Esas canciones alimentaron a Bosk con un sonido entre acústico y eléctrico, tejido con dos guitarristas y un percusionista. Un folk de complexión corpulenta, o un rock con formas vulnerables, en el que despuntaron canciones como ‘Per no arribar enlloc’ y la ‘Salvatge (camí d’aigua)’, provistas de emotivos giros melódicos y que este cantautor con, efectivamente, pasado metalero (fue vocalista de las bandas Zulo y Aspid) defendió con una actitud vocal poderosa y bien modulada.

En ‘Dins la cova’ desplegó una estética del recogimiento entre sustanciosas texturas ambientales de guitarra eléctrica y en ‘Petita meva’ logró el prodigio de cantar a su pequeña hija sin sonar cursi, asociando luego la pieza al relato de ‘Cançó per Elna’, alrededor de los “episodios oscuros” del campo de Argelers. Aunque generalmente interioristas, algunas de las composiciones apuntaron a episodios colectivos precisos, como ‘Història maleïda’, en torno a la memoria del anarquismo y “bella Icària del passat / utopia sense Déu”.

Su mundo lírico acusó cierta inclinación por la trascendencia, pero con sobriedad y sin teatro. La consistencia de su cancionero recordó que, aunque sea “un perfecto desconocido para algunos”, como reconoció, lleva veinte años grabando discos. Siguió transmitiendo intensidad en sus citas a Palau i Fabre y en esa adaptación de ‘La mémoire et la mer’, de Leó Ferré, adaptada al catalán por Joan-Lluís Lluís, dando forma a un sólido pórtico para este nuevo Barnasants.

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