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CRÓNICA

Goran Bregovic, un contagioso desvarío

El músico bosnio desató su fiesta balcánica en Apolo más allá de su matizado último disco, 'Three letters from Sarajevo'

Jordi Bianciotto

Goran Bregovic, en la sala Apolo.

Goran Bregovic, en la sala Apolo. / FERRAN SENDRA

Difícilmente cuando era estrella del rock yugoslavo, en los 80, al frente del grupo Bijelo Dugme, se divirtiera tanto Goran Bregovic como en su actual versión de gurú ‘world music’. Pasan los años y los ‘tours’, y ahí sigue, de punta en blanco y luciendo su sonrisa nupcial mientras arenga a las masas: “Gas! Gas!”. En su visita de este jueves a Apolo (entradas agotadas desde hacía días), el músico bosnio venía a presentar un disco, ‘Three letters from Sarajevo’, que matiza sus locos festines balcánicos con secuencias más recogidas y renovados mestizajes, pero, a la hora de la verdad, tuvimos al fogoso Bregovic de siempre.

Buenas noticias para los fans de su trepidante sentido del espectáculo y su fanfarria ambulante, concretada esta vez en una formación esencial de cinco metales, el bombo tradicional serbio ‘goc’ manejado por el también cantante Muharem Redzepi y las dos profundas voces búlgaras, Daniela y Rudmila Radkova. Tropa que se puso a andar lanzando proyectiles como ‘Quantum utopia’ (“party, party, party”, repetía el renqueante estribillo), ante un público decidido a no dejar de dar botes durante hora y media.

Tres religiones

‘Three letters from Sarajevo’ lanza una metáfora de la armonía intercultural a través de sus voces invitadas, encuadradas en las tres religiones, cristiana, judía y musulmana. Aunque ninguna de ellas estuvo en Apolo, esas canciones introdujeron bienvenidos matices al desbocado guión de tralla folk-punk: ese ‘Pero’ que en el disco canta Bebe y que las hermanas Radkova reprodujeron con talante ceremonioso y pausas dramáticas, o un ‘Duj duj’ en el que Redzepi condujo a su manera el destartalado canto de Rachid Taha. Guiños hispanos, como en ‘Vino tinto’ y ‘Baila Leila’, canciones cubiertas en un halo de decadencia y que desprenden cierta apología de la embriaguez, constante en el repertorio de Bregovic. Y pisando de nuevo el acelerador en otra de las piezas nuevas, ‘S. O. S’.

La clásica ‘Ederlezi’, de la banda sonora de ‘El tiempo de los gitanos’, de Emir Kusturica, la película con la que empezó todo, cubrió luego Apolo de esa clase de melancolía que solo los eslavos parecen ser capaces de transmitir, y ‘Mesecina’ desató el asalto al repertorio más agitador, implicando al público en los cánticos de ‘Jeremija’ y con estación final en el himno partisano ‘Bella ciao’ y el bautismal ‘Kalasnjikov’. Bregovic, volcado en la fiesta más allá de la sofisticación de sus discos, y demostrando que es el mismo tanto si actúa en el Palau, en el Festival de Pedralbes o en un club. 

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