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LO QUE NUNCA SE VE

'Ciència i caritat' exhibe "las cocinas del Picasso"

El museo restaura la gran tela del genio en las salas para que el público aprecie el proceso

Natàlia Farré

Una restauradora trabajando sobre Ciència i caritat, el lunes en las salas del Museu Picasso.

Una restauradora trabajando sobre Ciència i caritat, el lunes en las salas del Museu Picasso. / ALBERT BERTRAN

José Ruiz Blasco lo tenía claro; quería que su hijo llegara adonde él no había podido: al éxito pictórico. Así que decidió dotar al niño, que no era otro que Pablo Ruiz Picasso, de una sólida formación académica que le permitiera alcanzar lo más alto. Y eso en aquel momento, a finales del siglo XIX, pasaba también por triunfar en las exposiciones nacionales. De manera que, una vez matriculado en la Llotja y en el estudio de José Garnelo Alda, lo suyo era concursar. Padre e hijo decidieron presentar una obra en la Exposición General del Bellas Artes de 1897, en Madrid. 

Uno de los retos es hacer visible la firma de la que se considera la obra maestra de la primera etapa del malagueño

El tema escogido fue el que estaba en boga en la época: el realismo social. Y la tela pintada, 'Ciència i caritat' (1897). Un cuadro que se mueve entre lo "espectacular" y la "obra maestra de primera etapa", a juicio de Emmanuel Guigon, director del Museu Picasso. Y un cuadro que representa el final del academicismo en la trayectoria del genio que por entonces contaba con solo 16 años. 

La tela tuvo premio: una mención honorífica; y también mucho movimiento. Picasso la pintó en un pequeño taller de la calle de la Plata, de donde el lienzo salió probablemente enrollado. No se sabe en qué condiciones viajó a Madrid y luego a Málaga. Sí es conocido que desde 1918 (año en que regresó a la casa familiar del paseo de Gràcia) hasta 1970 (cuando Picasso la donó a su museo barcelonés) estuvo colgada directamente en la pared, sin bastidor ni nada. Como si se tratara de un tapiz. Lo que hizo que su primera restauración, en 1970, fuera casi una cuestión de supervivencia. 

Ahora llega la segunda. "El objetivo no es estético sino científico. Se trata de consolidar la pieza y poder ahondar en el estudio que se hizo en el 2010", sostiene Reyes Jiménez, su responsable. Se eliminarán todos los barnices y materiales añadidos en 1970; se eliminarán los repintes; se asentará la tela y se limpiará. Y todo ello se hará 'in situ'. En las salas del museo. Exactamente en el mismo punto donde luce habitualmente: la Sala 3. Para llevarlo a término se ha descolgado el cuadro y se le ha quitado el bastidor. Una pequeña cinta marca el perímetro de actuación de los restauradores. El resto sigue siendo espacio patrimonio de los visitantes. 

Dudas y facilidades

El porqué de trabajar tan abiertamente lo desvela el director: "Es atractivo para el público ver las cocinas privadas del museo". De hecho, es una manera de evidenciar aquellas tareas que todo centro hace y que nunca lucen, y es una forma de no privar al visitante de una de las piezas más importantes de la pinacoteca. Sí estará un tiempo fuera de la sala, en enero, cuando se traslade al taller para fijarla; luego volverá a su lugar habitual para acabar la restauración a la vista. 

Todo lo hecho hasta ahora, entre otras cosas una gigafoto del cuadro (o sea, tomar miles de imágenes en alta resolución con luz visible, violeta e infrarroja), ha permitido averiguar detalles de cómo ejecutó Picasso la pieza: los 'pentimenti' (la mano del médico estuvo más elevada al principio que la final);  los cambios (los trabajos preparatorios muestran que no había intención de incluir un cubrecama), y las dudas y facilidades del genio, que por entonces aún no era tan genio aunque ya apuntaba maneras. Por ejemplo, la cara del médico (en realidad, la de su padre) no le dio problemas, cosa que sí pasó con la de la enferma: los estudios demuestran un montón de capas de pintura, ergo, no lo tuvo fácil.

Desmintiendo mitos  

También se han podido desmentir muchos mitos. Picasso no pintó el cuadro en dos semanas, como se dice. Es imposible porque el blanco plomo utilizado necesita mucho tiempo para secarse, y es evidente que el lienzo no llegó a Madrid húmedo. Aunque lo que tiene más intrigado a los técnicos es la firma. Está, y es grande, mide entre 20 y 30 centímetros, pero no se ve. La idea es recuperarla pero no está claro que sea posible. Más cosas: la monja es en realidad un modelo masculino cuyo hábito, dice la tradición oral, lo prestó una religiosa amiga.

'Ciència i caritat' acabará su restauracion en mayo. Y en otoño viajará a París para le exposición Chefs-d’oeuvre. Será la segunda vez que salga del museo, después de abandonarlo en 1980 para participar en la gran retrospectiva que el Moma dedicó a Picasso. 

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