Ir a contenido

'show' en montjuïc

Una galáctica Lady Gaga

La cantante impacta en el Palau Sant Jordi fundiendo su excentricidad con los matices de su último disco, 'Joanne'

Jordi Bianciotto

Lady Gaga, en concierto.

Lady Gaga, en concierto. / GETTY IMAGES / KEVIN MAZUR

Después de los trajes de bistec, del disco-metal con castillos de cuento de hadas y de los delirios de grandeza art-pop, llegó la hora de quitarse las máscaras y de escenificar una especie de conversión en persona normal. O algo así. Un giro dramático, un descenso a la realidad, que es un clásico del pop, hay que decir, y que Lady Gaga expresa con un disco, Joanne, más suave y adulto de lo habitual, y una gira que este otoño tuvo que interrumpir por cuestiones de salud.

Una fibromialgia que pone el foco, precisamente ahora, en su condición de mujer de carne y hueso, y que este domingo ha vencido para reencontrarse con sus fans barceloneses en la primera de sus dos citas en el Palau Sant Jordi.

Pero aunque Joanne coquetee con medios tiempos soft-rock y lance guiños country, eso no ha hecho el concierto más aburrido, sino más variado. Lady Gaga luce clásica y con pamela en la portada del disco, pero en directo sigue abonándose al golpe de efecto y al ilusionismo escénico, y ha comenzado el show como una cowgirl con sombrero de purpurina a lomos de Diamond heart, entre estrofas nostálgicas de cuando era "joven y salvaje" (y alusiones a aquella violación: "un gilipollas me destrozó y arruinó mi inocencia"). Canción con coautoría del Josh Homme (Queens of the Stone Age), de tacto rock convencional, lo cual, quizá, en el mundo gaga, sea el mejor modo de ser estrafalario.

Ecos glam-rock

Escenario desnudo, con una larga plataforma móvil que se ha ido llenando de bailarines a medida que la cantante acudía al glam-rock en A-Yo y se sacaba de la chistera el hito Poker face. En Perfect illusion, retorno al nuevo disco, que ha repasado casi por completo, su voz ha descarrilado en algunas curvas, síntoma, habrá que entender, de que cantaba en directo. Ha preguntado a los asistentes si la habían visto antes en directo y ha celebrado, tomándose ciertas libertades, que hubiera "un montón de pequeños monstruos por aquí".

Tras un John Wayne aparatoso y rodeado de llamaradas, el nuevo material ha sido relegado por canciones más eficaces, como la latino-jamaicana Alejandro y un bloque álgido con Just dance, LoveGame Telephone. La estrella, portando un keytar, ese teclado que se toca como una guitarra y que tan ochentero resulta, rodeada de una tropa de pajes de fantasía.

Vainas del más allá

Poco a poco hemos ido descubriendo el porqué de las tres extrañas estructuras que pendían sobre la pista cual vainas de La invasión de los ultracuerpos: de su interior han descendido unas pantallas de vídeo ovaladas y unas pasarelas a través de las cuales la señorita Germanotta se ha desplazado grácilmente, haciendo ondear su falda blanca de can-can, entre los tres pequeños escenarios alternativos durante la interpretación de Born this way. Sí, explicar un concierto de Lady Gaga es cada año un poco más complicado.

Pero antes de eso, la cantante ha disfrutado de su clásico momento melodramático al piano, con el pop bonito, un poco cursi, de Come to mama y un The edge of glory que ha dedicado a Barcelona, por "la tragedia vivida, los tiempos difíciles y los retos que deben afrontar". Ha expresado sus "condolencias, de todo corazón" y más adelante volvió a ello cuando recordó «la tragedia de Barcelona: te amo, te amo te amo", ha repetido en castellano.

Cantar y hablar

A estas alturas de la noche, Lady Gaga dedicaba ya tanto tiempo a cantar como a hablar. "¿Cuántos miembros de la comunidad LGTB hay por aquí? ¿Cuántos no lo son? No importa, amamos a todo el mundo". Paparazzi, con colores rojizos, y la diva, suspendida en las alturas del Sant Jordi en Angel down, en una escena de ensueño, antes de afrontar la canción central del nuevo disco.

Ha recordado que Joanne debe su nombre a su tía, que murió de una rara enfermedad 12 años antes de que ella naciera. "Este es un disco sobre la familia. Me gusta ser impredecible, pero no he hecho el disco por eso. Lo he hecho porque tenía que hacerlo, porque tenía algo sincero que contar", ha asegurado rumbo al subidón de Bad romance, seguido de su defensa del amor redentor en The cure y del fundido con la reflexiva Million reasons.

Lady Gaga, camino de la madurez, más o menos, y dejando la decisión de romper con su perfil numerero y freaky para más adelante.